Tal como se especulaba en la comunidad científica y al interior de las organizaciones conservacionistas, el presidente de los Estados Unidos Donald Trump ha comenzado a desarrollar su política medio ambiental, desentendiendo la importancia de la problemática del cambio climático.

Aquello se ha evidenciado en diversas decisiones tomadas por el recién asumido gobernante, como la reactivación de  los controvertidos proyectos petroleros  Keystone XL y Dakota Access, iniciativas que han tenido una férrea oposición ciudadana a través de masivas movilizaciones en contra de ellas. 

 O como la designación de Scott Pruitt como director de la Agencia de Protección Ambiental, quien según numerosas agrupaciones ecologistas, es un negacionista del vulnerable estado de conservación en que se encuentra el planeta. Esto no es solo especulación, ya que Pruitt ha luchado públicamente en contra de leyes que protegen el medioambiente, y él mismo se ha querellado (13 veces) contra la entidad que hoy lidera.  

Además, se determinó que todos los informes y estudios científicos de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) tendrán que pasar por las manos de Trump antes de ser publicados, sumada a la decisión de prohibir a los empleados de las agencias ambientales que se manifiesten públicamente sobre el cambio climático. Todo esto, sumado a la promesa de Trump de revivir la industria del carbón.

Estos hechos han generado una ola de críticas a través de redes sociales de parte  de la comunidad científica, de diversas organizaciones medio ambientales y de la ciudadanía en general. Ante este escenario, diferentes parques nacionales de EE UU no quisieron quedarse ajenos, y manifestaron su descontento vía Twitter a finales de enero, comenzando a publicar mensajes sobre el calentamiento global y sobre otras problemáticas. 

El primer parque en encender esta campaña fue el Parque Nacional Badlands, el que compartió  mensajes con datos científicos sobre el cambio climático como: “La concentración de dióxido de carbono en la época preindustrial en la atmósfera era 280 partes por millón. En diciembre de 2016 404,93 ppm”. Otro de sus tuits fue: “Otra cara de la atmósfera. La acidez de los océanos ha crecido un 30% desde la Revolución Industrial”.

Posteos que posteriormente fueron borrados, y que según el parque,  fueron elaborados por un ex empleado. Pese a ello, los mensajes rápidamente se esparcieron por la red, sumando el apoyo de diferentes organismos estatales. Como del National Park Service, el que comenzó a replicar mensajes sobre el cambio climático, los derechos civiles,  y el sistema de salud.    

El Parque Nacional Golden Gate no tardó en adherirse a la resistencia,  publicando un twit donde aseguraba que el 2016 fuel el tercer año consecutivo con récord de calor, el que estaba acompañado de dos links que dirigían a un informe de la Nasa y a otro de la Administración Nacional Atmosférica y Oceánica. Seguido a esto, también se unieron a la cruzada  virtual el Parque Nacional Death Valley,  y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA).

Sin embargo, al poco tiempo muchos de los mensajes fueron borrados, lo que provocó la aparición de una cuenta no oficial del National Park Service, en el que se siguieron posteando mensajes en contra de Trump, ganando gran adhesión en la  cibercomunidad. Aún no se comprueba si es que estas cuentas están controladas por empleados de los parques nacionales, o por periodistas y ciudadanos activistas; sin embargo,  lo importante es que es un acto en respuesta a la censura que están enfrentando estos organismos.

Esta campaña de resistencia no es más que una evidencia clara del conflicto entre la ciencia y la política medio ambiental de un presidente que sigue subestimando los efectos del cambio climático. Esto combinado con un régimen tiránico preocupado exclusivamente en las ganancias financieras de la industria de los combustibles fósiles.