Nuestro colaborador de hoy es el fotógrafo y experto en conservación, José Gerstle, quien nos comparte una reflexión sobre la importancia de considerar a las comunidades locales al realizar proyectos de conservación, inspirada en su experiencia en el humedal el Pantanal, ubicado al sur de Brasil.

 

El Pantanal es considerado el humedal más grande del mundo. Con una extensión de casi 140.000 kilómetros cuadrados -450 kilómetros de largo y 200 de ancho-, este lugar alberga una abundancia y diversidad de especies mayor que casi cualquier otro lugar en el planeta.

En el Pantanal existen cerca de 600 especies de aves, 240 mamíferos, más de 80 anfibios y 180 reptiles y más de 300 especies de peces, lo que da luces de su altísima biodiversidad. Si bien hay pocas especies que son endémicas del Pantanal, ya que también están presentes en otros ecosistemas adyacentes, como la Amazonía o el Cerrado, el Pantanal es un sitio clave para la reproducción, alimentación y migración de cientos de aves y peces. Los regímenes de inundación de este ecosistema hacen que esté constantemente cambiando, así como la flora y fauna que lo habitan.

©Jose Gerstle

En este humedal también habitan varias comunidades de personas, con ellas sus respectivas actividades productivas, entre las cuales se puede mencionar la agricultura, la pesca de subsistencia, productiva y deportiva, también la minería y el turismo.

Si bien la minería y la agricultura son una importante fuente de trabajo a nivel local, las externalidades negativas de estas actividades son bastantes, y sus consecuencias son palpables en distintos ríos y lagos que componen la red hídrica del Pantanal. Al mismo tiempo, a la zona ha llegado un gran número de proyectos financiados por inversionistas chinos, los cuales a su vez traen trabajadores de China, que ven en los jaguares y otras especies una fuente de productos para satisfacer la demanda de elementos para la medicina tradicional china, de esta forma han comenzado a comercializar partes de distintas especies, entre ellas de jaguar, poniendo una gran presión a través de la caza furtiva para este y otros animales.

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La actividad agrícola afecta de varias formas a la biodiversidad en el Pantanal, por un lado, los incendios intencionales para limpiar el bosque y así crear espacios para praderas que van diezmando de forma muy rápida el hogar de miles de especies que habitan este lugar. Por otro lado, el escurrimiento de fertilizantes y agroquímicos en los ríos causa estragos; estos se van acumulando en los peces que son la base de la cadena trófica, y luego se acumulan en las aves, caimanes, anfibios y mamíferos a lo largo de toda la cadena alimenticia. Por último, está el conflicto de los ganaderos con los felinos; los primeros perciben a los segundos como una gran amenaza para su ganado (es notorio que los conflictos entre depredadores y agricultores se repiten a lo largo del planeta, desde los Himalayas, con el leopardo de las nieves, hasta los Andes, con el puma). Por este motivo, los ganaderos matan a los grandes felinos del área, especialmente a los jaguares, para proteger a su ganado.

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Percepciones de la gente hacia los jaguares

Debido a la cacería de jaguares como respuesta a la muerte del ganado y la falta de educación sobre el rol ecológico de la especie, los estudios realizados se han centrado en comprender el conflicto entre jaguares y ganaderos a partir de la percepción que estos últimos tienen del felino. En uno de estos estudios, se intentó establecer cuáles eran las motivaciones de las personas para matar jaguares. La conclusión de esto fue que los factores que motivan a las personas a matar jaguares, son tanto internos como externos. El miedo, el eventual daño económico sobre el ganado y una forma tradicional de enfrentar el problema eran algunos de los gatillantes. De esta forma se concluyó que para abordar la matanza de estos felinos, había que abordar el problema de forma multidisciplinaria, es decir, que además de hacerlo una práctica ilegal y perjudicial económicamente, era necesario que fuese un acto socialmente rechazado, ya que ningún variable por sí sola motiva a los rancheros a eliminar a los jaguares.

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De forma similar, el investigador Dos Santos y su equipo evaluaron en 2008 las percepciones de la gente hacia los jaguares en cinco ecosistemas de Brasil, obteniendo resultados sumamente interesantes. En este estudio, fueron los habitantes del Pantanal quienes más valoraron la importancia ecológica de este felino, probablemente porque la coexistencia entre jaguares y ganaderos en el Pantanal es mucho mayor que en todos los otros ecosistemas de Brasil. En el Pantanal se han planteado la intención de querer conservar esta especie, sobre todo en los últimos años. Es en esto último es en donde se deben tomar líneas de acción que ayuden y aseguren a la conservación de esta especie, sobre todo en el Pantanal. Por el contrario, en el Amazonas, la expansión de la frontera agrícola ha traído consigo a nuevos habitantes en los territorios, donde bajo la lógica de estos y la pérdida de la identidad cultural local, un tercio de los encuestados, respondió que los jaguares debían ser erradicados.

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El turismo como alternativa

Según un estudio publicado por el investigador Tortato y su equipo en 2018, los jaguares valen 56 veces más vivos que muertos. Es decir, es mucho más alto el valor económico que generan a través del turismo de intereses especiales, que el valor económico del daño que causan a lo ganaderos como consecuencia de pérdidas económicas por ataques al ganado. El valor del beneficio por concepto de turismo que generan los jaguares en el Pantanal, bordea los 6 millones de dólares anuales, mientras que las pérdidas anuales por ataques de jaguares al ganado doméstico, rondan los 120.000 dólares. En este contexto, los jaguares son un gran activo para el turismo de naturaleza, y por ende el gobierno brasileño debiese tomar todas las medidas para potenciar esta actividad, en cuanto a normativa, infraestructura, educación ambiental y promoción, la que puede llegar a ser una gran herramienta de conservación no solo para la especie, sino para todo el ecosistema del Pantanal. En esta línea, aparecen distintas alternativas para lograr mitigar los daños económicos que los jaguares pueden generar a los agricultores; por ejemplo, los turistas que viajan a ver los jaguares, podrían aportar a financiar un seguro para los agricultores por las pérdidas económicas generadas por los ataques de jaguares, un modelo que se ha ido estableciendo en otros lugares del mundo donde hay conflictos entre felinos y ganaderos, el cual ha tenido muy buenos resultados.

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En conclusión, se debe entender que cada día más, es necesario entender a la naturaleza y a las personas como un todo, en donde las soluciones a los conflictos ambientales y las medidas de conservación que se vayan a tomar, deben estar enfocadas de forma multidisciplinaria, abarcando áreas tan diversas como la biología de la conservación, las políticas públicas, la economía, la antropología, la geogragía y la educación ambiental (que ha tenido excelentes y demostrables resultados en Brasil, como el caso del tamarino león dorado en la zona de RÍo de Janeiro). Así, cobra especial relevancia la siguiente cita en el trabajo de P. Schultz “… para alcanzar objetivos de conservación efectivos, se requieren cambios conductuales humanos”, hoy en día, no parece haber otra forma.  

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Referencias

Alho, C., & Silva, J. (2012). Effects of severe floods and droughts on wildlife of the Pantanal wetland (Brazil)—a review. Animals, 2(4), 591-610.

Alho, C. J. R. (2011). Concluding remarks: overall impacts on biodiversity and future perspectives for conservation in the Pantanal biome. Brazilian Journal of Biology, 71(1), 337-341.

Marchini, S., & Macdonald, D. W. (2012). Predicting ranchers’ intention to kill jaguars: case studies in Amazonia and Pantanal. Biological Conservation, 147(1), 213-221.

Engels, C. A., & Jacobson, S. K. (2007). Evaluating long-term effects of the golden lion tamarin environmental education program in Brazil. The Journal of Environmental Education, 38(3), 3-14.

Schultz, P. W. (2011). Conservation means behavior. Conservation biology, 25(6), 1080-1083.

 

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