El turismo con lupa es una forma de turismo científico centrado en la observación de los pequeños seres vivos que abundan en terrenos húmedos y sombríos. Este concepto se origina en Chile, acuñado por el ecólogo Ricardo Rozzi y sus colegas, para dar a conocer la enorme riqueza de plantas, líquenes, hongos e invertebrados que habitan el suelo, las rocas y troncos en los bosques y humedales del archipiélago de Cabo de Hornos.

El turismo con lupa representa una articulación entre ciencia y turismo que genera una poderosa herramienta para desarrollar la observación y valoración de pequeñas comunidades de organismos que generalmente pasan inadvertidas. Pero ¿en qué consiste esta actividad?

Actualmente en Chile existen dos lugares donde se puede realizar esta forma de turismo con guías capacitados: la Reserva Altos de Cantillana y el Parque Etnobotánico Omora, donde a cada visitante se le ofrece una lupa al iniciar su recorrido por los senderos del área, para que vaya descubriendo los secretos del micromundo que nos rodea.

Briofitas y líquenes

Los términos “microbosques” o “bosques en miniatura” son metáforas que han sido utilizadas para referirse al conjunto de pequeñas plantas y animales que conforman alucinantes micro paisajes en diversos ambientes. Lo interesante de este concepto es que engloba a grupos que son diferentes entre sí, pero que coinciden en su reducido tamaño y en lo poco conocidos y valorados que son por la mayoría de las personas. Estos pequeños mundos suelen estar compuestos por diversidad de briofitas y líquenes, además de animales minúsculos que surcan estos hábitats. Un solo árbol pueda albergar un ecosistema completo en su tronco.

Los líquenes, con frecuencia también observables en los árboles y rocas de la ciudad, son la simbiosis (relación beneficiosa para ambas partes) entre varios organismos, generalmente un hongo y algún organismo fotosintético -plantas, algas o bacterias-, aunque recientemente también se han descrito levaduras (otro tipo de hongo) en ciertas asociaciones liquénicas.

Cladonia. Foto: Jorge Cuvertino

En términos simples, se podría decir que el hongo confiere el soporte y la planta, alga o bacteria asociada confiere el alimento a través de la fotosíntesis. Es común verlos en los troncos de árboles y colgando de las ramas, pero también abundan en los eriales, donde suelen ser el primer organismo vivo en colonizar la roca. Estos pequeños seres actúan como organismos pioneros en ambientes inhóspitos para la mayoría de las especies, donde aportan materia orgánica al ambiente para formar suelos y dar paso a otras especies.

Por otra parte, la denominación “briofita” agrupa a tres clases de plantas: musgos, hepáticas y antocerotes. Estos organismos tienen en común su reproducción por esporas y la carencia de tejidos especializados para transportar agua por todo el cuerpo de la planta, por eso casi todas las briofitas son pequeñas y están limitadas a los ambientes húmedos. Los musgos desempeñan un importante papel en los ecosistemas en que se encuentran, pues retienen la humedad del suelo y evitan su degradación, y además constituyen un importante refugio de pequeños invertebrados.

La recolección indiscriminada de musgos (como el caso de la extracción de esfagno o Sphagnum, en las turberas de Chiloé y la Región de Magallanes) puede provocar daños irreversibles en nuestros ecosistemas. Generalmente las briofitas han ocupado un modesto lugar en el mundo vegetal actual. Debido a la poca firmeza de sus tejidos no pueden crecer mucho, y gracias a su pequeño tamaño ocupan hendiduras y otros hábitats demasiado pequeños para plantas más grandes. Hoy, humildes miembros del reino vegetal, se postula que son similares a las plantas pioneras en establecer la vida en tierra firme.

La valoración de estos miembros del microcosmos se ha desarrollado en el Parque Etnobotánico Omora, desde donde ha viajado a diversos puntos del país. A continuación les describimos dos lugares en Chile donde se realiza el turismo con lupa.

Arcyria. Ximena Romero

Parque Etnobotánico Omora

De acuerdo a un estudio del año 2008, la región subantártica de Magallanes alberga al 5% de las briófitas del planeta, lo cual ha impulsado a señalar al Cabo de Hornos como un “hotspot” de biodiversidad a nivel mundial para la flora de líquenes, musgos y hepáticas. Esta condición propició que se declarara Reserva de la Biosfera por la Unesco en 2005, y se conformara el Parque Etnobotánico Omora en el 2000. Este parque se ubica en la ribera sur del canal Beagle, a tres kilómetros al oeste de la ciudad de Puerto Williams, en la Isla Navarino.

En este paraje extremo donde priman los bosques de coigüe magallánico, lengas y canelos, sólo seis especies de árboles crecen sin dificultades, sin embargo, en las cortezas de sus árboles, sobre la superficie de sus rocas y sobre el suelo, florece uno de los ecosistemas más pequeños de la Tierra. En el Parque Etnobotánico Omora los recorridos son guiados por investigadores especialistas que poseen un amplio conocimiento en filosofía ambiental y de las relaciones ecológicas de Cabo de Hornos, apelando a una actitud de respeto y comprensión hacia los ecosistemas.

Altos de Cantillana

La Reserva Altos de Cantillana se encuentra ubicada en la zona central de Chile, a tan solo 70 kilómetros de Santiago, en la mayor altitud de la Cordillera de la Costa de Chile Central (2.280 m). Esta zona ha sido un punto de atención desde hace algunos años por parte de la comunidad científica y diversas instituciones relacionadas con el tema ambiental y cultural. El turismo con lupa comenzó en Altos de Cantillana el 2012, con el apoyo de un Fondo de Protección Ambiental impulsado por Ximena Romero y Jorge Cuvertino, quienes trabajaron con la colaboración de la micóloga Giulina Furci, de Fundación Fungi, la profesora Iris Pereira de la Universidad de Talca, el micólogo Pablo Sandoval y el ecólogo Ricardo Rozzi.

La metáfora de los microbosques es utilizada en esta reserva para referirse especialmente a cuatro grupos diferentes: briófitas, hongos, líquenes y mixomicetos (estos últimos también conocidos como caca de duende, por su aspecto viscoso y fluorescente). El proyecto tenía como fin mostrar y documentar los “microbosques” de la Reserva, con el fin de ilustrar a visitantes y estudiantes, a través de la observación micro y macroscópica, sobre la desconocida y rica diversidad de briófitas y líquenes de la región Metropolitana. Los talleres y actividades de educación ambiental fueron acompañados de la elaboración de una guía de reconocimiento de las briófitas y líquenes más comunes de Altos de Cantillana. Después de la realización del proyecto, la línea de los microbosques se ha seguido desarrollando, complementándose con nuevas investigaciones e incluyendo fuertemente esta temática en las actividades de educación ambiental.

Costesia Macrocarpa Foto: Jorge Cuvertino

Valorar lo pequeño

El turismo con lupa contribuye a la sensibilidad ambiental y al control de carga humana de las áreas naturales protegidas, pues utiliza un área geográfica pequeña y prolonga el tiempo de estadía del turista, debido a que requiere una actitud pausada y largo tiempo de observación para descubrir y apreciar la diversidad, las interacciones ecológicas y la belleza de la microflora. Por otra parte, también es importante mencionar que existen muchas especies de briófitas, hongos, líquenes y mixomicetos que son endémicos de los ecosistemas de Chile central, es decir, que no se encuentran en ninguna otra parte del mundo. A través del descubrimiento de esta nueva dimensión del bosque, es posible tomar mayor conciencia del valor que tiene este territorio, actualmente en peligro por la expansión de los asentamientos e industrias humanas. Poner atención a lo pequeño es una forma de desarrollar la paciencia  y la observación detenida hacia los detalles de nuestro entorno,  algo que necesitamos con urgencia, pues nos encontramos al borde de la extinción completa de estos mundos, de los cuales dependemos más de lo que a primera vista se ve. Por eso, caminemos con lentitud, cuidado y observando con atención.

Physarum. Ximena Romero.