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Esta realización colombiana obtuvo el galardón a mejor película en los Oscar en febrero de este año, también en los Premios Platino en Uruguay y en la competencia internacional en Sanfic, Santiago. Es decir, El abrazo de la serpiente ha arrasado prácticamente en toda competencia que se presenta.

Y si habría que definirla, podemos identificarla como una película purista, copia de nada, que se acercaría a un género al que podríamos llamar cine indígena. El filme  está íntegramente grabado en la selva y se compone por escenas en blanco y negro. 

Karamakate, el protagonista, se relaciona con dos investigadores, uno del pasado, -Theodor-, y otro del presente,- Evan-.  Karamakate es un cohiuano que vivía completamente solo cercano a la rivera del rio amazonas. Llegan hasta él dos personas; un nativo llamado Manduca que se ha “occidentalisado” y Theodor,  un investigador alemán que viene enfermo en una canoa.

Al principio Karamakate no quiere ayudarlos, pero ve que Theodor poseía un collar de gente de su pueblo, del cual Karamakate ha perdido cualquier rastro. Parten juntos en un viaje para encontrar a los cohiuanos y la Yakruna, que según Karamakate es la única planta que puede salvar a Theodor.

Occidente y lo nativo son dos mundos que chocan como si quisieran cambiar sus identidades. Hay lugares que parecieran congelados en el tiempo y pareciera que la mente humana es moldeable, que no hay cuento que no le puedas contar a otro que no ha visto con sus propios ojos la “realidad” que hay afuera.

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Tipo caverna de platón, aquella cueva en la que se proyectaban con las sombras y un fuego algo llamado realidad. Jamás había salido al mundo exterior, por lo tanto no lo sabe, nuestras identidades son cuevas donde nosotros vivimos. En este caso nosotros y nuestro mundo occidental que un nativo del amazonas desconoce tal como nosotros desconocemos su mundo.

Por ejemplo, el filme muestra cómo efectivamente el desconocimiento total de la “realidad” por parte de niños en el Amazonas, permite que personas externas a su mundo se aprovechen de su inocencia, -especialmente los católicos-, quienes empezaron a educar a esos pequeños alterando sus cosmovisiones.  Creo que esta historia habla un poco de lo puro, de como incluso un nativo puede llenar su corazón de odio y no permitir que las medicinas lleguen a las personas.

Es como si nuestra época fuera deformando toda tradición. Como si fuéramos petróleo sobre un mar. Pero claro. ¿Qué sucede con los origines del hombre con respecto a los avances de la tecnología? 

Se ven unos indígenas en la película que al ver una brújula querían quedarse con ella, a pesar de que ellos pueden orientarse mirando las estrellas. Lo nuevo siempre distrae, siempre por alguna extraña razón pensamos que podría ser mejor.

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“Tira tus maletas al río”, le dice Karamakate a Theo. “No puedo, sin esto, nadie va a creer que estuve acá contigo”.

Carga con mucho esfuerzo el peso de querer comunicar, mientras que Karamakate no carga ni siquiera con el de una polera.

Theo entiende y le comparte sus dibujos a Karamakate que no lo respeta mucho. Theo ama profundamente esos papeles porque representan la forma en que el compartirá con la sociedad esta aventura, lo que quizás para el director es hacer esta película.

Para Karamakate sería mejor que todo aquello quedara escondido para siempre, que nadie supiera de ciertas plantas, porque tarde o temprano despertarían la ambición del hombre blanco. Que lo poco que toco en esta selva lo destruyo. “Es lo mas sabio que le he escuchado a un hombre blanco decir” dice décadas después Karamakate al escuchar a Evan que dedica su vida a las plantas.

Lo cierto es que es difícil llegar a algún lugar ahí dentro sin el apoyo de un nativo, pero el nativo, seguiría en ese rol por siempre, no hay cómo negociar con él, no al menos de la forma en que se negocia en la ciudad. Ellos solo se subirían a la canoa para remar por algo real.

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