En los últimos años la Reserva Altos de Cantillana se ha posicionado como un lugar para la fotografía de naturaleza, recibiendo frecuentes visitas de fotógrafos que buscan retratar la naturaleza del lugar. Una de estas salidas autoguiadas tuvo como resultado la destrucción de un  delicado sitio de monitoreo a largo plazo. El siguiente artículo, escrito por la educadora ambiental Ximena Romero, reflexiona sobre el impacto que la fotografía puede llegar a tener en el bienestar de otras especies.

Una de las salidas imperdibles para los visitantes de la Reserva Altos de Cantillana, es recorrer el Bosque Patagual en la temporada otoño-invierno, uno de los lugares que concentra una gran cantidad de especies fúngicas que, debido a su variedad de formas y colores, han atraído especial atención. Durante el mes de julio algunos grupos de fotógrafos organizados por empresas comenzaron a visitar el bosque con el objetivo de aprender técnicas de fotografía macro teniendo como principal foco para sus trabajos el retratar hongos.

©Ximena Romero

En estas instancias las empresas van acompañadas por un guía de la reserva. Las primeras experiencias de este tipo fueron complejas, pues el querer las mejores fotografías muchas veces conllevó a dañar el hábitat de la especie, a pisar plántulas u otros hongos y en muchos casos a destruir lo que se quería fotografiar.

En el fondo todos los fotógrafos disfrutan de la naturaleza, pero muchas veces no ven como su actividad va deteriorando los espacios que utilizan. Por ejemplo, recientemente un grupo de fotógrafos quienes visitaban la reserva, se salieron del sendero, pisoteando un área de muestreo a largo plazo, despedazando una comunidad de Mycena cyanocephala y pisoteando otras especies de hongos que se habían dejado ahí para que se terminaran de desarrollar y colectar para su estudio.

Cuando fuimos a ver el lugar, la comunidad de hongos estaba fragmentada en pequeños grupos colocados de la mejor forma para la foto. Unos metros más allá troncos dado vueltas que mostraban el mejor ángulo, otros metros más allá aproximadamente unos seis hongos diferentes sacados de sus sustratos y puestos sobre un tronco para ser fotografiados. Lamentablemente se destruyeron varios micro hábitat de un ecosistema que tiene cada vez menor capacidad de recuperación.

Desde esta perspectiva, poco a poco el hongo se comienza a ver como un objeto fotográfico y no como un ser vivo y se comienzan a normalizar una serie de malas prácticas.

Por lo tanto, como educadora ambiental, y a partir del respeto y reconocimiento del valor intrínseco que tiene cada criatura viva, realizo tres pequeñas recomendaciones para los fotógrafos de naturaleza:

  • Evitar salir de los senderos compactando áreas frágiles
  • Prevenir pisar plantas y hongos
  • Procurar no arrancar el hongo de su hábitat solo para tener un plano “más bonito”
  • En caso de mover algún tronco, dejarlo tal y como estaba

Las fotografías son fundamentales para revelar la importancia de especies, para sensibilizar y para educar, probablemente ningún fotógrafo de naturaleza tiene la intención de causar este daño, pero lo cierto es que sucede, la pregunta es ¿qué estamos sacrificando por la fotografía perfecta? ¿Cuánto se está dañando por obtener el mejor ángulo?

La invitación es a pensar dónde y cómo se están sacando las fotos, es fundamental replantearse esto para que las pequeñas maravillas del bosque sigan con su ciclo natural y todos puedan disfrutarlas tal y como son.

©Bastian Gygli

*Fotografía de portada: ©Ximena Romero