Hace algún tiempo, voces de alerta se alzaron para dar a conocer la realidad de las abejas en relación a su rol dentro de nuestro ecosistema, alerta dada por su desaparición en número desproporcionados. Pero la preocupación fue aún mayor para los entendidos de nuestro país, luego de los incendios sucedidos por semanas durante febrero, en la zona central y sur de Chile.

Pero, no todos conocen la importancia de estos insectos en el equilibrio de la naturaleza, y porqué es tan peligroso que desaparezcan. Es así como conversamos con Pablo Vial Valdés, experto en el tema y que quiere realizar registros de todas las abejas nativas de Chile. Cuenta que, hasta ahora, serían alrededor de 440 las especies descritas y –en su mayoría- endémicas, lo que quiere decir que sólo están presentes en Chile.

Sin embargo, Pablo cree que todavía existe una cantidad equivalente por descubrir y describir, lo que sumaría más de 800 especies de abejas nativas chilenas. Su afición por las abejas nace de un momento que marcó su infancia. “Mi primer acercamiento fue con el abejorro naranjo Bombus dahlbomii . Cuando era chico, mis papás arrendaron una casa en el Lago Ranco, y en el patio había una colonia de abejas en el suelo. Salían y entraban, emitiendo un sonido súper potente que me llamó mucho la atención”, relata el experto.

Nunca pudo olvidar este sonido, y siempre quiso saber más. Por lo mismo, comenzó a tener acercamiento con la apicultura, trabajando con la abeja de miel (Apis mellifera) y estudiando su comportamiento en la Cordillera de los Andes y luego, en la Cordillera de la Costa. “Ahí conocí a las primeras abejas nativas, y comencé a estudiar la interacción que se daba entre las de miel y las nativas, y cómo forrajeaban (forrajear: visitar y utilizar recursos de la flor como néctar, polen y aceites)”.

Megachile Semirufa

Otra cosa que le llamó mucho la atención a Pablo, después de estudiar a las abejas nativas, fue “encontrarme con abejas pequeñísimas, milimétricas, más chicas que las hormigas. Este grupo se llama Chilicolas, abejas de Chile, y son muy desconocidas”.

De allí Pablo no paró más. Se dio cuenta de la cantidad de distintas especies de abejas y de sus diferentes comportamientos. Hizo un esfuerzo de tener una cámara de fotos compacta y así fotografiarlas y registrarlas en su accionar. A estas alturas, muchos lo llaman “Bichólogo” o “Abejorro”, pasando 100% en terreno, lo que le ha significado investigar profundamente a numerosas especies.

Impactos Antrópicos

Son muchos los esfuerzos que el experto hace para investigar las distintas abejas nativas y no nativas, gracias a la gran cantidad de horas que pasa en terreno. Esto mismo ha hecho que sepa cuál ha sido el factor humano que más las ha marcado. “El ser humano ha destruido, fragmentado y contaminado sus hábitat. Por ejemplo, las parcelas de agrado que se están construyendo en la costa (en sectores de Zapallar y Papudo, y que se extienden con mayor superficie hacia el sur) y que están afectando muchísimo a las abejas, ya que no les dejan espacio”.

La situación es grave, afirma, ya que hay especies que, por efecto de la destrucción de sus hábitats, podrían estar en categoría de peligro crítico, situación que se acentúa mucho más con los incendios que arrasaron miles de hectáreas en la zona centro sur de Chile durante febrero.

Otros elementos que ha “aportado” el ser humano a esta destrucción de abejas son los pesticidas (agroquímicos) y el uso de flora foránea, esas plantas y flores que se ocupan para adornar los jardines de las parcelas. Por eso Pablo hace un llamado a utilizar flora nativa y local. “La idea es conservar sus espacios, su flora, sus ambientes”.

Chalopogenus sp descansando después de forrajear aceite de una flor de Calceolaria sp

Polinización

El término polinización hace referencia al desplazamiento del polen desde una flor que lo produce a otra de su misma especie que lo recibe. Este fenómeno tan sencillo a primera vista, trae consecuencias inmediatas y de gran trascendencia, como la formación del fruto -de una importancia vital en la agricultura- y la formación de la semilla, que le servirá al vegetal para perpetuar su especie y multiplicarse.

Es así como, en cada ocasión en que una abeja recoge néctar y polen de una flor, desplazándose a otra para hacer lo mismo, realiza uno de los actos más importantes y beneficiosos para las plantas.

“Es tan cierta la importancia de las abejas que podemos afirmar que el 70% de lo que comemos está polinizado por ellas. Además, la flora que afirma –por ejemplo- la ladera de los cerros, depende exclusivamente de abejas nativas. Si éstas desaparecen, estos sectores pueden perfectamente colapsar, con remoción de masas y rodados”, explica Vial. Además, dice, son fundamentales para la polinización de las plantas en los ecosistemas, pues mejoran la calidad y cantidad de agua, son reguladores térmicos y afirman el suelo, siendo finalmente elementos aún más importantes que lo referente a su eficiencia en la agricultura.”

Por lo mismo, plantea que la situación podría ser gravísima. “Para salvar a las abejas realmente, se requiere de planes de restauración ecológica, de protección de áreas sensibles y de reforestación con especies nativas y locales, evitando lavandas y zarzamoras. Y algo clave es dejarles espacio para que nidifiquen”

Alloscirtetica trifasciata

Cabe preguntarse si el uso de la tecnología, con abejas robóticas (que se han presentado en varias instancias como “el futuro del mundo”) podría reemplazar a la especie natural para conseguir el mismo resultado. Sin embargo, muchos plantean que la tecnología no puede reemplazar a este tipo de especies, que tienen un valor intrínseco, y que no es posible llegar al punto en que la tecnología comience a reemplazar los sistemas naturales.

“El uso de abejas robóticas para reemplazar su rol en el ecosistema es ilógico. Porque podemos, a través de la restauración ecológica y sin ningún costo, potenciar la reproducción de abejas silvestres para que cumplan sus funciones. Simplemente se requiere de restauración y un buen manejo en predios agrícolas. Creo que hay un trasfondo monetario, de negocios, de querer privatizar convenientemente”.

Asegura que sólo requerimos de los polinizadores silvestres, sin gasto de energía ni costos ni mantención, es decir, sin tecnología innecesaria.

Pablo ha estado viajando por Chile para crear una completa guía donde todas las especies sean documentadas de manera didáctica y puedan conocerse. Sobre todo, después del desastre ambiental que dejaron los incendios. “Es impresionante e inconcebible que tengamos una enorme diversidad de especies de abejas, gran parte de ellas endémicas, y que pasen desapercibidas. O que se crea que la abeja de miel o de apicultor (Apis mellifera) es nativa. Con el entomólogo José Montalva nos propusimos hacer este material”.

Esto, para que ciudadanos comunes y corrientes puedan acceder a una información actualizada y veraz. “El ciudadano, cuando quiera comprarse un sitio y hacerse una casa, por ejemplo, con esta información podrá reforestar con plantas nativas, que son igual de de llamativas, dejando espacios para que ellas se desarrollen. Queremos entregar conocimiento con el libro, sobre tipo de flora que forrajean, cuáles son las que polinizan, el rol que tienen en los ecosistemas y las amenazas que existen”, finaliza apasionado.

Trichothorgus dubius forrajeando una Pachylaena atriplicifolia

** Fotos por Pablo Vial Valdés.