En la ciudad de Talagante, a menos de 45 kilómetros de la ciudad de Santiago, se ubica el Centro de Rehabilitación de Aves Rapaces (CRAR),  primera institución del país  dedicada al cuidado y recuperación de aves rapaces  a través de un integrador procedimiento de trabajo en el que se desarrollan procesos de investigación, educación y rehabilitación,  teniendo como principal enfoque la reinserción del ave a su hábitat natural. 

Para indagar más sobre la labor que lleva a cabo este pionero establecimiento y para conocer más detalles del estado actual de conservación de las aves rapaces, conversamos con Eduardo Pavez, médico Veterinario y Dr. en Ciencias Silvoagropecuarias y Veterinarias de la Universidad de Chile, quien fue uno de los socios y fundadores de la Unión de Ornitólogos de Chile (actual Aves Chile) y que también participó en la fundación del CRAR, organismo que dirigió durante 17 años. Actualmente, Eduardo es el presidente de Aves Chile, y es el co-director del Programa Binacional de Conservación del Cóndor Andino Chile-Argentina.

Eduardo, ¿cuál es el estado actual del conocimiento, estudio y conservación de las aves rapaces en nuestro país?  

 Es poco lo que se sabe de nuestras aves rapaces, de su historia natural, de sus tamaños y tendencias poblacionales, por lo que se hace difícil enfocar y priorizar el trabajo de conservación. No obstante ello, hay un grupo creciente de personas, incluidos investigadores, interesados en este grupo, lo que ha implicado una mejora importante en su conocimiento en los últimos años.

Sin embargo, y cómo dije, aún es poco lo que se sabe. Se puede suponer que las especies vinculadas a bosques nativos, como el peuquito, el concón, el aguilucho chico, y el aguilucho de cola rojiza han experimentado un retroceso importante en las últimas décadas, especialmente en la zona central. También hay especies que a nivel mundial sufrieron importantes detrimentos en sus poblaciones, como los halcones peregrino, como consecuencia del uso de pesticidas organoclorados. Nada hace pensar que Chile fue la excepción y de hecho, tanto los halcones peregrinos, como los halcones perdigueros son especies bastante escasas en nuestro país.    

Aguilucho. Foto: Natacha González

En el caso del cóndor, ¿ cuán amenazados están, y de qué forma opera el Programa Binacional del Cóndor Andino?    

Aunque en Chile el cóndor aún mantiene poblaciones numerosas, especialmente en la cordillera de la zona central y en la Patagonia, se puede suponer una importante merma en su población en los últimos años. Ello se infiere a partir de los relatos de presencia de cóndores en la costa norte por ejemplo, donde actualmente es muy difícil ver cóndores, y a partir de la importante baja en sus fuentes de alimentación en las últimas décadas.

La ganadería extensiva, que genera carroña fuente de alimento para los cóndores, ha tenido una marcada tendencia a la baja desde la década del 60. Hoy, en un mundo globalizado, las importaciones de carne son importantes y los  hijos y nietos de los pastores, ya sea gauchos o arrieros, ya no continúan con la tradición ganadera. Y la tendencia continúa. Es decir, un tema de mercado y un tema social han implicado importantes bajas en las fuentes de alimento para los cóndores, y lo único que de forma natural reduce la población de cóndores, es la falta de alimento.

La esperanza es la recuperación de las poblaciones del gran herbívoro silvestre: el guanaco, el cual constituía una de las fuentes más importantes de alimento natural para el cóndor. Si a la baja de la ganadería extensiva se suma el uso de venenos y la caza, el escenario es aún más preocupante.  

El Programa Binacional de Conservación del Cóndor Andino intenta coordinar los esfuerzos de conservación que se desarrollan en Chile y Argentina, y ello resulta lógico ya que las poblaciones de cóndor de ambos países están compartidas. No sacamos nada con proteger de uno u otro lado de la cordillera si uno de los dos países fracasa en sus esfuerzos, finalmente ambos países perderemos ya que los cóndores no saben de fronteras administrativas y vuelan de un lado a otro.

En Chile los esfuerzos están encaminados al estudio de los cóndores, a promover su conservación, especialmente entre las comunidades rurales, a la rehabilitación de cóndores dañados por caza, intoxicaciones, choques con líneas de transmisión eléctrica, etc. y finalmente a la reproducción en cautiverio a partir de algunas parejas no liberables.       

¿Qué cambios crees que deberían implementarse en la actual legislación de ley de protección animal, para tener un marco legal que realmente proteja a las diferentes especies?  

 La verdad es que no es mucho más lo que hay que hacer en términos legales. Lo escrito hasta ahora está bien en términos de proteger a las especies, por lo menos de la caza. Lo que hay que hacer ahora es aplicar la ley, y ello requiere educación y fiscalización, y en eso estamos bastante al debe. Pongamos como ejemplo al cóndor. Está prohibida su caza, su captura, su tenencia, es monumento natural de Chile, está en el apéndice I de CITES, está en el escudo nacional…. O sea está legalmente blindado, sin embargo es una especie altamente vulnerable a la destrucción de su ambiente, a la disminución de las fuentes de alimento, a los choques con líneas eléctricas a intoxicaciones.  

Tal vez la excepción en el tema legal es el de los perros. Los perros asilvestrados y aquellos que son mantenidos de forma irresponsables, son una catástrofe para la fauna nativa. Son predadores muy efectivos, atacando a la fauna y transmitiéndoles enfermedades. A pesar de ello, y lo bien documentado del daño que producen, su caza no está permitida, lo cual, desde mi punto de vista, es un grave error de los legisladores.    

Pequén. Foto: Natacha González

 ¿ En qué contexto nace el Centro de Rehabilitación de Aves Rapaces?  

A principios de los años 80, cuando éramos unos muchachitos, comenzamos a hacernos cargo de aves rapaces que eran mantenidas en cautiverio en diferentes lugares y circunstancias, la mayoría de las veces en muy malas condiciones. Nuestra idea era recuperarlas y devolverlas a su ambiente natural. Fue difícil pero muy estimulante. Éramos un grupo de amigos muy entusiastas y apasionados. Aprendimos mucho en aquellos tiempos, sobre la base de muchos errores y algunos éxitos. No había información disponible y casi nadie sabía de estas cosas.

En el año 1990 gracias a la generosa ayuda de Jürgen Rottmann, quien actualmente dirige el Centro, nos trasladamos desde mi casa a su parcela de Talagante. Ahí teníamos muchos espacio para construir grandes jaulas de rehabilitación. En el año 1991 bajo el alero de la Unión de Ornitólogos de Chile, actual AvesChile, firmamos un convenio con el Servicio Agrícola y Ganadero, con lo que fue reconocida oficialmente la existencia del primer centro de rehabilitación de fauna silvestre de Chile.

En el camino hemos contado con el apoyo de numerosos voluntarios, algunas empresas, clínicas veterinarias y con el Zoológico Nacional, que es donde se reciben las aves y son tratadas médicamente, antes de arribar al centro de rehabilitación.     

¿Cómo es el proceso de llegada de las aves a su centro de rehabilitación, y cuáles son las principales causas de su arribo?  

 Lo más frecuente es que el Servicio Agrícola y Ganadero, que es quien debe hacer cumplir la ley de caza que protege a las aves rapaces, traslade aves heridas, robadas de nidos, accidentadas etc. al Zoo Nacional. Ahí reciben atención veterinaria y cuando ya están bien se dan de alta para evaluar en el Centro de Rehabilitación, dentro de grandes jaulas, su comportamiento y su capacidad de vuelo, en definitiva sus posibilidades de reinserción al ambiente natural.  

 Históricamente las principales causas de arribo de aves al Centro han sido la caza y el robo de pichones desde los nidos.  

 ¿Con cuántos ejemplares de rapaces cuentan, y aproximadamente cuántos han liberado hasta la fecha?  

 Actualmente tenemos más de cien ejemplares de aves rapaces de diversas especies, tanto diurnas como nocturnas. En toda la historia del Centro hemos recibido varios miles de aves y hemos liberado varios cientos.  

Cóndor. Foto: Pablo Guitiérrez

 ¿Cuáles son las principales razones para que un ave no pueda volver a su hábitat natural, y qué sucede con éstas?   

 Las razones principales son dos: Incapacidad física por lesiones y aves improntadas con el ser humano. La impronta con el ser humano ocurre cuando los pichones de aves son robados desde sus nidos y criados por el humano. El pichón fija la imagen humana como si fuera su padre y luego cuando alcance la madurez sexual intentará emparejarse con un humano. Esta confusión de identidad es dramática, irreversible e imposibilita absolutamente su reinserción.  

Las aves no liberables son destinadas a reproducción en cautiverio o educación. Estas aves deben permanecer por el resto de su vida en el Centro. En casos puntuales, algunas aves se derivan a zoológicos o a criaderos particulares.    

¿ Qué significa para ti poder presenciar la liberación de un ave del centro?    

Todas las liberaciones son muy hermosas y estimulantes. Son un eslabón muy emocionante del a veces largo y complejo proceso de rehabilitación. A las liberaciones se invita a gente, especialmente a niños, y juntos compartimos una experiencia bella e inolvidable. Así marcamos de forma positiva y para siempre a esos niños.     

¿De qué forma se financia el centro, y qué rol cumplen los voluntarios?  

A pesar de lo llamativa, bella e importante labor que realizamos, siempre es difícil conseguir apoyo económico. Actualmente recibimos un aporte del Servicio Agrícola y Ganadero, y de dos empresas: Cervecera Cuello Negro y Bioamérica Consultores. Estos aportes permiten la mantención básica del Centro, pero cualquier inversión en infraestructura o liberación compleja, por ejemplo de cóndores, requiere inyecciones adicionales de dinero.  

Los voluntarios cumplen un rol muy importante. La gran mayoría no persiste mucho tiempo. El trabajo es duro, a veces monótono. Hay que limpiar jaulas y bañeras, dar de comer a las aves, cortar pasto, y apoyar en los manejos de las aves. Sin embargo siempre hay algunos voluntarios muy destacados que persisten y su aporte ha sido relevante.       

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Si desean cooperar con esta noble institución, existen dos opciones: La primera es a través del voluntariado, el cual se realiza principalmente los días sábados de cada mes; y  la segunda es a través de la donación de materiales, como jaulas, herramientas, etc. 

Para averiguar más acerca de los voluntariados, escribir a franciscaizquierdom@gmail.com.  Mientras que para coordinar la entrega de donaciones, se deben contactar al mail info@aveschile.cl 

 * Foto de portada: Pablo Gutiérrez.