Estamos regresando a la naturaleza, atraídos por los bosques, el mar, la montaña y sus múltiples habitantes. De la sorpresa inicial damos paso a la curiosidad y nos preguntamos sobre los diversos procesos naturales, ¿por qué? ¿dónde? ¿cómo? Y es así como comprendemos que la naturaleza guarda múltiples secretos. Observar y aprender de ella no es tarea fácil.

Lo que a simple vista parece obvio, puede esconder una enorme complejidad, y sin los conocimientos o métodos adecuados, tratar de entenderlo puede transformarse en una tarea frustrante. A continuación, comparto algunos consejos, desarrollados a partir de mi formación de biólogo y de años visitando los entornos salvajes, que espero sirvan a aquellos exploradores que quieren abrir sus sentidos y plantearse nuevas preguntas sobre la naturaleza.

Una nueva ola de exploración se expande en nuestros entornos naturales. ©Bastian Gygli

El marco ambiental

Hay múltiples formas de aproximarse al desafío de entender un ecosistema y sus habitantes. Muchos factores pueden ser importantes, pero para mí una buena forma está en usar una escala ecosistémica, que va desde los niveles más generales a los más particulares.

Como primer paso nos encontramos con la geografía, la cual define el marco físico de los ecosistemas. El viento, los glaciares, la lluvia y otros procesos erosivos funcionan como escultores y van dando forma a los distintos tipos de roca y suelos. Estos procesos, a lo largo de millones de años, dan forma al relieve, que es la configuración de la superficie con partes que sobresalen más o menos. Aquí tenemos a las montañas y cerros, los valles y quebradas, además de muchos otros componentes.

Sobre esta matriz se sobrepone el clima y el tiempo meteorológico. Estas condiciones son variables y a veces impredecibles, pero aun así mantienen una tendencia en el tiempo que da identidad a un lugar. Por ejemplo, el sur es muy frío y el desierto muy seco.

Al tener claro los conceptos anteriores, seremos capaces de ubicar nuestro marco ambiental, el cual determinará las condiciones en donde se desarrollará la vida. En el hemisferio sur, no es lo mismo vivir en una ladera norte, expuesta al sol, que en la ladera sur, al cobijo de la sombra. No es lo mismo vivir en una estepa azotada por el viento que en una quebrada húmeda y guarecida.

En el desierto de Atacama está la quebrada de nacimiento, que muestra las características de su marco ambiental: relieves escarpados en medio del entorno de gran sequedad. ©Bastian Gygli

Los habitantes

Una vez definida la primera capa de información nos encontramos con los habitantes del territorio, algunos móviles y otros sésiles. Entre estos, los inmóviles suelen tener una mayor influencia sobre su entorno. Esto es porque están siempre ahí, por lo tanto, pasan a ser parte del paisaje y comienzan a actuar como la geografía, es decir, generando un marco más rígido para los demás seres. Un ejemplo claro son los bosques, donde un conjunto de árboles define las condiciones para la formación de un ecosistema en particular.

Dentro de estos espacios se mueven los animales, que anteriormente llamamos seres móviles. Su capacidad de desplazarse los hace tremendamente complejos en sus comportamientos, pues pueden cambiar de entorno mucho más fácilmente: si hace calor pueden esconderse, si tienen hambre buscan alimento y si todo cambia pueden migrar.

Para entender ambos tipos de habitantes se deben tener en cuenta hábitos propios de cada organismo en relación a su entorno. Por ejemplo, conocer los horarios de actividad de una lagartija o las preferencias hídricas de una planta nos puede ayudar a encontrarlos con mayor facilidad.

También es fundamental ir generando nuestros propios códigos de observación. Técnicas que para algunas personas pueden resultar útiles no lo son para otras. Es por eso que debemos ir conociendo nuestra propia forma de encontrar y observar organismos, perfeccionando la forma que nos ha sido útil en el pasado. Hay personas sigilosas, otras pacientes y otras estudiosas. Todas estas son vías válidas para mejorar nuestras posibilidades de encontrar un organismo o para aprender de él y su modo de vida.

A continuación, les presento unos consejos para observar y reconocer plantas, hongos y animales en terreno.

Solo viendo los distintos componentes de un ecosistema nos damos cuenta de su enorme complejidad. Imagínate ahora todos estos componentes en constante interacción. ©Cristian Toro 

Observación de la flora

Las plantas son seres inmóviles (o más bien, se mueven a una velocidad que no percibe nuestro apresurado ojo humano), pero no por eso son fáciles de encontrar o identificar, e incluso después de esto se nos abre un abanico de preguntas respecto a sus historias de vida.

Los seres sésiles están íntimamente relacionados con el entorno en el que se encuentran. Una vez germinada una planta no puede cambiar de lugar. Esto hace que estén muy adaptadas a ciertas condiciones, que de no encontrarse limitan su posibilidad de desarrollarse. Organismos como los musgos, que requieren mucha agua, solo crecerán en lugares de abundante humedad. Una lenga (Nothofagus pumilio) en su distribución norte crece como el último árbol del gradiente altitudinal, a grandes alturas, pero en la Patagonia, donde las condiciones a nivel del mar son similares a las de altura en Chile central, la encontraremos muchísimo más abajo.

También debido a su incapacidad de moverse, las plantas han desarrollado una gran plasticidad fenotípica, que corresponde a la capacidad de variar sus características para adaptarse a un medio en particular. Incluso en un mismo árbol es posible observar hojas de mayor tamaño, adaptadas para captar luz de sombra, y hojas más pequeñas, ideales para resistir la exposición más directa al sol. Esto se puede aplicar a todas sus partes, generando una gran variedad dentro de una misma especie. Es por eso que es extremadamente recomendable tratar de identificar características claves, que vayan más allá del tamaño y la forma, que son muy variables. Estas tienen que ser más constantes y no cambiar de individuo a individuo. Un ejemplo muy bueno es la estructura de flor, usualmente muy definida.

Los árboles pueden ser analizados como individuos, pero en su conjunto adquieren una nueva dimensión, dándole vida al concepto de bosque. ©Bastian Gygli

Observación de hongos

A la hora de reconocer y buscar hongos se pueden usar los mismos consejos descritos para las plantas, dado su carácter inmóvil. Aún así, hay cosas que son específicas para estos seres, donde sus modos de vida son especialmente importantes.

Algunas de las estructuras visibles de los hongos que podemos observar son perennes (que no desaparecen), como en el caso de las “orejas de palo” (grupo grande de hongos que descomponen madera), pero muchas otras son pasajeras. Esto es debido que mucho de lo que vemos corresponde a cuerpos fructíferos, estructuras especializadas para propagar esporas. Esto hace que aparezcan en ciertos momentos, usualmente después de las lluvias, cuando las condiciones son propicias para su propagación. Otra cosa importante es la reiteración de la aparición de cuerpos fructíferos. Donde hemos visto una callampa es muy probable que volvamos a verla, pues el hongo filamentoso sigue viviendo en ese lugar y cuando vuelvan a haber condiciones ideales tenderá a volver a salir.

Cuerpos fructíferos creciendo en el suelo del bosque. Este es uno de los diversos modos de vida de los hongos. ©Bastian Gygli

Observación de fauna

Ya sea buscando o por casualidad, muchas veces nos vemos enfrentados a los animales, los más elusivos habitantes de los parajes salvajes. Observarlos es fascinante, pero involucra muchas dificultades.

El concepto clave para ver fauna es “pasar piola”. Si el animal no nota que estamos ahí, no lo molestaremos y podremos ver su comportamiento natural sin la influencia de nuestra presencia. Para esto es ideal poder localizarlo desde una gran distancia, para lo que los binoculares son de gran ayuda, especialmente si estamos activamente buscando. Si llegamos a toparnos con algún animal hay que tratar de mantenerse lo más calmado posible y evitar cualquier cosa que le puede generar estrés o miedo. Si podemos lentamente hacernos parte del entorno, nuestra observación será más provechosa que si el animal está constantemente atento a nuestra presencia.

Para ayudarnos a conseguir esta invisibilidad hay varias cosas útiles que podemos hacer. La vestimenta puede llegar a ser muy importante. Es recomendable camuflarse lo mayor posible con el entorno o al menos evitar colores muy contrastantes. Moverse en silencio y evitar ruidos fuertes, para no llamar la atención. Otro factor que puede ser clave es el olor. Nuestro olfato no es tan desarrollado, pero el de muchos animales lo es, así que recomiendo estar atento al viento y su dirección para evitar que nuestro olor sea llevado al animal. Esto, unido a movimientos lentos y controlados nos ayudará a “pasar piola”.

Si vemos el animal a lo lejos y queremos acercarnos debemos armarnos de paciencia. Acercarse puede ser algo tedioso, pues hay que estar atento a todos los factores mencionados y estos pueden cambiar a medida que avanzamos, por lo que se requiere de constante análisis de la situación. Un consejo útil es tratar facilitar el acercamiento usando las condiciones naturales. Una estrategia es usar el brillo del sol a nuestras espaldas para que el animal no nos pueda mirar directamente sin encandilarse. Esto es especialmente efectivo en los animales que usan la vista como principal sentido.

Todos estos son consejos generales, los cuales pueden variar en importancia dependiendo del animal. Para sacar el mayor provecho a un avistamiento es fundamental conocer al organismo en cuestión, entre más información disponemos, más es la capacidad de tomar buenas decisiones y respetar sus rangos de tolerancia. Si sabemos poco del organismo en cuestión es aconsejable jugar a la defensiva y tener paciencia, que de todos modos suele ser el método más usual para observar animales.

Acercarse a este quetru volador (Tachyeres patachonicus) requirió conocimientos de su comportamiento, además de mucha paciencia para esperar las condiciones ideales. ©Bastian Gygli

Apoyo

Una parte del conocimiento natural ha sido estudiada y mucho de este estudio se ha documentado, encontrándose disponible en textos científicos y en internet. Usar estos conocimientos es muy útil para aprender, ya sea antes o después de un terreno. Hay que preparar conocimientos previos y resolver dudas posteriores.

Otra fuente de saber notable son las guías de campo, libros especializados pensados en resolver dudas en terreno. Existe una enorme variedad de estos, cada vez más comunes y mejor realizados. Hoy por hoy, probablemente existe una guía para cada tipo de naturalista. Te recomiendo buscar los más afines a tus áreas de interés.

Pero dentro de todas estas fuentes de apoyo, conversar con otrass personas que también estén interesadas en el aprendizaje en la naturaleza es probablemente la más poderosa para mejorar nuestra comprensión del entorno. Compartir las inquietudes hará el proceso más eficiente, pudiendo complementar los talentos de los miembros del equipo, y notablemente más divertido, pues no hay nada como disfrutar la naturaleza en buena compañía.

Las guías de campo son una herramienta espectacular para resolver dudas en terreno. ©Bastian Gygli

La experiencia y el saber

Todos estos consejos pueden llegar a ser útiles, pero nada podrá reemplazar al conocimiento adquirido mediante la práctica. El más importante consejo es que explores lo salvaje y que te sigas maravillando con la naturaleza. A través de ese cariño y la cotidianidad que nos da ir reiteradas veces a la naturaleza, empezamos a ver los signos de otra manera, a agudizar nuestros sentidos y a templar nuestra paciencia. Los invito a desarrollar estas herramientas, para que luego podamos compartirlas y así seguir disfrutando y aprendiendo cada vez más de nuestros ambientes silvestres.

*Foto de portada: liana en bosque lluvioso del sur de Chile ©Bastian Gygli