En la comuna de Linares, en medio de tierras agrícolas donde predominan el monocultivo forestal y la agricultura intensiva, Ricardo Valdés (alias Ricarbol Dosel) fundó Huelemu, un centro de investigación en agroforestería, basado específicamente en el diseño de “bosques comestibles”.

Todo comenzó el año 2011, cuando Ricarbol se mudó a un campo familiar que había sido utilizado durante años para el cultivo intensivo de maíz, y por lo tanto no tenía ningún solo árbol. Ricarbol decidió que su misión sería transformar ese territorio, utilizando principios de agricultura regenerativa y restauración ecológica, para convertirlo tanto en un bosque nativo, como en un modelo agroforestal sustentable. Hoy ya hay cerca de 6.000 árboles creciendo, Huelemu produce su propio alimento, y además es un aporte a la diversidad biológica, ya que es un espacio que permite la coexistencia de una gran variedad de especies. Desde esta abundancia, Ricarbol imparte una serie de cursos en torno al diseño de bosques comestibles y la bosquicultura.

¿Cuál es la diferencia entre agroforestería y bosque comestible?

En términos muy simples, agroforestería es toda agricultura basada en árboles que cumpla con el principio fundamental de que se combinen elementos (especies o reinos) y que estos interactúen entre sí.

Dentro de la agroforestería existen muchos modelos: el silvopastoreo mezcla animales con árboles, el cultivo en callejones alterna cultivos anuales extensivos con hileras de árboles, pueden asociarse árboles entre sí o con plantas medicinales, etc. El modelo más básico podría tener solo una interacción, y luego estas aumentan hasta llegar al bosque comestible, que es el modelo agroforestal más complejo.

Para ser considerado un bosque comestible, las relaciones que se generan deben ser tan complejas como lo serían en un bosque natural, entonces estamos hablando de un modelo productivo que aspira a una cierta complejidad ecológica. Al entrar a un bosque comestible la sensación es la de entrar a cualquier otro bosque: las especies crecen en capas, hay cientos de especies diferentes, y por lo mismo además de los productos se generan un sinnúmero de servicios ambientales.

Plantas nativas conviven en el bosque comestible ©Huelemu

Para diseñar un bosque comestible, ¿cuáles son las variables a manejar?

El diseño es guiado por ciertas condiciones determinantes. La más fuerte es el clima, esta se da —con sus variantes de microclima— según la ubicación geográfica: si está en el sur, centro o norte del país; si está en la costa, en la cordillera o en un valle. El segundo, y que está dado por el primero, es la disponibilidad de agua y de calor del territorio. Con estas dos variantes podemos hacernos una idea de cuál sería el ecosistema natural del lugar a intervenir, y que tipo de interacciones y relaciones supone.

Hay dos corrientes de bosques comestibles: aquellos donde siempre hace calor y aquellos donde existe el frío. Por ejemplo, los diseños de bosques comestibles en países como Brasil o México son muy distintos a los que podemos realizar acá, dado que aquellos países son mucho más cálidos, y por tanto sus especies evolucionaron en condiciones muy distintas a las nuestras.

Los lugares donde existe el frío se pueden dividir según la disponibilidad de agua. Por ejemplo, en el centro de Chile un bosque comestible se verá mas seco pero, vas a poder cultivar: aceitunas, higos, granadas, paltas y todas esas especies de climas mediterráneos; mientras que en el sur se va a ver todo mucho más verde y exuberante, pero al ser menor el calor, las frutas van a ser de climas templados: manzanas, castañas, membrillos y nueces son algunos ejemplos.

Una tercera variable es el suelo, porque este también influye en el tipo de plantas que podrán cultivarse. Y una cuarta —no menor— son los conocimientos de plantas y ecología que maneje quien hace el diseño (no todos los agricultores saben de ecología). Un bosque comestible siempre será más rico en cuanto más diverso, pero para eso hay que conocer bien que plantas a asociar, para potenciar la cooperación de las especies minimizando la competencia. Por ello siento que tener un bosque comestible es como dirigir una orquesta, donde el agricultor es quien coordina la diversidad de especies y sus interrelaciones.

©Huelemu

Afirmas que los bosques comestibles se diferencian de las plantaciones de monocultivo porque entregan servicios, ¿cuáles serían estos servicios?

Los servicios son de dos tipos: para el ecosistema y para nosotros. De los servicios hacia el ecosistema hay varios. La captura de carbono y consecuente mitigación del cambio climático es uno fundamental. Esto viene dado por la cantidad de árboles que se planta y además por el hecho de que en un bosque comestible nunca se ara. Entonces el carbono lo van capturando los árboles con el tiempo, y este permanece en la tierra hasta que el bosque deje de existir.

Un segundo servicio fundamental —sobre todo en Chile— es la creación de dinámicas del agua, los bosques son uno de los ecosistemas más importantes en este sentido. En un bosque siempre estará más fresco el aire, los bosques liberan agua a la atmósfera, y además atraen el agua, ya que muchas veces actúan como bombas, acercando las napas subterráneas a la superficie. Es importante recalcar que solo los bosques crean dinámicas del agua, no así una plantación forestal que únicamente consume agua, debido a que los árboles están viviendo su etapa de crecimiento simultáneamente.

Por último, está la atracción de aves. Chile es un país de aves, es el animal más representativo de nuestros bosques, las aves necesitan del bosque para vivir, incluso hay algunas aves que solo pueden vivir bajo los árboles, por lo tanto proteger su hábitat es un servicio ecosistémico.

Avellano (planta nativa) con flores y frutos ©Wikipedia

Luego están los servicios para nosotros, un bosque comestible es un sistema que requiere menos trabajo e inversión de recursos con el paso del tiempo. Es auto abonable, y la diversidad de cultivos funciona como control biológico, entonces no se gasta en fertilizantes, ni plaguicidas, ni mano de obra para la aplicación de estos.  

Aquí es importante recordar que un bosque comestible no es un sistema antropocéntrico, en un bosque comestible se permite la convivencia con especies que en sistemas de cultivo tradicionales son tratadas como indeseadas.

En un modelo antropocéntrico, todo está absolutamente controlado, esto conlleva el abuso de plaguicidas, fungicidas y herbicidas —esta lógica opera incluso en los cultivos orgánicos, ya que se desmaleza o aplica herbicida (aún si no tiene químicos). En cambio en un bosque comestible, como hay un equilibrio, hay alimento para todos, es muy poco probable que debido a una plaga se pierda todo, ya que hay una gran diversidad de alimentos. Entonces, esa es una gran innovación en términos de cómo miramos el cultivar nuestro propio alimento, el trabajar con la naturaleza y no contra ella.

Actualmente estás incorporando un humedal al terreno, ¿cómo se gestó eso?

Hay distintos tipos de humedales, humedal se le puede llamar a donde el agua está aflorada o bien a un sector pantanoso. Huelemu era un humedal del segundo tipo, ya que en verano el agua está a un metro y medio de la superficie del suelo, y en invierno se hacía un pantano y todo se encharcaba. El bosque original que aquí se daba eran un bosque higrófilo: habían canelos, pataguas, pitras, arrayanes y temus.  

La idea de crear una laguna artificial fue la de crear un nicho más para la vida silvestre. Digo artificial no porque la laguna tenga algún material artificial —de hecho es solo la arcilla la que mantiene el agua—, sino porque es una laguna que naturalmente allí no existía. Con la creación de las lagunas se ha sumado a la diversidad biológica, porque hay distintas especies de ranas, peces, patos y garzas.

A fin de cuentas todo lo que hacemos los humanos —para bien o para mal— son intervenciones, para generar un espacio hay que intervenirlo, y estas opciones que se han tomado en Huelemu: las lagunas y el bosque comestible, han sido las maneras que hemos escogido para ir regenerando el territorio.

Laguna artificial, parte del proyecto de restauración ecológica en Huelemu ©Huelemu

¿Cuál es la relación de Huelemu con las comunidades locales?

Huelemu está emplazado entre plantaciones de monocultivos, y no son tantas las comunidades que habitan las cercanías, en este sentido no es tanto el impacto social a nivel local, más bien quienes toman los cursos de Huelemu por lo general vienen de otras regiones; de aquí mismo (Linares) vienen poco, aunque sí me he relacionado con algunas escuelas locales.

Con los agricultores en general hay buenas relaciones, a veces me regalan fardos o guano y encuentran entretenido el proyecto, pero no lo ven como una alternativa para ellos porque sienten que ya tienen su manera de hacer las cosas, y no les interesa aprender algo diferente. Además, están muy vinculados a las exportaciones y el negocio a gran escala, y pese a que Huelemu en algún momento sí va a ser súper productivo y podría rentabilizarse, esto no es el fin, y cuando se comienza a poner la mente en ese foco se va de las manos el tema ecológico.

¿Cómo has percibido el impacto de los monocultivos y la agricultura intensiva en el ecosistema y la abundancia del agua?

Linares en general es una zona donde hay mucha agua, el río Achibueno fluye captando el agua de los esteros desde la cordillera y las baja a este valle, entonces tenemos agua en abundancia y no se percibe tanto la sequía. Habiendo dicho esto, los agricultores están comenzando a pedir embalses o canalización de los ríos, porque saben que la sequía va a ser cada vez más notoria —no tanto porque la sequía realmente sea cada vez mayor, sino más bien porque cada vez hay más cultivos.

Monocultivo forestal de eucaliptos ©MVMT

En la región del Maule, los monocultivos se están expandiendo, ahora está el boom del avellano europeo que es un árbol del norte de Europa que tiene un clima similar a Osorno, por lo que hay que regarlos muchísimo, y esto está siendo problemático de la misma manera que lo es la plantación de paltos (una especie subtropical) en la zona central. El problema más grave es que no se están tomando en cuenta principios básicos de la agricultura, como la relación entre el clima y la especie a plantar, y al no tomar esto en cuenta se crea un tremendo desequilibrio ecológico. Para mí, lo ideal de un bosque comestible es que no haya que regarlo, o regarlo muy muy poco, debido a que la necesidad hídrica del bosque será consecuente con la disponibilidad de agua en el territorio donde esté emplazado.

Por otro lado, incluso en los lugares donde hay mucha agua, un monocultivo que utiliza agroquímicos contamina el agua, entonces lo que habrá será abundancia de agua contaminada; y el agua es tan sagrada, tan vital para la existencia de la vida, que pienso que deberíamos cuidarla a como de lugar.

En este sentido, la aprobación del TTP11 implica inevitablemente una profundización de el modelo económico extractivista, ¿cuál es tu opinión sobre esto?

Más que una respuesta a las temáticas u amenazas particulares del TPP11, mi reacción es más bien una sensación generalizada, que fue la misma al saber de la introducción de las industrias químicas en los años 80, o del modelo de monocultivo en los años 50, y podría formularse como la pregunta: ¿Qué quieren estas personas que atentan contra la vida?

Siento que falta informarse, falta ser más consciente, sobre todo falta desarrollar una relación de mayor intimidad con la naturaleza. Como especie, la observación es nuestro mayor don, sin embargo, desde la manera como vivimos, esa observación se ve mermada. Para vivir aquí en Huelemu yo he sacrificado por ejemplo tener una buena conexión a internet, sin embargo miro por mi ventana y puedo observar qué es lo que necesita el territorio. Por lo general quienes toman las decisiones tienen una excelente conexión a internet, pero ven muy poco del territorio y cuando no se está en el territorio es difícil saber lo que este realmente necesita.

Ricarbol Dosel ©Huelemu

 

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