Si pensamos en las fronteras de los países, podríamos decir que se tratan de líneas imaginarias trazadas por el ser humano sobre un trozo de papel; un mapa; una abstracción. En este sentido, podríamos pensar que los otros animales que comparten el planeta con nosotros no entienden nada de estos limites políticos, no obstante puede ser que entiendan mucho más de lo que pensábamos. Las decisiones que toman los líderes de nuestros países entre cuatro paredes, determina lo que sucede con el hábitat de todos; y los otros, allí donde generalmente no podemos verlos, sufren o se benefician de esa sucesión de repercusiones que en cadena llegan hasta ellos. Luego, toman sus propias decisiones, en pos de su supervivencia.

El año 2016 se publicó el gran censo de los elefantes en África, la primera medida estandarizada acerca del elefante de la sabana a nivel continental. Los resultados estipularon que la población de elefantes cayó en un 30% entre los años 2007 y 2014, y que la causa principal de esto era la caza furtiva. No obstante, en Botsuana la población de elefantes solo ha ido en aumento, tanto así que hoy ostenta un tercio de la población total de elefantes de todo el continente.

Elefantes caminando a través de una planicie, Amboseli (2008). La matriarca que lidera la marcha fue asesinada por cazadores furtivos en 2009 ©Nick Brandt

Asilo político

¿Cómo ha sucedido esto? Por una parte Botsuana ha aplicado leyes estrictas contra la caza ilegal de este gran mamífero terrestre, por lo que los elefantes originarios de este país no han visto la reducción de su población. Pero esto no es lo más sorprendente de esta historia; según la revista Quartz, manadas de elefantes de los países aledaños, como Zimbabue, Zambia y Namibia, están migrando a Botsuana porque saben —o les han contado— que ahí, a diferencia de los lugares donde ellos se encuentran, los parques de Botsuana sí ofrecen seguridad. Según Mark Hiley, cofundador de la organización sin fines de lucro National Park Rescue, “La migración sistemática de los elefantes a Botsuana está vinculada a su supervivencia como especie”.

Elefantes bebiendo agua de un charco, Mashatu, Botsuana ©Chris McLennan

Cómo se están comunicando para pasarse esta información aún no está claro, pero si consideramos que dentro de las maneras que tienen los elefantes para comunicarse, se encuentran las vibraciones sísmicas, que pueden transmitir mensajes hasta a 10 kilómetros de distancia, quizás podríamos pensar que la tierra se está remeciendo con cientos de estos llamados de auxilio y promesas de asilo.

Comunicación para la supervivencia

Cada vez son más los científicos interesados en estudiar la manera en que los elefantes se comunican (entre individuos, manadas y generaciones) respecto de las amenazas que los asechan día a día. Estos expertos buscan entender cómo esta comunicación está alterando sus estrategias de supervivencia y sus patrones de conducta.

Investigadores de la universidad de Twente junto con la ONG Save the Elephant, realizaron un estudio acerca de los patrones de migración de los elefantes, y descubrieron que algunas manadas de la región sub-Sahara han comenzado a viajar de noche. Esto es algo muy poco característico para los elefantes, pero responde directamente a la necesidad de protegerse de los cazadores ilegales, ya que estos operan con mayor frecuencia durante el día.

Familia de elefantes africanos desplazándose al anochecer en la Reserva Nacional de Samburu, Kenia ©James Warwick

Otra investigación, realizada por Elephant Voices, estudió a la población de elefantes de Mozambique, país que a finales del siglo XX cayó en una extensa guerra civil, la que tuvo como consecuencia la desaparición del 90% de los elefantes, debido a que su marfil era vendido a cambio de armas y amuniciones. Los resultados demostraron que hoy, a veinticinco años de finalizar el conflicto, los elefantes siguen muy temerosos de los seres humanos. El miedo es perpetuado en la manada por las hembras de mayor edad, quienes enseñan a los elefantes juveniles a reaccionar de esta manera ante la presencia de personas. Esta conducta es particular a los elefantes de Mozambique, y no necesariamente es compartida por otras manadas de elefantes africanos, que no comparten una historia tan sangrienta.

Un miembro del Servicio de Conservación de la Flora y Fauna de Kenia (KWS) vigila una pira de 15 toneladas de marfil, obtenido de la caza ilegal de elefantes, antes de quemarla ©EFE/Archivo

Un tercer trabajo, realizado en el parque nacional Amboseli en Kenia, demostró como los elefantes son capaces de reconocer los idiomas utilizados por los distintos grupos humanos para medir el grado de peligro que les representan. Estos elefantes han mostrado la habilidad de distinguir entre el dialecto utilizado por los guerreros Massai (una tribu potencialmente peligrosa para ellos) de el de otras tribus que no representan ninguna amenaza. La importancia de reconocer entre distintas etnias parece ser una preocupación esencial para este gran mamífero, ya que más de uno de sus sentidos se desarrolló con este propósito. La investigadora Lucy Bates demostró que los elefantes pueden reconocer a los guerreros Massai valiéndose de su olfato, ya que huyen de cualquier persona que lleve una polera previamente utilizada por alguien de esta etnia.

Con el avance de la tecnología, la posibilidad de dar cuenta de los matices de la comunicación entre elefantes se ha vuelto de enorme interés para varios científicos. Joyce Poole de Elephant Voices, cuenta a la revista Quartz que le entusiasma la idea de, por ejemplo, poder reconocer los distintos llamados de alerta de elefantes. Piensa que, como el humano es uno de los pocos depredadores que tiene este gran mamífero terrestre, debe haber algún llamado específico para designarnos, solo falta descubrir cual es.

Grupo de elefantes “conversando” entre ellos ©Elephants Forever

Comunicación en todos los sentidos

No es difícil olvidar que el mundo tal cual lo percibimos existe solo desde los ojos de nuestra especie, permanentemente mediado por nuestros sentidos y limitados por los parámetros de estos. Muchas veces, estudiar la comunicación de otros animales es desafiante precisamente por ello, porque demanda recordar a cada instante que la comunicación puede estar sucediendo de una manera completamente distinta.

Hasta lo que sabemos, los elefantes se comunican a través de cinco vías: acústica, visual, táctil, química y sísmica; diversidad que de por sí da cuenta de la complejidad de su expresión. En cuanto a la comunicación acústica, los elefantes producen diversos tipos de sonidos, que van desde un retumbo de frecuencia muy baja (ocho octavas debajo de la voz de un hombre adulto), hasta gritos agudos de frecuencia muy alta, pasando por ladridos, rugidos y resoplidos. El sorprendente registro de los elefantes (de cuatro a hasta diez octavas) está dado por los 7.5 cm de su laringe, es decir del espacio que contiene sus cuerdas vocales, y las posibilidades de movimiento de todo su sistema sonoro. En la página de Elephant Voices se pueden explorar grabaciones de estos múltiples sonidos.

Familia de elefantes caminando unos cerca de otros con una cría en medio en el Parque nacional de Amboseli, Kenia @Federico Veronesi

Los gestos son la herramienta primordial para la comunicación visual, donde los elefantes utilizan cada parte de su cuerpo para transmitir su mensaje. Un gesto de amenaza, como el de doblar la oreja hacia atrás, puede ser visto por otro elefante hasta a 50 metros de distancia, a pesar de que su visión no es su sentido más desarrollado. Por el contrario, su sentido del olfato es excepcional, los elefantes tienen aproximadamente 2.000 genes dedicados al olfato, esto es el doble que los perros y cinco veces más que los humanos. Como los olores, a diferencia de los sonidos y los gestos visuales, perduran en el tiempo, el refinamiento de este sentido es muy útil a la hora de dar cuanta de la ubicación de cada uno de los miembros de la manada.

Debido a su gruesa piel, podríamos pensar que no son animales especialmente táctiles, pero nada es menos cierto, gran parte de la socialización dentro de la manada tiene que ver con el contacto físico; además, el tejido que se encuentra en la punta de su trompa es uno de los más sensibles jamás estudiados, y pude dar cuenta de grietas de hasta 0,25 mm de espesor. Es este mismo tejido, compuesto por células llamadas “corpúsculos de Pacini“, el que determina su sentido sísmico (junto a la conducción ósea), ya que a través de su trompa y los dedos de sus pies son capaces de percibir vibraciones lejanas y determinar la dirección de su proveniencia.

Cuando una madre elefante está dando a luz, todos las otras hembras se forman alrededor de ella, cerrando filas para proteger a la madre y su recién nacido durante el parto ©David Yarrow

Investigar la comunicación de los elefantes no es sencillo, ya que requiere de cierta cercanía con las manadas, lo que se hace difícil y potencialmente peligroso, en los casos donde los grupos se han vuelto más agresivos hacia los humanos a causa de su historia.

Los descubrimientos relatados en este artículo son solo el comienzo de nuevos hallazgos acerca de su comunicación, que nos abren una ventana para mirar su fascinante mundo interior, que evoluciona cada día respondiendo a su contexto.

Hoy, con las amenazas propias de la caza furtiva y la desaparición de su hábitat, los elefantes buscan nuevas estrategias de supervivencia y se ayudan unos a otros en el camino.

Elefantes en camino hacia algún lugar ©Johan Elzenga

Foto de portada: familias de elefantes ©Nick Brandt