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El Camino a Explorar la Naturaleza Energética y Espiritual

Por María José Rosselot A.

“Conviértete en el cambio que deseas ver en el mundo”

– Gandhi

Actualización Interior

Como planeta y humanidad nos estamos enfrentando a un proceso crucial que se muestra como una encrucijada en estos tiempos. Por un lado, desde hace unos años en la literatura científica se viene hablando de que estamos viviendo la sexta extinción masiva. Científicos como el biólogo Rodolfo Dirzo de la Universidad de Stanford, han demostrado que aproximadamente 2 especies de animales vertebrados se extinguen al año. Por su parte, el catedrático Gerardo Ceballos de la Universidad Nacional Autónoma de México, señala que “la desaparición de un gran número de especies de plantas y animales alterarán las funciones biológicas de los ecosistemas. (…) Tenemos una breve ventana de tiempo para actuar, aunque se está cerrando rápidamente”.

Estamos viviendo eventos y procesos similares a los ocurridos hace miles de años atrás, para la extinción de los dinosaurios. En este caso, el factor que incide en este proceso es el comportamiento humano. Los años que vivimos son decisivos en relación al futuro de nuestra especie y el planeta completo, y no es algo que afectará a las próximas generaciones, sino que nos afectará directa y personalmente.

Paralelamente, astrólogos como el psicólogo chileno Gonzalo Pérez, están dando cuenta de eventos y movimientos planetarios que ocurren cada cientos y miles de años, anunciando la llegada de una nueva era para la humanidad y el planeta. Esta nueva era, se anuncia como un despertar de nuestra consciencia, el equilibrio entre la energía femenina y masculina y la apertura del corazón, por medio de la caída de los sistemas imperantes tal como los conocemos hasta ahora; los sistemas económico, científico, político, religioso y el mismo patriarcado.

La sexta extinción masiva, pero también un despertar en la conciencia y la caída de sistemas como el patriarcado, anuncian que una nueva era está por llegar. Crédito: Alexander Andrews.

Frente a este escenario, es fundamental que como especie nos transformemos. El modo de pensar y actuar con el que veníamos operando, ya no es sostenible y puede llevarnos literalmente a la extinción. Así, estamos viviendo un proceso como humanidad que es semejante a una “actualización de programa o software” como especie. Lo mismo está viviendo el planeta y todo lo que en él habita, alineado a su vez con los procesos universales. Somos uno.

En los aparatos tecnológicos, ocurre que los programas se van actualizando para ofrecer, generalmente, nuevas posibilidades de funcionamiento y mejores oportunidades de rendimiento. Sin embargo, los aparatos tecnológicos luego de un tiempo quedan obsoletos. A nosotros nos ocurre similar, con la diferencia de que nuestros computadores biológicos (cuerpos) están vivos y tienen la capacidad de transformarse para permitir también su actualización.

Esta nueva era se anuncia como un despertar de nuestra consciencia, el equilibrio entre la energía femenina y masculina y la apertura del corazón, por medio de la caída de los sistemas imperantes tal como los conocemos hasta ahora: los sistemas económico, científico, político, religioso y el mismo patriarcado.

Imagina que somos ampolletas que fuimos programadas para recibir y canalizar cierta cantidad de volteos, aún teniendo un potencial mayor. En estos momentos, el voltaje que recibimos es mayor al que fuimos programados para recibir y, a partir de las transformaciones energéticas del planeta, seguirá aumentando, con el objetivo de que vivamos de manera cada vez más consciente, amorosa y con nuestro mayor potencial a disposición de nosotras y los demás. De modo que, para evitar que nuestra ampolleta colapse afectando desfavorablemente nuestro cableado eléctrico (el sistema nervioso), es importante expandir nuestra consciencia, reprogramar ciertas creencias y mejorar nuestros hábitos.

Diseño de María José Manzur @marialacolorina

La ampolleta de la izquierda, ejemplifica un ser humano que vive de manera inconsciente, dejándose llevar por sus patrones inconscientes y la manera en que cree que debería ser. La ampolleta de la derecha, ejemplifica un ser humano que ha despertado su consciencia, es decir, su capacidad de darse cuenta de sus procesos internos, sus motivaciones y las consecuencias de sus decisiones. Vive siguiendo su corazón, cultivando el amor para poder así amar a otras y otros, convirtiéndose en una mejor versión de sí.

Esta actualización, es una transformación que puede manifestarse en nuestros cuerpos de diferentes maneras; con diversos tipos de síntomas. Podemos ayudar a que la somatización sea más armónica, tomando varias medidas. Los síntomas pueden variar en intensidad; desde ser casi imperceptibles expresándose como una “sensación de”, hasta paralizarnos expresándose como síntomas graves. Pueden variar en el tiempo de aparición y persistencia; durando pocos segundos o minutos, hasta años.

Todo se puede cambiar, porque la energía se transforma constantemente. Según mi experiencia, aquello a lo que llamamos enfermedad es un proceso que habla de que nuestro computador biológico (cuerpo) está en proceso de transformación, regulándose a sí mismo luego de una experiencia emocional que le hizo perder su equilibrio. Entonces, la invitación es a mirar la enfermedad o la somatización como un mapa que nos muestra la ruta para regresar a nuestro equilibrio interior para vivir de manera más íntegra y consciente.

En el taller El Espíritu Despierta, así como en las terapias individuales y actividades grupales que ofrezco, profundizamos en diversos aspectos que nos desequilibran, entregando a las personas conocimientos y herramientas de autogestión energética y emocional para atravesar los procesos de transformación interior de manera consciente. El objetivo es empoderar a las personas, para que recuerden que ya son todo lo que necesitan ser para construir su vida con consciencia y amor. Somos parte de un sistema dinámico, vivo y cambiante. Necesitamos volver a centrarnos desde el interior para acoger los cambios con apertura, confianza y flexibilidad.

Es fundamental para toda sanación, empoderarnos y sentirnos protagonistas activos del proceso. Los desequilibrios ocurren a partir de nuestras decisiones conscientes e inconscientes, por la forma en que nos relacionamos con nosotras y nosotros mismos y con el mundo que nos rodea, porque en algún momento elegimos cerrarnos al amor y vivir desde el miedo. De modo que la sanación (como restauración del equilibrio personal) solo puede ocurrir desde nuestro interior y a través del restablecimiento del flujo del amor.

No existe la enfermedad, solo el olvido.

La medicina es el recuerdo.

El alma recuerda

y el ego aprende a esperar.

La mente al servicio.

Coté Rosselot A.     

Biología y Energía están conectados en una misma realidad, provocando un entramado que afecta del mismo modo a nuestro cuerpo y espíritu. Crédito: Ravi Roshan.

La vulnerabilidad es el camino

Llevamos mucho tiempo desconectados, evitando sentir lo que nos ocurre por miedo al dolor y a nuestra propia vulnerabilidad. Constantemente asociamos la vulnerabilidad con debilidad. Sin embargo, es justamente en la vulnerabilidad donde reside nuestra mayor fortaleza. ¿Por qué? Porque cuando accedemos a  la vulnerabilidad, podemos entrar a lo que realmente somos, cesando así la necesidad de aparentar.

Probablemente, aquello que rechazamos de nuestro ser sea el regalo que trajimos para entregar al mundo, aquello que nos hace únicos. Constantemente buscamos asemejarnos a los demás, avergonzándonos por ser diferentes, lo que nos impide conocernos en profundidad. Nos juzgamos, desconectándonos para no sentir la tensión interior que esto genera.

El sentir ocurre  a través del cuerpo, de modo que nos desconectamos del cuerpo para evitar sentir, dando excesivo poder a la mente. Así, los síntomas físicos aparecen como un llamado de nuestro Ser que no ha sido visto ni escuchado y que busca  entregarnos un mensaje que es importante.

Más allá de si ese síntoma nos entrega información del presente o el pasado, el único momento en que podemos hacernos cargo de lo que queremos es AHORA. Y ahora, sea cual sea nuestro ahora, es EL momento en que podemos cambiar ese patrón y transformar la realidad. La biología responde a la energía, de modo que si cambiamos la realidad energética, tarde o temprano cambiará nuestra realidad biológica y física.

En los procesos de transformación, los síntomas físicos son, por lo general, un buen signo de que estamos saliendo de nuestra zona de confort o desconfort a la cual nos acostumbramos. ¡Celébralos y hazte cargo! Todo aquello que se acostumbra, termina convirtiéndose en un hábito automático, y su novedad y consciencia tarde o temprano termina muriendo.

Células de un mismo cuerpo

Es necesario que volvamos a reconocer la multidimensionalidad del ser humano, permitiendo que cada parte de nuestro cuerpo y nuestro Ser recuerde y cumpla su función con claridad y autonomía, para conservar la armonía del funcionamiento de nuestro sistema.

Somos células humanas en este cuerpo–planeta, de este cuerpo-humanidad. Cada célula debe recordar su función y cumplir su misión. Si en nuestro cuerpo, el ojo quiere hablar u oler, se desequilibra el sistema. Si el codo quiere digerir o mirar, se estanca la energía. Del mismo modo, es importante que volvamos a recordar nuestro lugar y cumplamos nuestra misión/función con responsabilidad para mantener el equilibrio. Por eso el trabajo interior es una responsabilidad social y para transformarnos es fundamental trascender los juicios y deseos de competir y controlar.

Recordemos, a su vez, que estamos en un proceso de transformación constante que se llama VIDA. La única certeza que tenemos al nacer, es que en algún momento vamos a morir, aunque queramos evitarlo. Todo lo que ocurre entre el nacimiento y la muerte es incertidumbre y esa es justamente, la vida. La vida ES el proceso de transformación. Y trascender los juicios es fundamental, porque generalmente asociamos “incertidumbre”, con algo malo o negativo, cuando no tiene por qué ser así.

El trabajo interior es una responsabilidad social y para transformarnos es fundamental trascender los juicios y deseos de competir y controlar.

En la transformación, valga la redundancia, nos estamos transformando. Es decir, soltamos lo viejo y permitimos entrar lo nuevo. Es un momento de transición que puede durar segundos y también, toda la vida. Es un proceso multi-escalar. Entonces, es normal tener resistencias, no comprender y no saber. Es normal la incomodidad. “El arte y el desafío no es mantenerse en estado meditativo todo el tiempo, sino saber volver a él cada vez que nos salgamos” decía Manu, el Lama con el que me formé como profesora de yoga.

La invitación, entonces, no es a esforzarse para mantenerse estable o inmutable. Sino, aprender a escucharse y ser fiel a la necesidad del momento presente aplicando las herramientas personales que tenemos o podemos aprender, desde la flexibilidad, el amor y la confianza, para que nuestro actuar sea impecable y consciente. La impecabilidad no tiene que ver con una expectativa de perfección, sino con la fidelidad a lo que somos en el momento presente. Es así como podemos vivir nuestra trascendencia en el eterno presente.

Soltar lo viejo y permitir entrar lo nuevo es la transformación que debemos buscar tanto externa como internamente. Crédito: Jan Huber.

Sobre la Autora

María José Rosselot A. tiene experiencia transdisciplinaria en sanación, transformación personal-espiritual y docencia. Lleva más de 10 años acompañando procesos de autoconocimiento y transformación física y personal – espiritual, individual y grupal, en sala y al aire libre. Facilita terapias a distancia dentro y fuera de Chile. Es exploradora de su propia naturaleza energética y espiritual a través de la corporalidad, la creatividad y la naturaleza. Escritora y artista autodidacta. Más información sobre su trabajo en: www.conscienciaamai.com @conscienciaamai y https://linktr.ee/conscienciaamai

Bibliografía

Imagen de Portada: Crédito de Mario Azzi.

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