Bajo el seudónimo de Anis, la ilustradora y muralista chilena Jocelyn Aracena se ha ganado un espacio destacado dentro de la escena artística urbana. Erigiéndose como una de las representantes más talentosas y prolíficas del medio, a través de un particular e inconfundible estilo, recargado de sentido, simetría y de tonalidades neón; en el que la naturaleza y la figura de la mujer ocupan un lugar esencial.

Durante una serie de participaciones en destacados festivales de arte urbano, Anis ha podido plasmar su trabajo en diferentes espacios públicos de América Latina y Europa. Hoy por hoy, la artista —radicada en Valparaíso—, se encuentra preparando su primera exposición individual, además de continuar impulsando el trabajo artístico de las mujeres a través del colectivo Muchachitas Pintoras, del que es una de sus fundadoras.

©Anis

Comenzaste a incursionar en el arte urbano muy joven, ¿cuál fue el mayor obstáculo que tuviste que sortear para lograr ser reconocida en el medio?

Los recursos económicos, pues el acceso a los materiales era súper difícil. Me las tuve que ingeniar un montón para poder pintar. Por ejemplo, comprar una lata de spray Montana era carísimo hace diez años atrás, y habían muy pocos colores. Ese spray yo lo mezclaba para poder sacar los máximos tonos de ese color, para poder hacerlo rendir y que me durara.  Y también recuerdo que tuve que recoger pintura de la calle.

Has vivido en Santiago y Valparaíso, las dos ciudades con más desarrollo del arte urbano en Chile, ¿de qué manera crees que cada una ha influenciado tu obra? 

Santiago es un poco duro en ese aspecto, porque está súper estandarizado el lugar en el que se pinta, y quiénes son los artistas reconocidos. Entonces, como que se convoca a los mismos personajes de siempre. Yo encuentro que es un escenario un poco cerrado. Pero eso mismo te da esa energía para trabajar más en lo tuyo, para de alguna manera, sacar tu trabajo a la luz.

Santiago tiene una influencia mucho más adrenalínica en mi obra, mucho más de grafiti, de lo espontáneo, de lo rápido, del aquí y ahora. En Santiago pinté muchas más letras, muchos más grafitis, y muchas otras cosas ilegales. Esa velocidad, que también tiene la misma ciudad, y que muchas veces no daba tiempo para pensar ni para entender nada.

Por otra parte, Valparaíso tiene su onda mucho más rural, y en ese sentido, la gente se involucra mucho más con el trabajo, y el trato con las personas es mucho más cercano. También es una ciudad mucho más cosmopolita que Santiago, y como convergen tantos extranjeros acá, ocurre una valorización del entendimiento del arte. Y la gente se ha reeducado en torno a eso.

Por el contrario de Santiago, Valparaíso me dio una escena mucho más tranquila, más cómoda, de poder decir —bueno, voy a pintar aquí cuatro horas, dos días y qué pasa, todo bien—. Valparaíso me entregó calma y estabilidad, me entregó otra perspectiva de lo que se ve como arte en toda su diversidad. Valparaíso tiene esa cosa, que es como mágica, que la gente acepta lo que viene sin tanto juicio.

Montaje para el Museo Cielo Abierto de San Miguel por Juanita Perez y Anis.

¿Cómo se gesta tu proceso creativo, parte desde la creación misma, del estudio, o de ambas?

De ambas yo creo. Yo empecé dibujando muy chica, antes de que tuviera uso de razón. El proceso creativo se ha generado “haciendo”, y así empezaron a surgir formas, personajes, texturas. Después, cuando tenía 18, salí del colegio y me puse a estudiar ilustración, durante tres años, y fue un proceso en el que fui entendiendo mucho más sobre las formas, los colores, la técnica. Claramente me sirvió mucho la ilustración, pero mi aprendizaje ha sido mucho más en la calle que en lo académico. Por ende, mi proceso creativo siempre ha ido muy de la mano del hacer, del momento. Yo me baso mucho en las influencias, en el autoconocimiento. Trato de poner una idea, una sensación, más allá de dibujar algo bien hecho.

La figura de la mujer ocupa un espacio preponderante dentro de tu obra, ¿cómo ha sido tu experiencia en el colectivo Muchachitas Pintoras?

La mujer es un referente súper inmediato, que me identifica mucho. Siento que hay una herida de mujer, una especie de melancolía que llevo conmigo, y que muchas mujeres también llevan con ellas. Es muy triste que lo más transversal entre nosotras sea ese dolor y esa sensación de abuso que en todo ámbito hemos vivido.

Empezamos este colectivo con unas amigas. Ha sido un trabajo bien arduo, porque ha implicado reeducarnos a nosotras mismas, y reeducar a las demás, y estar todo el rato en ese proceso de aprendizaje, y de desaprender lo que ha quedado marcado. Ante todo, Muchachitas pretende ser una plataforma de visualización del trabajo de las artistas urbanas femeninas; facilitándoles una vitrina en donde puedan sentir que se les valore su trabajo. Pero ahora nos hemos estado abriendo espacios para las artes visuales en general.

Ya hicimos una convocatoria abierta, donde invitamos a todas las artistas, y pudimos hacer un recorrido por las historias de todas las cabras que han pintado en la calle. Y hoy en día, estamos trabajando con las participantes más activas, con más ganas, en un sitio de exposición en el café del Museo de Arte Contemporáneo. Y nos ha ido súper bien, en verdad ha sido bien entretenido, aunque igual es bastante trabajo. Yo siento que es para que las futuras generaciones se sientan más seguras pintando en la calle, y también para que puedan entender que es importante trabajar en una obra.

©Anis

En el marco de la edición 2016 del Festival Blanc Canvas, tuviste la oportunidad de pintar desechos de un vertedero, ¿cómo surgió esta idea, y qué mirada tienes del papel del reciclaje en el arte?

Esa fue una idea bien chora que tuvo María Luisa, la directora del festival, y ella me invitó a pintar en el punto de reciclaje.  La idea de esto fue algo bien especial, bien emocionante, y que me trajo a la memoria muchos objetos que fueron parte de mi vida.

Personalmente, me parece súper importante que aprendamos a reciclar, que generemos compost, que separemos vidrio, plásticos y papeles. Y es algo muy fácil en verdad, es una cosa de darse el tiempo.

Creo que también es importantísimo darle una visión artística al reciclaje, en la que el arte y el reciclaje puedan converger, y así entregarle valor a la reutilización de los objetos, como nosotros lo hemos hecho con tapitas de bebida para hacer talleres, mosaicos e incluso murales. En 2015, hicimos un mural con la Juana Pérez en el Museo Cielo Abierto, en el que pusimos alrededor de 8.400 tapitas de bebida, y que le terminó dando un gran valor a la obra.

Hay muchos materiales que están tirados con los que se podrían hacer trabajos preciosos. La cosa es ocupar el ingenio. Ojalá las nuevas generaciones y las personas que todavía podemos hacer cosa, le demos un vuelco al oficio que tenemos, y podamos incorporar cada vez más el reciclaje en el arte.

Tengo entendido que estás bajando el uso de aerosoles por su impacto en los ecosistemas, ¿es cierto?

Es verdad, cada vez estoy pintando con menos spray, aunque todavía no llego a cero. Estoy buscando otra forma para que también mi trabajo no pierda la línea que yo tengo. Sin embargo, me gusta mucho la velocidad del spray, pero claramente es un problema. Estamos en una parte del mundo donde no se generan los sprays, siendo imposible que vengan a buscar todos los envases vacíos para rellenarlos.

Y en verdad, no es una pintura que tenga comprobada durabilidad, como sí lo tiene un látex, o como o un óleo, que puede durar miles de años. De hecho, el spray se inventó para eso, para hacer algo rápido, y que también se va rápido.

En ese sentido, ¿qué tan conscientes crees que están los artistas urbanos en Chile respecto a esta misma problemática?

Muy poco, lo he visto más afuera, en otros países. En muchos festivales y convocatorias de gran producción, piden que por favor no pintes con spray, porque es poco durable. He visto que acá la gente quiere pintar más con spray, y como que se siente mal por no saber pintar con spray. Y gente que pinta súper bien con látex o con pincel, se lamenta por no saber pintar con éste. Y yo siempre les digo que ni siquiera es importante, que no piensen que es mejor pintar con spray por querer lograr algo a futuro, y que al pintar con pintura tradicional se aseguran que esa pintura va a poder perdurar.

Mural en conjunto con la artista española Juelita XL, en Valencia, España. ©Anis

¿De dónde provienen los rasgos indígenas presentes en tus personajes?

Eso de los rasgos indígenas me lo han dicho un montón, pero realmente yo no me baso en ninguna de las culturas indígenas. El florecimiento de estos rasgos indígenas trasciende mi decisión de hacerlo así, es algo totalmente espontáneo, que va apareciendo, que va de la mano de mi imaginación, como todo lo que voy creando.

Y yo creo que es algo que va más allá de lo que decida o no; la obra tiene ese espíritu propio, donde se va manifestando como ella quiere, en formas y colores. Eso a me sorprende un montón, y quizás tengo algo por descubrir de mí misma. La verdad es que no he investigado tanto sobre mis raíces.

Lo que sí te puedo decir de estas mujeres que se empezaron a manifestar en mi trabajo, es que pueden ser cualquiera, puede ser una mujer indígena, o alguien que viene de otro continente, puede ser una mujer negra, una mujer blanca, una mujer japonesa o una de la Polinesia. Es la mixtura de todas las mujeres juntas, siendo todas una sola. Por lo menos, eso es lo que he podido intuir de lo que se ha manifestado en mi trabajo.

Respeto a muchos a las colegas que hacen trabajos especializados sobre los pueblos originarios. Mientras que lo mío va por la transmisión de una idea, de un pensamiento, de una sensación, con algo que va hablando espontáneamente, sin que haya un estudio de por medio. Si parecen mujeres indígenas, yo feliz y orgullosa.

*Foto de portada: mural pintado por las artistas Anis y Ledania en Medellín, Colombia.