El Norte Grande de Chile, -compuesto por las regiones de Arica y Parinacota, Tarapacá y Antofagasta-,  es una de las zonas menos pobladas de Chile y la mayor parte de su población se ubica en las capitales regionales. Esto ha permitido que los animales que han habitado en este territorio durante miles de años puedan seguir viviendo libremente, siempre en busca de los asentamientos cercanos a los cauces de agua, ya que este es un recurso limitado en la zona.

Eso ha generado una serie de amenazas para las diferentes especies  de fauna silvestre, frente a un escenario de escasez hídrica, ya que muchas comunidades indígenas que son netamente agrícolas se asientan también en estas zonas y caen en conflictos constantes con animales como la vicuña (Vicugna vicugna), el guanaco (Lama guanicoe) y la taruca (Hippocamelus antisensis).

Este último mamífero es el conocido huemul del norte, la taruca o taruka (venado en la lengua aimara), ungulado de tamaño mediano y corpulento que habita principalmente en la precordillera de Los Andes entre Perú, Bolivia, Chile y en una pequeña parte de Argentina. Desde 1996 que se encuentra en peligro de extinción, ya que es catalogada como Vulnerable (VU) a nivel internacional por la UICN.

En esas mismas regiones trabaja la organización Tarukari, una ONG que se dedica a la investigación y divulgación de información científica sobre la biodiversidad de especies que están presentes en la precordillera de Los Andes en el Norte de Chile desde el 2013, pero se constituyeron como ONG a fines del 2015.

Para conocer más sobre el estado de la Taruca y de su estado de conservación, conversamos con André Vielma, uno de los fundadores y veterinario de la agrupación, en su oficina que se encuentra a kilómetros de su zona de estudio: el Norte Grande de Chile.

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Endémico (E): ¿Por qué pensaron esta organización en esta parte del país?

André (A): Bueno el origen mismo de la afición de mi compañero, Nicolás, con las tarucas. En realidad, él y yo siempre estuvimos vinculados a esa zona por distintas situaciones, como voluntarios, después ambos realizamos nuestra tesis en la localidad.Y así fue como nos enamoramos de esa zona porque la gente y la fauna allá es bien mágica. Bueno, y es diferente porque esa zona es ecológicamente distinta. Las aves que ves allá; no las ves en casi ninguna otra parte de Chile, la misma taruca sólo está en Arica y Tarapacá y en ninguna otra parte de Chile. Poco a poco fuimos trabajando allá y así mismo pusimos a la taruca como especie bandera de la organización por ser tan poco conocida y a la vez tan amenazada.

E: ¿Cuál es la diferencia de la taruca  (que es el huemul del norte), con el huemul del sur?

A: Son parientes, son del mismo género, pero un las diferencias más notable, obviamente, es la distribución, imposible confundirlo en terreno, otra diferencia es que las astas de la taruca se bifurcan en la base, y el huemul tiene la base, el tronco principal y después se dividen las astas. También la coloración, porque el huemul es un poco más obscuro. El huemul en la nariz, el macho sobre todo, tiene negro una Y negra, que la taruca no tiene.

captura-de-pantalla-2016-11-10-a-las-9-39-32-p-mE: Ustedes no sólo investigan para la conservación de la taruca ¿sobre qué otros temas han investigado allá?

A: En general de la biodiversidad. O sea, por la formación de los que empezamos hay como un sesgo más hacia fauna, pero yo diría que hacemos conservación de la biodiversidad y en el fondo, estamos en una etapa de consolidarnos allá en la zona, porque la conocemos bien, hemos trabajado harto ahí, tenemos contacto con  las entidades públicas y las comunidades locales. Nuestro proyecto  apunta a tener presencia fija en la Precordillera de Arica, en las cercanías de Putre hacia el sur, para desde ahí hacer investigación dirigida a la conservación. Por ejemplo comprender en qué áreas existe conflicto con la fauna. Ahora postulamos a un fondo para trabajar con la comunidad porque allá existen conflictos con la taruca, el guanaco, la paloma moteada, y también con los burros asilvestrados.

E: Y ¿cuáles son esos conflictos?

A: Allá hay comunidades aimaras de pequeños agricultores, su agricultura es de subsistencia y estos animales a veces se comen casi toda su producción. Este fondo que postulamos se enfoca en entender este conflicto para que sepamos comprender dónde ocurre más, dónde no ocurre, con qué especies, cuál es la percepción que tiene la gente sobre estas especies y así esto genere la información para buscar soluciones.

E: Además de toda la pugna que hay con los agricultores, ¿cuáles son las principales amenazas para la taruca y en general para todos los animales que habitan en el Norte Grande?

A: Por un lado la taruca allá es vista por las comunidades aimaras como un animal brujo, entonces mucha gente dice que trae mala suerte. Pero, en el fondo, allá el recurso más limitante es el agua, entonces la taruca y las personas viven más o menos en la misma zona, donde hay agua, porque es donde hay más vegetación y se puede cultivar, entonces eso ya genera un choque que es milenario porque las comunidades han vivido ahí por miles de años y la taruca también. Otra de sus amenazas es la destrucción de hábitat que es una de las amenazas para la fauna a nivel mundial.

E: ¿La minería influye en esa destrucción del hábitat?

A: Un poco por las mineras, a pesar de que la taruca es un animal de la precordillera y la minería se hace en la alta cordillera, en el altiplano, entonces no tan directamente, pero sí afecta a la disponibilidad de agua. Lo mismo pasa con el desarrollo de la agricultura, porque para poner un predio destruiste hectáreas de arbustos.

E: ¿Y de qué se alimentaría la taruca si no estuviera la agricultura?

A: Lo principal los matorrales y algunas herbáceas. En esta zona también hay queñuales, que no son alimento de la taruca, pero sí es importante para la biodiversidad y están en peligro de extinción. Hay varias especies asociadas a los queñuales, como el comesebo gigante que vive especialmente en estos arbustos, o el jilguero grande que está fuertemente asociado a los queñuales. Ese es   un ecosistema amenazado. Otra amenaza son las enfermedades. Últimamente ha habido harta alarma porque los guanacos están con sarna y hay poca información al respecto. Una posibilidad es que sea por el ganado, como las llamas, las ovejas y alpacas, pero aun no está claro por eso también nos interesa hacer un estudio. Una posibilidad es que se la contagien ellos, pero para tener certeza hay que tomar muestras, hacer un estudio y ver si los parásitos son los mismos. Y claro también tiene que ver con la interacción de los agricultores que atacan a la taruca y al resto de los animales.

E: Si esta es una zona árida, ¿son muchas las comunidades agrícolas que chocan con la fauna silvestre?

A: Hay muchos poblados de pocos habitantes. La mayoría de la gente más bien viejita, gente de tercera edad, porque la mayoría de los jóvenes se van a las ciudades a estudiar o trabajar. Por ejemplo, en Arica y Parinacota, siempre hablando de la precordillera porque ahí trabajamos nosotros, la ciudad más grande es Putre y después existen varios poblados tal como Belén, Tignamar y Chapiquiña; pero son chiquitos.

Una parte importante de la población es flotante, baja a Arica y cada cierto tiempo sube, y otra parte de la población está siempre fija ahí que es en su mayoría adulta mayor. Y bueno, en la región de Tarapacá es lo mismo. Hay un montón de poblados, pero vive poca gente. Y ahí también hay otro tema, se va perdiendo el manejo ancestral de las comunidades  porque hay menos gente, muchos que de repente tienen habilidades, pero por su edad y enfermedades no tienen la capacidad para practicarlas. Ya no pueden cuidar sus cultivos o el ganado con sus técnicas ancestrales y se van perdiendo las tradiciones. Quizás eso también afecta su relación con la fauna silvestre, en el fondo es una relación que se ha mantenido por miles de años, si ambos han vivido ahí desde siempre.

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E: ¿Y cómo se manejaba esta relación milenaria de los pueblos con los animales?

A: Por lo que nos contaba Camila (arqueóloga del grupo que trabaja en la relación humano-fauna desde un punto de vista arqueológico) siempre ha existido la caza de esta fauna. Se encuentra osamenta de guanaco y de taruca en asentamientos humanos, lo que da cuenta que se utilizaban, pero esa práctica ahora implica una amenaza más grande para la biodiversidad.

E: En esta línea hace falta educación quizás… ¿cómo ven ustedes la efectividad de las políticas públicas para la conservación de la fauna silvestre en  el Norte Grande?

A: Mira justo en el último boletín hablamos de eso, tocamos ese tema. En el fondo yo creo que lo que falta la voluntad política de los organismos. Esa falta de voluntad se traduce, por ejemplo, en la falta de recursos. O en limitaciones como que la taruca está desprotegida porque vive fuera de las áreas protegidas del Estado o marginalmente dentro y en eso organismos como la CONAF están limitados institucionalmente porque no pueden trabajar fuera de las áreas silvestres.

Igual hacen esfuerzos y desde hace unos cuantos años hacen un recorrido para hacer un censo de tarucas y nosotros trabajamos con ellos entregándoles más herramientas, pero no es mucho más lo que pueden hacer porque se escapa de sus manos. Y otro, es que en general la institucionalidad ambiental en Chile tiene muy poco ingreso. Este año me reuní con gente del Ministerio del Medio Ambiente para saber si podíamos trabajar en conjunto y ellos tenían  muchas ganas de hacerlo y comprendían la necesidad, pero no tienen presupuesto más allá de los fondos concursables, que son limitados.

Por otra parte, el SAG lo que hace es recibir las notificaciones de caza ilegal, verificar y tomar nota, pero no está teniendo el rol de ver el tema del conflicto entre la ganadería, aún cuando por la Ley de Caza tiene a cargo la fauna silvestre, pero no se mete en el conflicto entre ganadería y fauna silvestre que en mi opinión debería hacerlo.  Todo eso tiene que ver con la falta de recursos o voluntad política. Como te digo muchas veces las personas tienen la intención de hacerlo, pero su misma institución no lo permite.

E: ¿Qué otro mecanismo además de la prohibición existe para poder proteger a la fauna silvestre en peligro de extinción?

A: La Ley de Caza dice qué especies se pueden cazar y esta misma ley pone a las especies de animales en diferentes categorías en peligro crítico, fuera de peligro, etc., y además esa ley está a cargo del SAG. También está el reglamento de calificación de especies, que hizo más moderno ese mismo listado de especies en peligro, en el fondo, van a actualizando las categorías de las especies y eso te dice que la taruca está en peligro y el guanaco en la zona norte está vulnerable.

E: En la práctica, igual es difícil cuidar un animal porque ellos son libres y se mueven.

A: Claro, o sea, el SAG tiene ese deber y facultad de fiscalizar pero tampoco puede andar detrás de cada animal viendo que no sea cazado. O sea, igual está la brigada del Medio Ambiente, la PDI y Carabineros, pero tienen equipos especiales que ven el crimen más organizado contra la fauna silvestre, por ejemplo la caza a vicuña porque hay agrupaciones internacionales organizadas que son carteles de tráfico. Por ejemplo, la fibra de la vicuña que es carísima la usan para hacer prendas de vestir.

Al finalizar esta conversación, Andrés nos cuenta que Tarukari firmó hace poco un convenio con el Zoológico Nacional para brindarse apoyo mutuo y así desarrollar iniciativas en terreno para la  conservación de especies en el Norte Grande.  Además enfatiza que tienen un interés particular en estudiar el tema de transmisión de enfermedades entre animales domésticos y fauna silvestre, un problema que aqueja a todos los animales silvestres que conviven con asentamientos humanos y que hace más latente su extinción.

Si quieres conocer más sobre el trabajo de Tarukari, te invitamos a visitar su página web y Fanpage de Facebook .

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