Conversamos con Andrés Valenzuela, presidente de la Ong Ranita de Darwin, para conocer más acerca de la labor de esta organización que lucha por la conservación de nuestros nuestros amanezados anfibios, así como también para indagar en el vulnerable estado actual en que se encuentran estos animales, los que  según cifras del RCE ( Reglamento de Clasificación de Especies Silvestres), alrededor de 42  de las 60 especies evaluadas  (70%), se encuentran  en alguna categoría de amenaza.

¿Cómo nace Ong Ranita de Darwin ? 


ONG Ranita de Darwin nace desde la inquietud de un grupo de amigos de sensibilizar a la población nacional sobre el fenómeno de declinación global de anfibios. A nuestro parecer es ampliamente desconocido en Chile que los anfibios están más amenazados que otros vertebrados como las aves y los mamíferos. Esta situación es preocupante no solo por el valor intrínseco que tienen estos increíbles animales, que han sobrevivido y evolucionado por millones de años en nuestro planeta, sino que también porque es una amenaza para el funcionamiento de los ecosistemas naturales y para las funciones y servicios que estos ecosistemas nos proveen. De esta forma, conservar a los anfibios de Chile es también asegurar el funcionamiento ecosistémico y el bienestar de las personas, especialmente de los grupos más vulnerables de nuestra sociedad. Estas son las inquietudes que nos llevan a reunirnos, a aportar con cada una de nuestras habilidades para avanzar en el conocimiento y conservación de los anfibios de Chile.


 
¿Cuáles han sido los principales aportes de Ong Ranita de Darwin al estado de conocimiento y de conservación de los anfibios en Chile ?  

 Somos una ONG incipiente. Sin embargo, durante nuestro corto camino hemos tenido la suerte de colaborar en distintas instancias de difusión y aportar nuestro granito de arena al conocimiento de los anfibios de nuestro país. Una de nuestras aristas de trabajo ha sido el contacto con las comunidades, especialmente en charlas sobre anfibios en escuelas rurales y en la recopilación de información sobre los valores y actitudes de las personas hacia este grupo de animales. Esta última información es esencial para planificar las futuras actividades de difusión y educación que nos  permitan mejorar el conocimiento y protección de los anfibios de Chile.

Otro aspecto importante de nuestro trabajo se centra en la investigación científica pensada para informar planes de manejo y conservación. En este sentido, este verano cumplimos con el cuarto año de monitoreo de 8 poblaciones de ranita de Darwin a lo largo del sur de Chile, desde la cordillera de Nahuelbuta hasta Melimoyu, en la Región de Aysén. Este proyecto de investigación está generando información que nos permitirá entender cómo funcionan las poblaciones naturales de esta especie, información que es crucial para poder conservar a esta increíble y singular criatura.


 
¿Cómo se encuentra  nuestro país en cuanto a estos dos puntos, en comparación con otras naciones que tienen grandes poblaciones de anfibios? 

 En comparación con países tropicales, Chile no cuenta con un gran número de especies de anfibios. Aun así, este número oscila alrededor de las 60 especies, dependiendo del autor. Sin embargo, el endemismo es muy alto; el 72% de las especies de anfibios chilenos son endémicos, esto quiere decir que solo habitan en nuestro país. Si incluimos las especies que además de Chile habitan a lo largo de una estrecha franja de los Andes Argentinos, este porcentaje llega hasta el 90% de las especies. Lamentablemente, y esto es una tendencia a nivel mundial, el número de especies de anfibios chilenos en alguna categoría de amenaza es altísimo. La última evaluación realizada para la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, en la cual pudimos participar como ONG por medio de nuestro presidente, indicó que casi la mitad de las especies de anfibios chilenos se encuentran en alguna categoría de amenaza, esto quiere decir que poseen un alto riesgo de extinción.

El alto grado de endemismo y de amenazas contrasta con el bajo nivel de conocimiento que tenemos sobre los anfibios chilenos. Sabemos bastante de taxonomía (clasificación de las especies en especies, familias, etc), embriología y comportamiento acústico, pero muy poco o nada sobre la dinámica temporal y espacial de las poblaciones de anfibios chilenos. Estudios a largo plazo, como el que estamos desarrollando con nuestra ONG en poblaciones de ranita de Darwin, son esenciales para entender cómo funcionan las poblaciones naturales de anfibios, de manera de tomar las medidas necesarias para asegurar su conservación a largo plazo.

Foto: Mono Andes

¿Qué factores son los que tienen más seriamente amenazados a los anfibios chilenos?

En general la principal amenaza para las poblaciones de anfibios es la pérdida de hábitat. Por ejemplo, en el norte de Chile el uso del agua (que algunas veces puede ser irracional) por parte de la minería es una amenaza para especies de anfibios que se han adaptado a este tipo de ambientes y que dependen fuertemente de los escasos cuerpos de agua presentes en la zona (por ejemplo, el género Telmatobius). Otras especies viven en humedales, como la rana grande Chilena, y estos ambientes han sido fuertemente impactados por políticas públicas que han llevado históricamente al secado de los humedales para dar paso al desarrollo inmobiliario, entre otros.

 En Chile también tenemos muchas especies de anfibios que viven asociadas a los bosques nativos, ya sea de tipo esclerófilo o templado austral. Me gustaría detenerme aquí por un momento, pues es el tipo de ambiente que mejor conocemos como ONG. Los bosques nativos en Chile han sido exterminados desde la colonización española. Luego de la ocupación de la Araucanía y de la usurpación de las tierras ancestrales Mapuche, en el sur de Chile se hizo uso indiscriminado del fuego para eliminar extensas áreas de bosque nativo, hecho propiciado por el Estado de Chile para permitir la colonización republicana. Más recientemente, desde la última dictadura militar y hasta el 2015, la industria forestal de plantaciones exóticas fue subsidiada por el Estado. Esta es una industria forestal privada que se enriqueció con el dinero y recursos naturales de todos los chilenos (y Mapuche) y que ha producido un reemplazo continuo del bosque nativo por plantaciones exóticas de pino y eucaliptus, y por consiguiente una daño ambiental gigantesco en el centro y sur del país.

Peor aún, la riqueza producida por el sector forestal no se ha traspasado a las empobrecidas comunidades locales, las que solo han debido aguantar las externalidades negativas de este sector productivo. Este exterminio masivo del bosque nativo chileno obviamente impactó negativamente a muchas poblaciones de anfibios que perdieron su hogar (las plantaciones forestales exóticas no son generalmente un lugar adecuado para los anfibios chilenos) o que perdieron su conexión y flujo de genes con otras poblaciones.

 ¿Qué otros factores pueden ser una amenaza para los anfibios de nuestro país?

Existen a lo menos otras dos amenazas que afectan fuertemente a los anfibios chilenos. La primera es una enfermedad de la piel de los anfibios (llamada quitridiomicosis), producida por un hongo, y que está diezmando las poblaciones mundiales de este grupo de animales. En Chile, este hongo está presente a lo largo de todo el país. La identidad genética de este hongo, que hemos podido obtener desde el centro y sur de Chile, nos indica que fue introducido recientemente al país, probablemente en parte gracias al movimiento internacional de ranas africanas. Actualmente sabemos que, al menos para la ranita de Darwin, la quitridiomicosis es una severa amenaza. La segunda es el cambio climático antropogénico. Los anfibios son animales dependientes del agua muy sensibles a las altas temperaturas y a la desecación, el cambio climático que producirá cada día condiciones de más calor y menos lluvias (o concentración de las lluvias y aumento de los eventos extremos) claramente afectará negativamente a este grupo de animales.

Kits muestreo para monitoreo de Ranita de Darwin Neltume. Crédito Jorge Delgado

  ¿Qué tipos de políticas son necesarias para proteger a los anfibios?  

Primero se necesita una política nacional que garantice el uso racional del agua como un bien público, considerando también el correcto funcionamiento de los ecosistemas. Para una política de este estilo, es necesario tener un buen entendimiento (evidencia científica) del funcionamiento de los ecosistemas naturales. Por ejemplo, en Chile para aprobar algunas centrales hidroeléctricas de pasada se pide que estas conserven un caudal ecológico, un caudal mínimo de agua que mantenga el funcionamiento del ecosistema en cuestión. Sin embargo, al menos para los anfibios de Chile no hay estudios que indiquen cuál debería ser este caudal ecológico y por lo tanto es difícil determinar si esta legislación es adecuada para proteger a estas especies. Un uso racional del agua también incide en la protección de otros ambientes, como los humedales.

 Otro aspecto importante son políticas públicas que aseguren la protección adecuada del hábitat de los anfibios chilenos (humedales, bosques, etc). En este sentido, la protección y restauración del bosque nativo chileno es esencial. A ocho años de la promulgación de la nueva “Ley de Recuperación del Bosque Nativo y Fomento Forestal” (N°20.283), la cual es sin lugar a dudas un importante avance en pro de la protección del bosque nativo y de los anfibios chilenos, la tala de bosque nativo y reemplazo por plantaciones forestales exóticas aún sigue ocurriendo como consecuencia de ciertos resquicios legales y vaguedad en la normativa.

El desarrollo de la política forestal de Chile para el período 2015-2035, consensuada inéditamente entre los diferentes sectores interesados en la problemática (empresas, ONGs, academia, comunidades) es también un avance positivo en miras del desarrollo de una industria forestal amigable con el ecosistema y las comunidades locales. Sin embargo, la ausencia en Chile de un organismo estatal “público” que administre y fiscalice la aplicación de esta política hace incierto el futuro y efectividad de esta interesante iniciativa. La modificación de los estándares internacionales para la certificación FSC (ONG internacional encargada de certificar y acreditar el manejo sustentable y apropiado, tanto ambiental como social, de los bosques y plantaciones) que comienza a regir desde 2017, podría significar también avances y transformaciones importantes en la industria forestal chilena, principalmente en mejoras en la equidad de género, respeto de las comunidades locales y del medioambiente. Esto sin lugar a dudas también ayudará a la conservación de los anfibios chilenos que viven o hacen uso del bosque. Aún hay problemas que la legislación y certificación no podrán mejorar, como la tala insostenible del bosque nativo (legal e ilegal) para su uso como leña en ciudades y pueblos del sur de Chile. Aquí es necesario educación ambiental para rescatar los valores y creencias que nos identifiquen como una nación de y que respeta los bosques, así como también políticas e incentivos públicos para modernizar la matriz energética nacional hacia una más sustentable a nivel medioambiental.

Detener (al menos parcialmente) el cambio climático es también una tarea urgente en pro de la conservación de los anfibios chilenos. Esto depende de cada uno de nosotros (reciclaje, eficiencia energética, etc) pero también de políticas nacionales e internacionales, convirtiéndose entonces en un problema extremadamente complejo de resolver. Sin embargo, no hay que desesperanzarse, y cada uno desde sus propias habilidades e inquietudes debería tratar de ayudar a combatir este problema global.

 Finalmente, y en específico para algunas especies de anfibios chilenos, se necesita la elaboración de estrategias de conservación que guíen las acciones futuras que se tomarán (a nivel de ONGs, universidades, organismos estatales, etc) para proteger una especie que se encuentre muy amenazada. Por ejemplo, estas medidas podrían incluir la mitigación en terreno de alguna enfermedad infecciosa como la quitridiomicosis o la educación ambiental para disminuir algunas amenazas, como la presión por consumo ilegal de carne en el caso de la rana grande Chilena.

¿Qué impactos tienen en el ecosistema la desaparición de ciertas especies de anfibios? 

Eso depende de la especie. Hay algunas que son muy abundantes, como el sapito de cuatro ojos o los sapos de hojarasca (género Eupsophus) y que representan una parte importante de la biomasa en ciertos ecosistemas. Si estas especies desaparecen, es posible que todo el ecosistema se vea alterado ya que eliminas una importante fuente de alimento para algunos animales (aves, reptiles y mamíferos) y el depredador natural de otros (por ejemplo, insectos molestos para el hombre). Algunos anfibios al tener ciclos de vida complejos, con una fase acuática y otra terrestre, son una conexión que permite el flujo de la materia entre los ambientes acuáticos y terrestres. De esta forma, la desaparición de algunas especies de anfibios podría significar la eliminación de beneficios directos, como el control de plagas de insectos, pero también la pérdida indirecta de otros servicios ecosistémicos importantes para el bienestar del ser humano.

Con la pérdida de los anfibios no solo pierdes una pieza clave en el funcionamiento de los ecosistemas, sino que también significa una pérdida del patrimonio cultural intangible. Los anfibios han formado parte de la cultura y cosmovisión de numerosos pueblos que han habitado América, incluso miles de años antes de la llegada de los españoles. Por ejemplo, el pueblo Mapuche tenía y tiene nombre para algunas especies de ranas como el arunko (sapo de rulo, que habita la zona central de Chile) o la rana grande Chilena. Los anfibios carismáticos como la ranita de Darwin representan actualmente también un beneficio para el ser humano mediante el turismo. Esta especie en particular es atractivo turístico en algunos parques del sur de Chile, y su imagen es utilizada, por ejemplo, en la elaboración de algunas artesanías u otros productos. La pérdida de esta especie significaría por ende una pérdida económica directa para algunas familias chilenas.