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Imaginando futuros sostenibles a través del Diseño

Por Catalina Hepp y Josefina Carvalho

Vivimos rodeados de productos y servicios hechos a nuestra medida. Aplicaciones que monitorean nuestra salud, reproductores de música inteligentes que eligen lo que escuchamos, y sistemas de delivery que nos traen el café donde quiera que estemos. Estos productos y servicios han sido formulados desde una perspectiva de diseño centrado en los usuarios (o en las personas) y nos entregan grandes experiencias como consumidores, sin embargo, es importante preguntarnos: ¿A qué costo? ¿Cómo estos beneficios individuales se traducen en impacto social o medioambiental?

Es urgente repensar el diseño de una forma que integre a los ecosistemas y los diferentes actores humanos y no humanos que los conforman.

El diseño centrado en las personas puede tener muy buenas intenciones pero, al mismo tiempo, generar impactos negativos y hasta desastrosos si es que no entendemos bien el contexto en el cual nos estamos insertando. Un ejemplo es el de Airbnb, una plataforma diseñada para turistas en busca de experiencias locales y personas con espacio extra en sus hogares. Si bien esta aplicación fue muy bien recibida en casi todo el mundo, a medida que la plataforma se expandió empezó a generar aumentos gigantescos en los precios de arriendo de ciertos barrios, especialmente en las capitales turísticas, limitando a muchas familias el acceso a vivienda. Se estima que en Nueva York la llegada de Airbnb significó un aumento de $400 dólares en la renta promedio. (Economic Policy Institute, 2019). Otro ejemplo son los servicios de reparto a domicilio, los cuales entregan comodidad y conveniencia a sus usuarios, pero han sido criticados por sus nulas o débiles políticas laborales de cara a sus empleados y su uso excesivo de packaging desechable y contaminante (New York Times, 2019).

Las tierras colaborativas permiten también explorar nuevas semillas y granos, rescatando especies nativas y fomentando mayor diversidad de cultivos. Créditos: https://www.gothelneyfarmer.co.uk/

En ambos casos podríamos asumir que ninguno de estos servicios y plataformas fue diseñado con una mala intención, sino más bien desde una falta de conocimiento de los sistemas y relaciones en las cuales intervienen. Existe una miopía respecto al alcance que tiene un producto o servicio, que hace que se tomen en cuenta sólo los efectos inmediatos y a los usuarios directos. Es necesario, por lo tanto, ampliar nuestra mirada y repensar el alcance y la escala que empleamos al diseñar, extendiendo el enfoque centrado en las personas a uno que abarque e integre los ecosistema sociales y ambientales que los rodean y conectan. También necesitamos revisar el rol ético que tiene el diseño y su responsabilidad en –y con– los sistemas que interviene, ya no solo desde lo individual, sino también desde las comunidades y el entorno.

Las recientes crisis sociales, sanitarias, climáticas y económicas nos han demostrado que vivimos en un mundo cambiante, interconectado e interdependiente, el cual hemos alterado hasta poner en riesgo la existencia de todos sus habitantes. Es necesario adaptarse y buscar nuevas soluciones.

Ante esto, algunos teóricos han repensando la forma en la cual los diseñadores se hacen cargo de los problemas complejos como lo es el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, el crimen, la pobreza, la contaminación, entre otros. Existen actualmente dos perspectivas que han llamado la atención en relación a resolver este tipo de problemas. La primera es el diseño para las transiciones, de la Universidad Carnegie Mellon, con un marco de trabajo impulsado por la académica y diseñadora Terry Irwin. El segundo enfoque es el del life centered design (diseño centrado en la vida), término inspirado por la teoría del escritor e investigador del Royal College of Art, John Thackara. Éste plantea diseñar para todas las formas de vida, no solo para la vida humana. Ambos enfoques proponen que el diseño debe adoptar una nueva perspectiva sistémica que integre a los ecosistemas y los diferentes actores humanos y no humanos que los conforman. Esto significa diseñar en dos niveles: el individual y el colectivo.

En este sentido, estas perspectivas buscan entregar herramientas creativas para que las personas puedan innovar, colaborar e implementar propuestas que nos permitan convivir con el planeta, tomando decisiones que sean más sinérgicas y sostenibles. Proponen también una visión de futuro, analizando los impactos a largo plazo y permitiéndonos ver más allá del efecto inmediato. Se busca así generar una oportunidad de cambiar nuestra relación con el medio ambiente, repensar nuestras relaciones interpersonales y, por qué no, las relaciones entre las personas y la tecnología.

Taller Biomateriales en Fablab Santiago por Valentina Marquez y Carolina Pacheco. Foto por: Antonia Valencia. Más información en: https://www.caropacheco.work/workshops

Si bien algunos teóricos plantean que parte de la solución a estos grandes problemas sería volver a sistemas y soluciones del pasado, por ejemplo las que tenían las sociedades tradicionales y preindustriales que vivían de manera sostenible durante generaciones, existen otras opciones. Hoy podemos complementar los saberes tradicionales con nuevas soluciones que integren los avances tecnológicos y la interconectividad que nos ofrece el mundo de hoy. Esto incluye  conocimientos de soluciones basadas en la naturaleza y los sistemas vivientes, explorando los fenómenos en términos de patrones dinámicos de las relaciones entre los organismos y sus entornos. Principios como autoorganización, emergencia, resiliencia, simbiosis, holarquía e interdependencia, entre otros, pueden servir como puntos de influencia para iniciar y catalizar el cambio dentro de estos sistemas  complejos (Irwin 2015).

Actualmente, existen varias iniciativas que fomentan una mayor sostenibilidad a través de la colaboración y el trabajo sistémico. Un ejemplo son las tierras cooperativas, instancias donde ciudadanos se unen para financiar y apoyar a agricultores pequeños y ecológicos a cambio de alimentos de gran calidad. De esta forma se busca aumentar la disponibilidad de comida orgánica, evitar la precarización laboral en el campo, y mantener los conocimientos tradicionales, mientras que se fomenta una relación social entre los diferentes actores. En este caso no solo se cambia la forma de producir, sino también el modelo que lo sustenta, generando un sistema más resiliente y beneficiosos para todos los involucrados.

Otro ejemplo son los proyectos en la lógica del open source (código abierto), comunidades que han aprovechado la conectividad global para compartir conocimiento de manera libre, colaborativa y retroalimentativa. Así, surgen iniciativas que llaman la atención como Materiom, una biblioteca abierta que promueve la innovación y divulgación de recetas de biomateriales desarrolladas por personas y organizaciones de todo el mundo. Estos son materiales orgánicos y biodegradables que permiten modelos de producción regenerativos y eficientes. Materiom representa una visión holística, ya que aprovecha los conocimientos locales, promueve la colaboración de los diferentes actores e incentiva el uso materiales sostenibles. Además, es capaz de aprender y adaptarse a las necesidades de los usuarios y el medioambiente.

Desde el diseño existe la oportunidad de potenciar y multiplicar estas iniciativas, a través de metodologías y herramientas que permiten guiar procesos para llegar a soluciones que las personas integren y hagan suyas como parte de su cotidianidad y cultura. Ya sea desde el diseño de servicios, el diseño para la innovación social o el diseño para las políticas públicas, estas disciplinas ofrecen métodos útiles para la co-creación y el diseño participativo. Permiten también el trabajo interdisciplinario, indispensable para enfrentar los desafíos complejos y colectivos de hoy, los que exigen implementar múltiples perspectivas para abordarlos desde esta nueva mirada sistémica.

Y si bien no seremos capaces de abarcar todo con nuestras acciones o diseños, debemos saber aprovechar y potenciar las relaciones existentes, reducir los impactos negativos y generar sinergias donde podamos. Solo así podremos empezar a imaginar y crear futuros sostenibles.

Bibliografía

  • John Thackara (2018) Designing for all of life, not just human life. This is HCD Podcast. https://www.thisishcd.com/episodes/32-john-thackara-designing-for-all-of-life-not-just-human-life/
  • Economic Policy Institute. (2019). The economic costs and benefits of Airbnb https://www.epi.org/publication/the-economic-costs-and-benefits-of-airbnb-no-reason-for-local-policymakers-to-let-airbnb-bypass-tax-or-regulatory-obligations/
  • New York Times. (2019). Food Delivery Apps Are Drowning China in Plastic. https://www.nytimes.com/2019/05/28/technology/china-food-delivery-trash.html
  • Fjord (2020) Trends 2020 – Trend 7 Life Centered Design https://trends.fjordnet.com/trends/life-centered-design
  • Irwin, T. (2015). Transition design: A proposal for a new area of design practice, study, and research. Design and Culture,

Sobre las Autoras

Catalina Hepp  es Diseñadora integral titulada de la Pontificia Universidad Católica, actualmente cursando el diplomado “Formulación y evaluación de proyectos con foco en el territorio y la comunidad” del Centro de Políticas Públicas UC. Tiene experiencia en proyectos de innovación vinculados al diseño de servicios y la innovación.

Josefina Carvalho es Licenciada en Diseño de la Pontificia Universidad Católica. Miembro hace 5 años del equipo de la organización ambiental chilena Geute Conservación Sur, lugar donde se desempeña como diseñadora en proyectos, estrategias y comunicaciones. Sus intereses están por el diseño de información, diseño de servicios, su vinculación con la protección del medioambiente y su relación con las personas que lo habitan.

Imagen de portada: Imagen de elaboración propia con fotografías de Álvaro Montaña, Evelyn Pfeiffer y otras de libre uso.

 

 

 

 

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