La permacultura es una forma de vida alternativa que se practica en distintos lugares del mundo. A su sistema suelen integrarse todas aquellas personas que buscan cambiar las lógicas de consumo que mantienen la dependencia industrial y, por tanto, la sobreexplotación de los recursos no renovables, para así alcanzar la autonomía económica y alimenticia. Este tipo de iniciativas también se practican en Chile y en el siguiente artículo te invitamos a conocer algunas motivaciones y formas de sustento que existen en esta parte del globo.

A nivel global, estamos viviendo un período de transición en donde el humano busca respuestas más holísticas a sus problemas, los cuales muchas veces tienen una base material, económica, que conlleva otros conflictos internos, de ideología, espiritualidad y emocional. Con ello, comprendemos de inmediato que el sistema económico es el  principal antecedente de nuestros conflictos contemporáneos-ambientales. Pensemos que solamente la industria del cemento genera el 7% de la liberación de CO2 en la atmósfera, mientras que la explotación de los combustibles fósiles, como el petróleo, el gas y el carbón, producen constantes guerras y luchas de poder que tienen las relaciones humanas en decadencia.

Como soluciones, existen alternativas de vida como la “permacultura”. Esta propuesta social es una tendencia que posee su origen el año 1970 en un continente muy lejano al latinoamericano, año en que los australianos Bill Mollison y David Holmgren desarrollaron una serie de ideas que incentivaron la creación de sistemas agrícolas limpios. Esta fue su respuesta al uso cada vez más frecuente de métodos agroindustriales destructivos,  que estaban envenenando la Tierra y el agua, reduciendo drásticamente la biodiversidad y destruyendo toneladas de suelo que anteriormente mantenían paisajes fértiles.

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Esta contestación conllevó la creación de diferentes proyectos ecológicos que promueven un cambio transversal a través de diferentes aspectos de la vida cotidiana de la sociedad. La permacultura, entonces, promueve generar un vuelco en temas como la organización política, la infraestructura, la economía, la administración y uso de la tierra, la educación, la salud, la espiritualidad y la economía.

En nuestro país,  existen unos 120 proyectos distribuidos a lo largo de todo el territorio, los cuales generan actividades para difundir y enseñar cómo practicar la agricultura y apicultura orgánica, producir tus propios fertilizantes y cosméticos, construir casas de súper adobe y sistemas de baño seco, entre otros conocimientos.

“En permacultura siempre se habla que hay que generar sistemas resilientes, y para eso, los elementos del diseño deben cumplir varias funciones que sean independientes entre sí. Si un elemento dentro de tu diseño falla, su función no debiese dejarse de cumplir. En el caso del agua, si dependes de la energía eléctrica para obtenerla (como lo es para pozos profundos), tu sistema se viene abajo sí esta falla, y ya no tiene nada de sostenible”, comenta Emanuel Canales, miembro del proyecto ecológico Casa Kalfumalen, ubicado en Loncoche y creador de la Escuela de Apicultura Natural.

A los 20 años, Emanuel abandonó sus estudios universitarios de sociología para irse a vivir a un sector rural de la zona central con sus familiares. Allí fue donde aprendió sobre apicultura, gracias  a las lecciones de un vecino que la practicaba y “no en una escuela, simplemente, porque la apicultura no se enseñaba”. Cuando Canales comenzó a desarrollar y estudiar más profundamente el ciclo de producción de las abejas y la forma de extraer respetuosamente su alimento, decidió innovar, creando la Escuela de Apicultura Natural Chile, donde hoy en día realiza talleres y charlas para que la gente aprenda a mantener sus propias colmenas.

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La apicultura natural es una forma de generar resiliencia de los proyectos agroecológicos. Foto: Emanuel Canales.

Para el apicultor, esta es una de las técnicas más inteligentes que un permacultor puede utilizar para fomentar la resiliencia en su diseño, ya que “además de producir alimentos y medicina (propóleos), apoya todo el sistema agrícola en general, ya que gracias a las abejas, la polinización mejora en cuanto a calidad y cantidad”, además de los aportes económicos que puede dejar sin la necesidad de dedicarle tantas horas al día. “En nuestro caso particular, ha resultado súper importante, porque la permacultura es un fenómeno netamente urbano, aunque en Chile la mayoría de los proyectos se ubican en sectores neorurales, donde el tema económico se vuelve una valla cuando deciden irse al campo a sembrar la tierra donde, realmente, se hace más complejo de lo que se pinta en los cursos”, cuenta.

Tal como Emmanuel, existen muchos otros entusiastas y grupos de personas que se motivan a dedicar sus vidas a estos sistemas, buscando y desarrollando un nicho de trabajo que les facilita mantenerse en el tiempo y, a su vez, presentarse como una alternativa al sistema de dependencia laboral y económica de la vida moderna.

Otro ejemplo clarísimo y potente de la resiliencia lo promueve la Casa El Manzano, uno de los proyectos más exitosos y reconocidos por ser uno de los primeros en Chile, que se encuentra ubicada en el corazón de los arenales en la comuna de Cabrero, Región del BíoBío. Este centro de enseñanza nació en el 2007 de la mano de tres hermanos: Jorge, José y Javiera Carrión Raby, quiene con el tiempo fueron transformando poco a poco la lógica de producción rural que se practicaba hasta ese momento en el fundo de Maureen Raby y Victor Carrión (padres), y que se mantenía desde los años 70 como un  sistema tradicional de cultivo en mediaría, y que entre los 80 y 90 se plantó con pino insigne.

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Foto: Casa El Manzano.

En la casa El Manzano promueven el fortalecimiento de las relaciones humanas en sus iniciativas a través del concepto de “Educación Transformativa”, con el cual han intentado difundir diseños sociales que permitan fomentar sistemas respetuosos con el entorno y la vida en la Tierra.

“Si pensamos un poco, todos los tipos de crisis que están sucediendo (ecológicas, sociales,  energéticas, económicas, etc.) tienen una raíz principal que es la codicia y el egoísmo del ser humano, que en gran parte se ha desarrollado así en los últimos 50 años por la forma de economía que el mismo ha implantado”, aclaran en un documento donde explican su trabajo.

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Taller de bosques comestibles en El Manzano. Foto: El Manzano

En el mismo sentido, otro motor que sustenta la economía es la producción de alimentos orgánicos, trabajo gracias están certificados en la red de Comercio Justo, con la que pueden acceder a otros mercados con sus productos. Todo este diseño de vida, que sirve para transformar la economía, se enseña en El Manzano a través de cursos, pasantías y voluntariados, lo que les permite sustentar el proyecto y sus vidas (mes a mes se realizan nuevas actividades que puedes revisar en su página web).

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Más al centro de Chile también podemos encontrar otros proyectos agroecológicos que enseñan y proponen lógicas alternativas para sustentarse. La Ecoescuela Vivencial de la comuna de Quillota, en la Región de Valparaíso, es un ejemplo de ellas. Ésta se conformó gracias a la iniciativa de seis personas que durante el 2011 comenzaron a construir un espacio de enseñanza que trabajara en torno a la transición de la ciudad de Quillota a la resiliencia local.

Partieron construyendo una casa con técnicas de bioconstrucción y una huerta biodinámica en un terreno de media hectárea (aprox.) en el sector de San Isidro. Con el  paso del tiempo, el 2014 lograron trasladar el grueso del proyecto al sector de Las Pataguas (también en Quillota), donde poseen más hectáreas para cultivar y desarrollar el resto del proyecto de permacultura que desean. Allí es donde realizan algunos talleres y charlas para incentivar la autonomía y emprendimientos propios, promoviendo la producción de alimentos, cosméticos y biofertilizantes (para más información, pueden visitar su página web).

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Agricultura en la Ecoescuela de Quillota en Las Pataguas. Foto: Ecuescuela Quillota en Transición.

Hasta Kalfumalen, la Ecoescuela Vivencial o El Manzano llegan habitualmente cientos de curiosos, extranjeros y familias que quieren aprender sobre la permacultura o cualquiera de sus áreas para fomentar su divulgación en otros lugares.

Por ejemplo, Diego Salas es un joven psicólogo que llegó hasta El Manzano el año pasado como voluntario para aprender más sobre el fenómeno de la permacultura. Luego se dirigió a Ralco, en Alto Bío Bío, para realizar una investigación sobre el alcoholismo en la zona. Sin embargo, una vez allá, descubrió que todas las comunidades pewenches que la habitan practican la permacultura aún sin llamarle directamente “permacultura”.

“Al principio no podía dar crédito a lo que veían mis ojos; estas personas son permacultores ancestrales, la tienen clarísima, pero ¿por qué nadie lo sabe? ¿Por qué a nadie le importa? Descubrí que esta forma ancestral de vida estaba en franco decaimiento, que esto no era casual  y que gracias a la insistente lucha de los ancianos del lugar, no ha desaparecido”, cuenta Diego.

Y así fue como decidió su destino, ya que pronto se percató que existía un lugar donde desarrollar la permacultura. En conjunto con su socio, Eduardo Pizarro, comenzaron un proyecto comunitario abierto para trabajar la Tierra, combinando los conocimientos que adquirió en El Manzano y con los agricultores indígenas de la zona.  A este proyecto le denominaron Küñeikiñ, que es el apellido de la familia que antiguamente habitó ese terreno y que se traduce como “vivirá por siempre”.

Los integrantes de Küñeikiñ se mantienen trabajando en comunidades mapuche “pero no gratis, sino que rescatando la práctica tradicional del Trafkintung (trueque)”. Han adaptado esta forma de trabajo, ya que creen que el problema de la permacultura en Chile es que se dirige a ciertas sectores de la sociedad, lo que no permita que a veces llegue donde más se necesita.

“Intentando compartir nuestro mensaje referido a la autogestión y la sustentabilidad, pretendemos demostrar que es posible vivir en armonía con la naturaleza, sin necesidad de entregar las tierras a los grandes empresarios ni abandonar las costumbres ancestrales”.

Como dijo Túpac Katari hace más de 200 años: ‘cuando las personas cosechen sus propios alimentos y construyan sus propias casas, se terminará la esclavitud’. Hoy la esclavitud viene en un envase hermético, se paga en cómodas cuotas, la promocionan por la TV y también tiene fecha de vencimiento”, concluye el psicólogo.

La lógica de todas las iniciativas aquí presentadas y de quienes integran el movimiento de la permacultura en Chile es volver a pensar la sociedad a través de las redes de cooperación que parten de una base pequeña, la comunidad (ya sea la familia, los amigos, o la comunidad local), para llegar a lo más grande, lo global y ese es su objetivo final hoy en día: promover una transición en conjunto. Busca lograr la autonomía para luego buscar redes de apoyo.

Pareciera que hoy  no podemos pensar el mundo como individuos, pues estamos insertos en un ritmo global que nos lleva a complejizar nuestro conocimiento. Para lograrlo, es bueno que las personas con ganas de generar un real cambio en la sociedad busquen la alternativa que les permita estar cómodos en su lugar aprendiendo del ritmo de la Tierra.

Para saber más sobre estas redes, puedes buscar en Chile y el mundo, les recomendamos visitar la página http://www.wwoof.net/ o http://www.permacultura.cl/.

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Construyendo en la EcoEscual Vivencial de Quillota.