Las ruinas son la acción de la entropía; el reciclaje natural de materiales dentro de los ciclos de nutrientes y minerales. Los edificios y los jardines, luego de ser abandonados, se convierten en ruinas, baldíos, sitios eriazos.  Sin embargo, estos lugares no están verdaderamente abandonados. Son fuente de conocimiento y belleza, y el hogar secreto de otros urbanitas no humanos.

Sin duda, las ruinas nos fascinan. Incluso, a veces preferimos el monumento desintegrado, al monumento bien preservado. Este fenómeno puede tener relación con la mezcla impredecible entre naturaleza y cultura, que parece contradecir nuestro prejuicio (eurocéntrico) que esas dos categorías son opuestas. Como lo dice Michel Makarius en su libro Ruinas: Representaciones en el arte de la Renacimiento a nuestro tiempo, “Cuando descubrimos el desorden de monumentos hundidos donde la hiedra y la mora se mezclan con las piedras quebradas, y el árbol, el cerro, y el cielo son enmarcados por los huecos de murallas maltrechas, parece que un sutil perfume flota en el aire, propagado por el espíritu del lugar. A partir de ahora, las ruinas murmuran algo que va más allá de nuestra condición de mortales. Para la pérdida de la unidad y la integridad de que son sintomáticas, las ruinas refractan el imagen del mundo contemporáneo… ”.

©Meredith Root-Bernstein

El historiador estima que las ruinas fueron consideradas durante el Renacimiento como fuentes de conocimiento erudito. Ello por el desarrollo de la analogía entre las ruinas y los libros antiguos que se recopilaron, tradujeron e imprimieron en aquella época. Lo que se aprendió de las ruinas fueron lecciones sobre la brevedad y vanidad de los éxitos y las glorias humanas, contrastado con el eterno retorno de la naturaleza. Esa fascinación por lo erudito de las ruinas se tradujo en la creación de “ruinas falsas” en parques privados y públicos, como las del Parque Santa Lucía en Santiago. Sin embargo, la lectura que podemos realizar de las ruinas cambia con la cultura y el tiempo.

Hoy, en las grandes ciudades del mundo, cuando vemos ruinas, sitios eriazos, infraestructuras industriales abandonadas, o baldíos urbanos, es más probable que pensemos en la creación de nuevos modelos de convivencia urbana y las posibilidades de coexistencia entre la naturaleza y los ciudadanos. Es más y más frecuente, y aceptado, que los edificios vacíos y los sitios eriazos sean apropiados por asociaciones voluntarias para desarrollar comunidades de solidaridad social, talleres artísticos, y jardines o cultivos urbanos.

Muchas veces, estas actividades toman forma durante el período entre el abandono y posterior rehabilitación del edificio o espacio ocupado. A veces, los siguientes proyectos de renuevo urbano son lindos proyectos que valorizan el lugar, su comunidad y su historia, pero muy frecuentemente son diseñados para generar exclusivamente valor económico.  En un proceso conocido como gentrificación, estas inversiones enriquecen a inmobiliarias e inversores, al mismo tiempo que desplazan a las comunidades locales que transformaron lugares abandonados en sitios con sentido. Así, un espacio aparentemente vacío, puede convertirse en un lugar de gran valor comunitario, y luego volver a perder su valor comunal, en tan solo un par de años. Vemos de este modo la naturaleza fugaz de las creaciones humanas.

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Pero sobre todo no debemos olvidar las comunidades de plantas y animales, hongos y líquenes que hacen de ruinas y baldíos sus hogares, antes de que sean re-colonizados por humanos.  En el Reino Unido se han estudiado estas comunidades, y se ha descubierto que muchos invertebrados raros y en peligro de extinción se encuentran en baldíos, los cuales funcionan como refugios. Estos invertebrados han huido de la “naturaleza”, o sea, los paisajes rurales, debido a la agricultura.

Curiosamente, ahora sobreviven en sitios industriales abandonados de grandes ciudades. De hecho, en el Reino Unido, algunos proyectos de compensación ecológica del impacto de la remodelación urbana, pueden incluir la creación de nuevos baldíos urbanos. Es como diseñar paisajes con ruinas falsas, pero ahora para reproducir otro tipo de conocimiento—no el conocimiento erudito de filosofía y historia, pero el conocimiento biológico.

La verdad es que estos sitios no solamente albergan a invertebrados amenazados, pero también son lugares para tejer y proteger relaciones entre los humanos y su entorno natural. Son lugares donde se aprende sobre el flujo y el cambio en la naturaleza, su inquietud inherente.

Como dice la guía Historia Natural de Terrenos Baldíos de la serie de Guías de la Historia Natural de California, “El cambio es uno de los fenómenos más obvios en sitios perturbados…”. O como dice la Guía de Baldíos del Valle de Lea (sitios que serían después desarrollados para los Juegos Olímpicos en Londres), “El Valle de Lea fue una vez un centro industrial; por el momento alberga baldíos… porque han estado abandonados, los procesos naturales de descomposición, de entropía—los procesos que afectan todo lugar, pero que están ocultos en el resto de la ciudad—puede ser observados.  Son lugares de en medio, donde casi todo es posible, donde el tiempo parece haber parado”.

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Las especies más adaptadas a estos hábitats son plantas ruderales, o sea, plantas adaptadas a perturbaciones y etapas tempranas de la sucesión de especies, y animales similarmente adaptados. Es importante acordarse que las perturbaciones—tales como el fuego, la caída de árboles por el viento, la erosión, el derrumbe de rocas, el pisoteo del suelo, la herbivoría, etc.— son todas procesos naturales que pueden ocurrir en intensidades bajas, medianas o altas, con diferentes efectos ecológicos.

Un baldío urbano puede parecerse a un hábitat natural muy perturbado o degradado, debido, por ejemplo, a los superficies dura del cemento, los suelos expuestos, o la falta de una dosel de árboles. La sucesión es el proceso por el cual se forman nuevas comunidades de especies, de la mano con la perturbación, a través el tiempo. Por ejemplo, un suelo y una nueva comunidad de especies puede formarse después de una erupción volcánica o un cambio del nivel de mar. Estos cambios son posibles debido a la capacidad que plantas, animales y hongos tienen de alterar su propio hábitat, lo cual crea nuevos nichos para otras especies.

Estos organismos son conocidos como “ingenieros ecosistémicos”, cuando hablamos de ecología, y “constructores de nichos” cuando hablamos de evolución. Por ejemplo, los árboles crean zonas con sombra, lo que otras plantas y animales necesitan para sobrevivir en ambientes secos y calientes—como sitios eriazos urbanos. Además, con su hojarasca ayudan en la formación de suelo. Los mismos procesos, que dan origen y renuevan ecosistemas en la naturaleza más remota, pasan continuamente en baldíos urbanos.

Conociendo los baldíos—grandes o pequeños— de nuestras ciudades hará de nosotros expertos en las primeras etapas de sucesión, y en las relaciones humano-naturaleza.  Las plantas que puedes ver en tu baldío más cercano son plantas probablemente muy familiares, pero tal vez nunca has pensado “¿cómo se llama eso?”, “¿qué hace aquí?”, “¿qué indica su presencia?”.  Recientemente, tuve el agrado de descubrir una guía para las plantas de baldíos urbanos de Francia, donde vivo.

El libro, Flora de baldíos urbanos de Audrey Muratet, Myr Muratet, y Marie Pellaton, es un libro muy bello publicado por la editorial Xavier Barral, conocida por sus libros de arte.  Además de claves de identificación, y páginas con fotos organizadas por familia, tiene dos secciones que me encantaron: “las plantas en invierno” y “los hábitats típicos” de baldíos con sus plantas típicas. Esta tipología de hábitats facilita que el explorador de baldíos pueda interpretar donde está: ¿El baldío fue abandonado hace mucho tiempo?, ¿hay evidencias de uso continuo que afectan la sucesión de comunidades?, ¿cuáles son las plantas y animales que tienen acceso y llegan acá?

Con esta información, el explorador puede anticipar las especies de planta que es posible encontrar y su significado. Por ejemplo, ciertas plantas pueden adaptarse a la contaminación industrial del suelo. Otras están adaptadas a altas concentraciones de nitrógeno (de la orina, por ejemplo).  Árboles frutales indican que alguien pasó una vez comiendo alguna fruta. Hay muchas historias que se puede contar.  Pero además, con una guía de historia natural, se aprende de otras historias secretas que dan ganas de ser observadas: aprendí, por ejemplo, que la abeja salvaje Anthidium punctatum utiliza la pelusa de las hojas de Verbascum lychnitis para construir su nido.  Si veo un Verbascum lychnitis que carece de pelusas en sus hojas, voy a saber qué le pasó, y quién está disfrutando de la pelusa.  Rápidamente me di cuenta de todas las historias naturales que albergan los lugares que antes no me dieron tanta curiosidad.

Por otra parte, en invierno, en una ciudad, es fácil pensar que la naturaleza ya no existe, porque no hay nada de verde.  Pero allí está, si puedes reconocerla en sus diversos tonos de color café, negro, amarillo, o rojizo.  Cuando fui con mi nueva copia de Flora de baldíos urbanos a un parque en una antigua linea ferroviaria de París, era invierno, y no sabía si iba a poder reconocer alguna especie, porque no soy botánica y a veces me cuesta identificar flores en primavera.

Al principio vi unas lindas flores secas color caramelo. Se parecían mucho a Achillea millefolium en la sección “plantas en invierno”, pero la planta era algo distinta, y me entró la duda. Luego me acerqué a un tallo velloso y alto de color café con leche y cubierto de flores secas y pequeñas hojas. Recordé vagamente que las flores eran amarillas pálidas. La identifiqué tentativamente como Verbascum lychnitis (la de la abeja salvaje), pero tampoco estaba convencida. Entonces continué caminando por el parque ferroviario, hasta encontrar (ya con mucho frío) una flor amarilla.

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Al acercarme, me di cuenta que poseía el mismo tipo de tallo alto y velloso de color café con leche. La flor me confirmó su identidad. Regresando hacia la entrada, busqué las flores secas color caramelo. Mirándolas otra vez, me enfoqué en sus hojas delicadas, arrolladas y pinadas, y me convencí que era una Achillea millefolium. En primavera, las flores serían blancas o color lavanda.

Lo que me encanta en la sección de la guía “plantas en invierno” es que el fotógrafo, Myr Muratet, normalmente es fotógrafo de personas y no de plantas. Captura a las plantas en sus entornos, en sus enterezas.  Me parece que las fotos comunican la esencia, el carácter, y la forma de cada especie. No es una tarea fácil, dada la variación intraespecífica de la morfología de plantas. Me parece que el ojo del fotógrafo para el humano en su entorno le ha dado una visión distinta de las plantas, cómo si tuvieran personalidades y relaciones sociales. Pero, como me di cuenta en el parque, no es como si tuvieran, es que sí tienen. Con solo un poco de atención, toda la belleza de las invisibles especies urbanas se presenta a nosotros; cada planta es una forma de conocimiento, pero también una forma de conocido.

En otra ocasión, pasando por Massachussetts en EE.UU., me fui a caminar por la ciudad. Era invierno y caminé junto a un río que atravesaba un bosque, el cual se encontraba en un estado muy natural y no intervenido, lo cual me encantó. De repente, se terminó el camino por el bosque y seguí caminando por la ciudad, en una zona residencial. Me topé con un estacionamiento antiguo y abandonado. No sé porque había un estacionamiento allí, no había ningún edificio que lo necesitara, solo una pequeña y solitaria construcción. En el ex-estacionamiento, los arbustos con frutos rojos (tal vez Aronia arbutifolia) y el zumaque habían abierto sus propios caminos de propagación a través del asfalto, mientras las plantas más pequeñas formaban accidentes geográficos de hojarasca. No podía no entrar en el estacionamiento.

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Mis movimientos y los movimientos de las hojas fueron guiados por la formación del proto-suelo. Las enredaderas me impresionaron con su exuberante crecimiento. Se enredaron en los zumaques, y cuando no podían encontrar más arbustos, se enredaron entre ellas. Este estacionamiento formaba un maravilloso ecosistema urbano. Y en él se desarrollaba una gran historia de intrigas, amores y escándalos vegetales.

Hay muy pocos estudios sobre la biodiversidad en sitios eriazos en Centro y Sudamérica.  Tampoco conozco una guía de la historia natural de baldíos urbanos para Chile.  Sería un lindo proyecto, al cual todo el mundo podría aportar.

Referencias

Michel Makarius (2011).  Ruines: Représentations dans l’art de la Renaissance à nos jours.  Flammarion, Paris, Francia.

Lara Almarcegui (2009).  Guide to the Wastelands of the Lea Valley.  Barbican Art Gallery, Londres, Reino Unido.

Matthew F. Vessel & Herbert H. Wong (1987). Natural History of Vacant Lots. University of California Press, Berkeley, EEUU.

 

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