Cuestionario del cuarto mundo: Francisco Navarrete

Exposición: Jardines Humanos
Lugar: Biblioteca Patrimonial Recoleta Dominica
Fechas:  12 octubre – 26 enero

Este año la Bienal de Artes Mediales de Santiago está dedicada a observar, pensar e imaginar El cuarto mundo, un lugar que nos permite reflexionar sobre el actual estado de relación entre humanos y ecosistema. En este marco, hemos preparado una serie de entrevistas a los artistas de este encuentro, con el propósito de conocer sus procesos de investigación, creación y exposición de las obras.

 Francisco Navarrete Sitja (Santiago, 1986) es Licenciado en Artes y Magíster en Artes Visuales por la Universidad de Chile. Su práctica artística reflexiona sobre los procesos de contemplación, construcción e irrupción de nuevas temporalidades ligadas al trabajo con la imagen, la materialidad y la representación del territorio.

Para la 14 Bienal presenta Jardines humanos, una exposición que invita a comprendernos como especie diversa y en constante mutación, a través de un diálogo entre un video-ensayo y una selección de libros de la Biblioteca Patrimonial Recoleta Dominica.

1. ¿Qué entiendes por cuarto mundo?

Chile –lamentablemente– es un país sumamente clasista, donde las formas de segregación social y los efectos del modelo económico neoliberal dejan su marca y ecos de dolor en los cuerpos. La sola idea de un “cuarto” mundo –la sola idea de una enumeración– me sugiere un territorio difuso y marginal que seguramente ha sido catalogado así por las relaciones de producción y lógicas extractivistas que le han ido articulando a este territorio. Por otra parte, la idea de “mundo”, me evoca la imagen de un universo, un espacio complejo y en ebullición, donde sus variados ecosistemas y comunidades comienzan a inquietarse por la violencia ejercida y extracción acumulada, día tras día, en sus ambientes y relaciones vitales. De esta forma, entiendo el cuarto mundo como un lugar de crisis, pero también de posibilidad.

2. ¿Qué hace el arte en un mundo en crisis?

El arte propicia preguntas, imaginación y desafíos, resguarda memorias y hace resistencias a los olvidos que nos son impuestos. El arte potencia entonces sensibilidades, afectos, diálogos, tactos, errancias, conexiones inesperadas y otros modos de salir al encuentro. Experiencias que nos hacen tanta pero tanta falta, y que al ser proyectadas desde su lenguaje y aperturas, nos pueden impulsar a la acción-reflexión desde un lugar diferente. De esta manera, el arte nos invita a re-pensar no solo sobre la vulnerabilidad de nuestra experiencia en un mundo cambiante, sino también nuevas formas de acción respecto a las relaciones entre ecosistemas y sociedad, la fragilidad de los vínculos y afectos entre humanos, y entre humanos y no-humanos. Cuestiones que hoy más que nunca están en tensión, sobre todo en Latinoamérica.

3. ¿Qué formas de adaptación, balance o resistencia son evocadas en tu obra?

De un tiempo a esta parte, mi quehacer artístico se pregunta por el rol y categoría de lo “no-humano” en la construcción de los imaginarios territoriales y producción de memoria colectiva. Esto, explorando los aspectos perceptivos y sentidos simbólicos atribuidos ciertas materialidades, además su capacidad de transformación de la realidad en un determinado contexto. En este sentido, mi obra busca evocar –de forma metafórica– aproximaciones a la resistencia y sometimiento de la materialidad en tanto cuerpos. Asimismo, intenta evocar sobre la necesidad de un balance ante las relaciones de poder y formas instrumentalistas que tenemos de relacionarnos y comprender el ambiente. Y por último, intenta propiciar preguntas para que el co-habitar sea una posibilidad.

4. Nombra tres materiales que uses a diario en tu producción artística: uno de proveniencia vegetal/animal, otro de origen mineral y otro tecnológico.

Tras mi fascinación por la pregunta sobre cómo ciertas entidades materiales tienen la capacidad de transformar y re-configurar nuestras relaciones sociales e imaginarios territoriales, cabe destacar mi interés por la recolección y documentación de plantas en un determinado territorio, la recolección de rocas y registros visuales o sonoros de las superficies de diversas formas geológicas, o la recolección de desechos tecnológicos asociados a ciertas prácticas de extracción de un determinado lugar. Materiales recurrentes en mi investigación de campo y producción artística.

5. ¿Con qué práctica científica te encuentras más a menudo en tu trabajo artístico?

Hablar de prácticas es hablar de experimentación, experiencias y lenguajes diversos, es dialogar sobre formas distintas de percibir, comprender y otorgar significados al mundo; formas múltiples de aproximarse las diversas perfiles de la realidad y sus entramados. En este sentido, esa superposición de sensibilidades es algo primordial en mis prácticas estéticas, algo que he podido experimentar incipientemente desde distintos frentes. Específicamente, me siento especialmente atraído por diferentes prácticas etnográficas asociadas a la disciplina antropológica, sobre todo por aquellas desplegados desde los Estudios de Ciencia y Tecnología (ECT) y la Teoría Actor-Red (TAR). De esta manera, la diversidad de contextos de medios, técnicas, metodologías, formas de documentación, operaciones y procedimientos en mi quehacer artístico tienen que ver con una búsqueda intencional de esa multiplicidad.

6. ¿Quiénes han sido tus principales interlocutores (persona que dialoga o conversa) durante tu proceso de creación?

Ha sido una mezcla, una constante superposición de interlocutores y perspectivas en diálogo. Respecto a esto, durante los últimos años, he intentado establecer un “parlamento” (siguiendo a Bruno Latour) con ciertas expresiones materiales climáticas y geológicas relevantes en nuestros imaginarios territoriales y transformación del paisaje. Esto, desde la experimentación con diferentes medios, recursos, formas de representación y presentación. Asimismo, de forma paralela, he asumido un compromiso muy intenso por desarrollar proyectos en que entren en el diálogo abierto y participativo con las comunidades que habitan en los contextos en que investigo. No sólo ser un agente satélite. De igual forma, he venido desarrollando una metodología en que el diálogo interdisciplinar forma parte de mi aproximación investigativa y producción de obra. Creando vínculos sostenibles y dando forma a colaboraciones en Chile y el extranjero con investigadoras e investigadores desde el ámbito de la Antropología, Literatura, Historia, Filosofía, Arquitectura, Hidrología, Geología, Genética, Botánica y otros.

7. ¿Consideras naturaleza a la tecnología? ¿Por qué?

André Leroi-Gourhan, etnólogo, arqueólogo e historiador francés, plantea una idea que ha quedado resonando en mí por largo tiempo, y que tiene relación con esta pregunta especifica. En varios de sus textos, Leroi-Gourhan hace una interpretación de la tecnología como una “interfaz”, una “mediación” y modo de “entrar en relación” del humano con el ambiente. Así, el autor reflexiona sobre cómo los instrumentos tecnológicos podrían ser una suerte de “envoltura artificial” desde la cual nos relacionamos con el mundo. Menciono esto, ya que muchas veces esa relación entre naturaleza y tecnología se presenta como antagónica y demonizada, sin olvidar que la misma categoría de naturaleza y humano es problemática, sobre todo por nuestra matriz colonial y comprensión instrumentalizada de “lo natural”. En este sentido, la idea de interfaz me parece fascinante a la hora de pensar nuestras relaciones y la tecnología como “intermediario“ con la materia. Un vaso comunicante.

8. ¿Cuál es la contradicción entre naturaleza y cultura que se te presenta con mayor frecuencia?

De un tiempo a esta parte, la contradicción que se me presenta con mayor frecuencia tiene que ver con Chile, al mirarlo a la distancia, y preguntarme por el rol y el impacto que ha tenido la categoría de “lo natural” y simbolismos atribuidos a diferentes expresiones geológicas y atmosféricas locales, en la construcción de los imaginarios territoriales y estrategias de homogeneización de la identidad nacional. En este sentido, una y otra vez, se me presenta la pregunta en torno al determinismo de la naturaleza sobre lo cultural en la narrativa hegemónica y retórica identitaria nacional, y cómo ese relato y categoría de “lo natural” y “no-humano” es cambiante y contradictorio en la apropiación Estatal y transnacional del territorio.

9. ¿En qué situación has activado mecanismos de adaptación?

Creo que mi elecciones de forma de vida y mis prácticas estéticas están constantemente exigiéndome desplegar mecanismos de adaptación. Si lo pienso bien, durante los últimos 7 u 8 años, mi día a día y trabajo siempre ha sido nómade. Recurrentemente participo de residencias artísticas nacionales e internacionales (20 a la fecha). Instancias donde desarrollo proyectos diferentes para contextos cambiantes y problemáticas territoriales específicas. En ecosistemas sumamente variados y con comunidades muy disímiles. Este modo de hacer y habitar desde el arte y el trabajo de campo, me ha llevado buscar formas de adaptarme a condiciones climáticas, geográficas, económicas, afectivas, laborales y políticas muy variadas y en tensión.

10. ¿Qué entiendes por salvaje?

Una categoría que con urgencia debe ser disputada en nuestra actualidad y contexto, y que por siglos ha sido utilizada como justificante –desde la construcción misma de la idea de barbarie– para señalar un supuesto modo de ser y habitar incorrecto, indisciplinado, irracional, incivilizado e inhumano. Una noción que, comprendida de ese modo, se ha cimentado y perpetuado en nuestros imaginarios territoriales, nuestra comprensión de los ecosistemas y sensibilidad en el mundo. Y que muchas veces está ahí, como una categoría invisible, engañándonos, justificando y despreciando aquello que se presenta como lugar de sensibilidad abierta e incompleta. Una categoría que recurrentemente ha sido utilizada para argumentar el control y deseo de una cierta noción y estrategias de desarrollo, progreso y modernidad.

0

Tu Carrito