Cuando el conocimiento indígena y local moviliza la sustentabilidad

El ser humano ha evolucionado desde tiempos inmemoriales en relación a su contexto natural más próximo. Esto, indudablemente, ha permitido el desarrollo de conocimientos ancestrales, los que hoy en día vemos reflejado en muchas de las comunidades indígenas y locales o rurales que habitan a lo largo de Chile. Sin embargo, mucha de esa información o sistemas de conocimientos desarrollados por indígenas o comunidades locales -tan valiosa para poder sobrellevar las actividades humanas en relación con ese ambiente- se encuentra en peligro o no es considerada por tomadores de decisiones a la hora de hablar de sustentabilidad. Esto trae consecuencias negativas a las acciones que podrían permitir alcanzar la sustentabilidad de los ecosistemas.

La recolección del piñón es una práctica ancestral que el pueblo pehuenche realiza de tiempos inmemoriales. Crédito: Tomás Ibarra.

El entendimiento holístico de los conocimientos indígenas y conocimientos locales o rurales, junto con su incorporación a políticas públicas sobre sustentabilidad, son elementos que, justamente, pueden mejorar las herramientas actuales para manejar y conservar la naturaleza. En este esfuerzo que se requiere hacer ante la actual crisis ambiental, resulta esencial generar una ciencia con dos componentes esenciales: interdisciplinariedad y humildad. De esta forma, los problemas ambientales se atacan desde una perspectiva socioecológica, incorporando otras cosmovisiones. Esto significa integrar las ciencias naturales, ciencias sociales y humanidades, conocimientos básicos y conocimientos aplicados y conocimientos locales y tradicionales para comprender mejor la relación entre los seres humanos y la naturaleza.

Junto a ello, poco a poco nos damos cuenta de que nuestros conocimientos, en el área de la sustentabilidad y conservación, son limitados a la hora de atacar la crisis socioambiental a escala planetaria, con causas y consecuencias también a una escala país. Esto se evidencia en potenciales y actuales conflictos socioambientales que sufren distintos territorios a lo largo de Chile, como la megasequía que enfrentan las comunidades de la zona centro norte, exacerbada por el mal manejo de los terrenos agrícolas; o monocultivos de pino y eucaliptus en la zona centro sur, que generan una disminución en la provisión de agua junto con conflictos con comunidades mapuche en el sur de Chile, entre muchos otros.

Conocimientos de pueblos indígenas y localidades rurales en torno a la naturaleza pueden ayudar a resolver problemas en el ámbito de las crisis socioambientales. Crédito: Matías Guerrero.

Además, al momento de aplicar aquellos conocimientos, muchas veces son criticados por su efectividad para manejar y conservar sustentablemente la naturaleza, lo que podría generar más problemas que soluciones. En parte, esto se explica por la ignorancia en torno al funcionamiento de los sistemas socioecológicos (esto es, el ser humano en su interacción mutua con la naturaleza) para así, aplicar soluciones basadas en evidencia. Debemos por tanto entender qué regímenes de protección y manejo son aquellos que permiten incrementar la protección, así como también la provisión de funciones ecosistémicas, salvaguardando tanto la biodiversidad como el sustento de comunidades indígenas y locales.

Implica entender los límites de la naturaleza, distintos de los límites administrativos y políticos que impone el ser humano. Por ejemplo, si bien las áreas protegidas son esenciales para la conservación, cuatro quintas partes del territorio nacional no están en alguna categoría formal de protección. Ahí es donde debemos entender cómo aplicar un manejo sustentable, porque en aquellos territorios también existe biodiversidad, así como también prácticas de uso de la naturaleza por parte del ser humano.

Estas soluciones basadas en evidencia permitirán aplicar políticas públicas eficientes, alejadas de un fuerte componente de ignorancia socioecológica. ¿Cuál ignorancia socioecológica? La ignorancia sobre los beneficios de considerar a las comunidades indígenas y locales y sus prácticas de manejo en los mecanismos de protección de la naturaleza. Así, evitaremos aplicar paquetes de medidas que suenan a panacea, que podrían sonar espléndidos en lugares como el hemisferio norte, pero que en territorios como los de Chile, no tiene sentido aplicarlos.

Las medidas de protección de la naturaleza deben estar en concordancia a las necesidades y cultura de los pobladores. Crédito: Tomás Ibarra.

Para evitar este problema, resulta esencial considerar el conocimiento indígena y local más allá de cómo lo hemos hecho actualmente como científicos ligados al área ambiental. Hasta ahora hemos sido tercos a la hora de considerar realmente estos conocimientos, en parte, debido a una diferencia epistemológica o metodológica que dificulta el diálogo cruzado entre estos dos sistemas de conocimiento.

Estas diferencias nacen de un problema que tienen relación con la validación de los “otros” conocimientos que están fuera del conocimiento científico. En términos prácticos, esto se traduce en que, por ejemplo, el conocimiento de una comunidad pehuenche sobre la germinación del Pehuén no va a ser tan valorado por las políticas públicas comparado con un experimento hecho por un grupo de científicos. Esto ignora que, en la comunidad pehuenche, aquel conocimiento posee sus propias formas de validación, por cientos, sino miles de años. Sin embargo, como no es la validación propia del conocimiento dominante -el conocimiento científico- entonces resulta en información meramente “anecdótica”.

Chile, país que alberga a numerosos pueblos indígenas y posee una importante cantidad de población rural que usa directamente la naturaleza como medio de subsistencia, no debiera tomar banalmente este aspecto. Es posible ver en algunos territorios cómo incluso los conocimientos tradicionales tienen mayor validez que el conocimiento científico. Por ello, y dado su aporte potencial a la sustentabilidad de los ecosistemas, es que resulta esencial incorporarlos formalmente a políticas que apunten a proteger la naturaleza.

Pobladores desarrollan sus propias medidas de protección al medio ambiente que deben ser respetadas y valoradas por tomadores de decisiones de políticas públicas. Crédito: Matías Guerrero.

En una revisión científica que realizamos en la revista Sustainability (Guerrero-Gatica et al. 2020), encontramos que Chile tiene larga historia en dar cuenta justamente de estos conocimientos. Sin embargo, recién en la década de los 90 comienza a aparecer un cuerpo de conocimientos algo más acabado sobre sus características. Así, nos dimos cuenta de que se ha hecho poco por ir más allá del mero análisis descriptivo, es decir, analizar aspectos más allá de nombres y clasificación de especies, como por ejemplo la aplicación de estos conocimientos para la agricultura, pesca, o cualquier otra actividad.

Por ejemplo, una investigación llevada a cabo en la Isla de Juan Fernandez acerca de las poblaciones de la langosta chilena (Jasus frontalis) mostró cómo los conocimientos que se recogieron de pescadores artesanales permitieron comprender una forma eficiente de desarrollar áreas marinas protegidas para recuperar las poblaciones disminuidas de esta langosta. Esta forma de trabajo es trascendental dada la crisis socioambiental que vive nuestro país y nuestro planeta. Es interesante como también estas investigaciones han estado lideradas más por gente del área de las ciencias naturales que de las ciencias sociales, considerando que la investigación de los sistemas de conocimientos indígenas y locales posee un fuerte componente de las ciencias sociales. Además, a pesar de tener un fuerte componente interdisciplinario, la mayoría de los artículos son liderados por investigadores de solo una disciplina y no tanto por varias disciplinas.

Hay mucho que podemos aprender en torno a sustentabilidad de la sabiduría de las comunidades, como de esta huertera en la Araucanía. Crédito: Tomás Ibarra.

Otro resultado interesante es que estos estudios se concentran en dos regiones: la región de Antofagasta y de la Araucanía, probablemente por su concentración de comunidades indígenas aisladas. Es decir, buscamos como científicos aquellos pueblos indígenas aislados y estamos ignorando el conocimiento que poseen comunidades urbanas o rurales no indígenas sobre su entorno. Ni siquiera sabemos si en esos contextos, ese conocimiento está o se ha perdido en su mayoría.

Si queremos superar la crisis ambiental actual, como científicos debemos ser capaces de considerar aquellos conocimientos ancestrales, o los que poseen las comunidades que se relacionan con su ambiente. Por ello, incluir información de sistemas de conocimiento indígena o local podría subsanar vacíos de información. Así también, sería posible generar un diálogo de saberes para legitimar y validar aquellos “otros” conocimientos y, de esta forma, integrarlos a la toma de decisiones sobre sustentabilidad y conservación de nuestros ecosistemas.

Referencias:

Guerrero-Gatica, M., Mujica, M. I., Barceló, M., Vio-Garay, M. F., Gelcich, S., & Armesto, J. J. (2020). Traditional and Local Knowledge in Chile: Review of Experiences and Insights for Management and Sustainability. Sustainability12(5), 1767.

Sobre el autor 

Matías Guerrero es biólogo y se ha interesado en investigar la relación entre el ser humano y la naturaleza, principalmente a escala local. Su intención es entender cómo las comunidades locales e indígenas se relacionan con la naturaleza, con el objetivo de reconocer y valorar prácticas sustentables del manejo de los ecosistemas.

 

 

0

Tu Carrito