A través de sus nostálgicos trazos, marcados a fuego por la figura de sus abuelos, el ilustrador y muralista chileno Fabián Anaya, más conocido como Faya El Capitán, da forma, vida y muerte a antiguos personajes de épocas pasadas, cargados de sabiduría e historias. Hombres y criaturas que manifiestan su melancólico y fantástico imaginario, el que ha podido plasmar en diferentes ciudades latinoamericanas; así como su manifiesto compromiso con la conservación de los océanos.

Para indagar más en su prolífica y apasionante obra, conversamos en exclusiva con el joven dibujante, oriundo de la comuna de Recoleta, Santiago, quien actualmente forma parte de la organización ambiental Sea Shepherd Chile.

Logotipo diseñado para la campaña “Humboldt National Campaign” para Sea Shepherd.

¿Cómo fueron tus inicios en el dibujo, y de qué manera tu vocación artística se fue encauzando hacia la ilustración?

Yo empecé a pintar de cabro chico. Siempre me gustó el dibujo. Durante el colegio empecé a leer y a coleccionar cómics, y eso me hizo preguntarme sobre la gente que dibujaba para vivir. Veía que había posibilidades, que había gente que dibujaba cómics y vivía de eso. Ya siendo más grande, entrando en la enseñanza media, comencé a buscar qué estudiar. A mí me gustaba mucho el arte, pero también pensaba que mis papás jamás me iban a dejar estudiar esa carrera. Entonces busqué una carrera que tuviera que ver con eso y entré a diseño gráfico.

En diseño gráfico me iba muy bien, pero casi todo el trabajo era digital, lo que en cierto punto me desmotivó. Por cosas de la vida encontré la carrera de ilustración, y decidí cambiarme, y terminé titulándome de ilustrador. De hecho, hasta hace un tiempo, los diseñadores gráficos estudiaban dibujo gráfico, porque todo lo hacían manualmente. La carrera de ilustración es un poco la vuelta a eso, a hacerlo más analógico.

 

Mural de ballena en un colegio de Balmaceda, Chile.

¿Qué te seduce al intervenir los espacios públicos?

Lo que me gusta de la calle es que uno se va ganando los espacios, vas conquistando lugares, eso tiene mucho el graffiti. Y me gusta a mí también porque lo que yo hago es súper figurativo y la gente siempre lo recibe muy bien. Me gusta mucho que las personas siempre me preguntan cosas cuando me ve pintando o cuando ven mis personajes.  Como te digo, es un acto social y por respeto a eso, y porque me gusta dibujar, hago cosas figurativas. Y ocupo la misma técnica que ocupan los graffiteros. No hago letras, hago personajes. Y me gusta que la gente entienda de primera, entienda que tiene a una persona, que tiene a un pez volando. Y me gusta también porque hago parte a la gente del muro.

¿Qué buscas transmitir a través de estos hombres de siglos pasados?

Soy una persona nostálgica. Siento que no debería haber nacido en esta época. Antiguamente, ser ilustrador o ser dibujante era una profesión muy bien vista. Ellos tenían su familia y vestían como ejecutivos e iban a trabajar como dibujantes. Y siento que se ha perdido ese respeto al dibujante, al artista. Pinto como si estuviera viéndome en el pasado. Y por eso pinto muchos ancianos y abuelos, porque para mí representan la sabiduría, son las personas que tienen las respuestas. Yo perdí a mis abuelos cuando era muy niño. Entonces, nunca tuve a mi tata. También pinto en ese sentido, buscando un abuelo, un tata.

¿Cuáles son tus fuentes de inspiración y cómo opera tu proceso creativo?

La inspiración siempre me ha venido de los cómics, porque desde niño que los leo. Creo que es lo que más me inspira. Pero también me inspiro en lo cotidiano. Me gusta observar y analizar mi mundo, y a eso trato de darle sentido, esas metáforas que te digo yo, como el hecho de pintar un anciano porque anhelo ser un abuelo, anhelo tener historias, anhelo poder contar una vida interesante. También pasa que desde que yo pinto mis amigos me dicen El Capitán, porque yo pintaba peces y marineros, y empecé a adaptarme a ese personaje.

Por lo general, voy observando y hago algún pequeño boceto de algo que se me ocurre. Y así parte, por una idea, por una película, por una canción. Y de eso, alguna idea pequeña la transformo en ilustración o la pinto directamente en un mural.  O muchas veces me dan la idea  y tengo que hacer algo en relación a ésta.

El mar está enraizado profundamente con tu obra, así se puede apreciar en los diferentes personajes que la protagonizan: marineros y diferentes criaturas acuáticas. Asimismo, has realizado algunos trabajos para Sea Shepherd Chile. ¿De dónde surge este vínculo con los océanos, y de qué forma crees que tu obra aporta a su conservación?

La unión es la siguiente: la estética de los ancianos que me gusta pintar es muy cercano a los marineros antiguos. Entonces, empecé a dibujar muchos marineros, porque para mí encerraban las mejores historias.

Y por otro lado, soy vegetariano y animalista. Empecé a pintar peces, porque para mí son los animales menos apreciados, los que menos empatía nos generan. Uno va a la feria y ve el pez muerto y es como si fuera una fruta.  Siempre hago pescados que parecen muertos, y es una forma de decirle a la gente –te pongo un animal muerto y a ti te da lo mismo–. Es una especie de protesta. Por lo mismo conocí a la gente de Sea Shepherd. Los conocí en un festival e hice un mural en honor a ellos, agradeciéndoles lo que hacen, que es la defensa del mar, que para mí es súper importante. Sobre todo para nosotros como país, que tenemos una costa gigante, donde la sobreexplotación de los recursos marítimos es horrible; no hay respeto y falta una cultura de valoración del mar. Al hacer el mural, ellos me invitaron a ser parte de su organización. Y actualmente hago toda el área gráfica, como una especie de director de arte.

Has tenido la oportunidad de impartir clases de graffiti y muralismo a niños en riesgo social de 6 a 13 años ¿Cómo ha sido esta experiencia?

Me di cuenta que falta mucha educación visual y artística, porque a la hora de contarles mi trabajo, lo que yo hacía, y al hablarles sobre lo que pasaba afuera y en Chile con el muralismo y otro tipo de expresiones artísticas, ellos mismos transforman su idea de lo que significaba salir a pintar, que era rayar una micro o un muro. Ellos solos se dieron cuenta que era más positivo un dibujo, una imagen, que una letra, que un nombre, que marcar territorio.

¿Cuánto percibes que ha cambiado la connotación negativa que por años ha tenido el arte urbano en general?

Efectivamente, la imagen que se tenía del arte urbano está cambiando. A nivel mundial, el arte urbano entró a las galerías, entro a la elite. Muchos artistas urbanos son considerados los artistas del momento. El muralismo es como la nueva corriente artística y al entrar a ese nivel, el respeto cambió absolutamente. Por otro lado, y como te digo, el mural es potente, porque es un acto social. Al pintar en la calle estas invadiendo un espacio, pero si haces algo bonito, la gente lo recibe de buena forma. Y esa persona termina integrando este mural. Es como un arte abierto hacia todos.

Por eso creo que es súper importante lo que está pasando, porque al entrar a las galerías, las personas que en un futuro vayan a éstas, y vean una obra de un tipo que pintó a pocas cuadras de su casa, se van a sentir mucho más cercanos que a otro pintor que está todo el día encerrado en su taller tirando manchas, y después muestra la cuestión, y te dice que se inspiró en no sé qué. Y el arte tiene eso, que es muy lejano de las personas, a veces es excesivamente personal. Y el muralismo está rompiendo con eso, porque es arte de la gente que se quiere expresar. Yo creo que ahora, de a poco, Chile lo está entendiendo, y es más aceptado. La gente en sí ya no combate tanto con eso. Prefiere tener un mural que sea una casa roja, limpia, porque les da más alegría, les da más libertad. Los colores a todos nos provocan libertad.  Todos viven sumergidos en un rutina con sus trabajos, y ver un mural es como mirar por una ventana, un oasis.

“Hagakure”. Mural en Providencia, Santiago de Chile.

¿Cuáles crees que son los pro y los contra de internet y las nuevas tecnologías en el oficio de ilustrar?

Con las redes sociales todo es muy instantáneo, todos quieren ser vistos, todos quieren llamar la atención. Se ponen a dibujar, a copiar estilos, a repetir el mismo personaje para llamar la atención. Y como que las redes sociales te obligan un poco a ser alguien. Entonces, se obsesionan más en cómo lograr ser alguien, que en cómo hago que mi trabajo valga la pena o sea interesante.

Los pro es que ahora es todo más rápido al tener aparatos digitales. La tecnología te facilita el trabajo. Antes todo tenía que ser a mano, súper medido, no te podías equivocar, si te equivocabas la forma de arreglarlo era bastante complicada. Por un lado es bueno, porque el mercado te exige también tiempos, correcciones. Y eso solo te lo permite la tecnología.

“Bacalao”. Acrílico sobre madera.

Antiguamente no era así: te pedían una ilustración y estaba mala y tenías que hacerla completamente de nuevo. Y por la misma plata. Y ahora borras una parte, y la vuelves a hacer encima y no se nota… Ese yo creo que es el beneficio de las tecnologías. Y por otro lado, que te conozcan afuera. Las redes sociales tienen eso de que tú vives en Chile y compartes tu trabajo y la gente lo ve en Rusia, lo ve en Japón. Eso igual me ha beneficiado porque hay personas de afuera que han venido acá y que me han pedido trabajar para ellos, o que directamente vienen a comprar una obra mía porque me vieron en internet.

 

¿Hacia dónde se dirige la embarcación del Capitán Faya, qué nuevos puertos y proyectos se asoman en su horizonte?

Estoy haciendo un diplomado en arte. Me gusta mucho la pintura en general y siento que esto me ayuda a entender mejor la posición de los muralistas en la historia. Estudio porque quiero tener las herramientas para mejorar mis procesos creativos y fundamentar de mejor manera mi obra.