Todo comenzó cuando un profesor de música, siendo un niño, quedó pasmado junto a su hermano al ver a dos picaflores revoloteando en un maqui. Ese momento de su vida marcó para siempre su camino, ruta que lo llevó a crear décadas después el Museo Bioacústico de la Reserva Natural El Natri (8va región).

*foto portada por Mateo Barrenengoa

En medio de la suntuosa y profunda naturaleza de la Reserva Natural El Natri, de la octava región de Chile, se encuentra un proyecto único en su especie, un espacio en desarrollo para escuchar con atención y conciencia los sonidos de una naturaleza potente y rica en biodiversidad: el Museo Bioacústico. Y qué mejor que emprenderlo en esta reserva, que protege 314 hectáreas de bosque nativo a orillas del lago Lanalhue, entre Contulmo y Cañete, en la provincia de Arauco.

Para llegar a este especial lugar de encuentro se debe caminar por un sinuoso sendero en medio de un bellísimo mallín (humedal con árboles), convirtiendo la visita en una experiencia completa de encuentro con la naturaleza, donde al regreso se pueden aplicar in situ las habilidades desarrolladas en el museo.

La idea pertenecer a Francisco Rivas, profesor de música oriundo de Cañete-Contulmo, “y entre estas dos ciudades vivo, cerquita del Museo”, nos cuenta. Y relata cómo nace esta iniciativa, momento de su infancia que marcó su vida para siempre. “Cuando era chico, me gustaba jugar al aire libre con mi hermano. Fue así, jugando en el patio, que un día nos quedamos pasmados frente a unos picaflores que revoloteaban en un maqui. Desde ese día no hemos parado de observar aves”.

Más grande, Francisco estudió pedagogía en música, y cuando preparó su tesis, analizó musicalmente el canto de nuestras aves. “En ese estudio conocí la bioacústica, que es el estudio científico de la comunicación sonora en animales. Me compré una grabadora chiquitita, tipo entrevista, y empecé a pajarear de nuevo, esta vez llegando a la casa con algo más bajo el brazo: sonidos. Sonidos que podía escuchar una y otra vez, y que podía memorizar más fácilmente. Entonces fui descubriendo que cada especie tenía muchos más sonidos de los que yo pensaba, y me sumergí en la exploración de este mundo sonoro, que siempre estuvo aquí a nuestro alrededor, pero que permanecía oculto y prístino, sin que nadie le prestara atención”.

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Y fue tanto su entusiasmo, que luego de aprender de qué se trataba este interesante tema, quiso mostrarlo a los demás, “porque no hay mucha gente que trabaja en Bioacústica en Chile. Se pueden contar con los dedos de las manos, y si publican su trabajo, lo hacen en revistas o medios especializados que ni siquiera son accesibles en internet. Además, los libros que hablan de los sonidos de las aves son poquitos y están todos en inglés. ¡Falta difusión científica en Chile! Hay que hacer algo, pensé… ¡Un libro!”, relata Francisco entusiasta.

Sin embargo, Francisco se encontró con un primer obstáculo: cuando tenía la maqueta de su libro medio armada, cayó en la realidad de que se sabe muy poco de la Bioacústica de aves chilenas. Y el libro quedó a la espera.

Pese a esto, el profesor no se quedó inactivo y en seguida fue desarrollando la idea de un lugar físico donde la gente pudiera interactuar con los sonidos de las aves chilenas a través de la tecnología. “Algo así como un museo”, explica. Y se le presenta un nuevo obstáculo: reunir los fondos para concretar su iniciativa.

El 2014 se presentó una oportunidad: Innova Biobío llamó a concurso para proyectos de innovación turística y, afortunadamente, les gustó el proyecto. “Gracias al ello, pudimos construir un domo geodésico y comprar los equipos necesarios para comenzar con exposiciones interactivas. Por desgracia, el techo fue destruido por un temporal, y quedamos sin plata para repararlo”, describe Francisco, quien agrega que esperan poder solucionar este problema a fines de este año y poder abrir por fin, luego de 2 años.

NOMBRE: MUSEO; APELLIDO: BIOACÚSTICO

Mientras desarrollaba el proyecto, Francisco pensó que necesitaba llegar más allá que una “simple” guía sonora para identificar las distintas especies. “Necesitaba encantar a nuevos investigadores en potencia, y a través de la divulgación científica, potenciar el conocimiento sobre nuestras especies”.

Entonces, le pusieron el apellido Bioacústico, pues además de explorar los cantos de nuestras aves, anfibios e insectos, quienes visiten el museo tendrán la oportunidad de conocer el trabajo científico que hay detrás de la Bioacústica y sus distintas aplicaciones.

“Ahora, estamos desarrollando aplicaciones simples para los paneles de exhibición y terminando el diseño de los mismos, y en septiembre estará nuevamente disponible nuestro sitio web, donde habrá una sinopsis de la experiencia del museo. Por lo pronto, estamos ahorrando dinero para poder reparar el techo e implementar el domo con las instalaciones, mientras que seguimos buscando voluntarios que nos ayuden a mejorar el diseño”, explica Francisco sobre la etapa actual del proyecto.

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SOBRE DOCUMENTAL

Inspirado por la figura de David Attenborough, desde hace tiempo Francisco ha tenido el sueño de hacer divulgación científica sobre la Bioacústica enfocada en especies chilenas. “Como profesor de música, trabajo en un liceo municipal de Cañete, donde además hago un taller de Bioacústica que dura 4 años con niños de primero medio”.

“Primero, pensé hacer este proyecto de documental en solitario, pero creo que los niños pueden transmitir el mensaje a un público más amplio, y para allá vamos, elaborando el guión. El documental abordará el tema desde una perspectiva transdisciplinaria: desde la física del sonido hasta la selección natural: el canto de las aves nos llevará por un viaje que abrirá nuestros oídos”.

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