No es novedad exponer los síntomas de degradación ambiental del planeta, ni enumerar sus variadas causas y efectos socioambientales. Ante esto, son raras las ocasiones donde se puede exponer un caso que inspire optimismo, algún ejemplo que demuestre que nuestra especie no sólo destruye, sino que también es capaz de sanar ecosistemas.

Un célebre caso es el científico peruano Marino Morikawa, quien por su cuenta y con su propio dinero, aplicó su conocimiento en ciencias para limpiar el humedal “El Cascajo”. Este cuerpo de agua, cercano a su casa y donde Marino se bañaba cuando joven, fue convertido en un depósito de aguas servidas, pero tras la intervención del joven peruano con el apoyo de la comunidad, el ecosistema fue convertido en un lugar nuevamente habitable para humanos y otras especies.

Importancia de los humedales

Los humedales son cuerpos de agua de poca profundidad que sostienen una gran biodiversidad de aves, anfibios, peces y otros animales acuáticos. También sustentan economías locales, entregando agua fresca, alimento y refugio para poblaciones humanas. Estos ecosistemas acuáticos funcionan como amortiguadores de inundaciones durante los meses de lluvia, y reservorios de agua en los meses estivales.

Los humedales han sido considerados de gran importancia biológica a nivel global y se encuentran dentro de los ecosistemas más importantes del planeta. No obstante, la Evaluación del Estado de Conservación de las Regiones Terrestres de América Latina y el Caribe, señala el estado de conservación como crítico a vulnerable ya desde la década del 90.

La alta vulnerabilidad de estos ecosistemas está asociada a causas ambientales y antrópicas. De estas últimas, las causas más relevantes son: la extracción de agua para uso agrícola y minero, la contaminación, la construcción de grandes obras de infraestructura y la acelerada expansión de los asentamientos urbanos en conjunto con una escasa planificación territorial.

Uno de los problemas más comunes en los humedales es la eutrofización, producto de la sobrecarga de desechos orgánicos en el cuerpo de agua. Estos pueden ser aguas servidas domésticas, residuos líquidos industriales u otras fuentes. Esta sobrecarga de nutrientes permite la proliferación de algas, las que consumen el oxígeno acuático, disminuyendo la cantidad de peces y otras especies en el ambiente. También es común la formación de microbasurales en torno a sus bordes, lo cual contribuye aún más a su degradación.

Humedal El Cascajo, foto por Tea After Twelve

Restauración del humedal “El Cascajo”

Marino Morikawa se encontraba realizando su posgrado en la Universidad de Tsukuba en Japón, cuando su padre le avisó que El Cascajo, humedal en donde ambos pescaban durante su infancia, iba a ser cubierto por estar totalmente contaminado. Apenas se enteró, Marino viajó a Perú a ver el estado de su querido humedal, ubicado en el distrito de Chancay, cerca de la costa peruana. Lo que encontró lo dejó desolado: una laguna eutrofizada, de color verdoso, maloliente y repleta de plantas acuáticas invasoras. Al remover algunas plantas de la superficie, descubrió que el agua estaba de color marrón y con materia flotante. La situación era alarmante: los desechos domésticos, un botadero ilegal de basura, e incluso un criadero de animales junto al cuerpo de agua, habían hecho casi desaparecer al humedal bajo enormes cantidades de lechuga de agua (Pistia stratiotes).

Fue en ese momento en que Marino decidió restaurar El Cascajo con sus propias manos. Morikawa se dedicó a la limpieza de esta laguna mediante el desarrollo de un sistema simple y barato a base de materiales que se pueden encontrar en “cualquier ferretería”.

Para descontaminar el humedal, Morikawa comenzó con la eliminación de las lechugas de agua, para lo cual dividió la laguna en ocho sectores delimitados con cañas de bambú –material local-, para tener un orden de control de limpieza. Sector por sector, fue retirando manualmente las plantas acuáticas.

Al principio, mientras realizaba su trabajo, los habitantes del lugar le advertían al científico que enfermaría, pero él no cejó en su empeño. A medida que el trabajo de Marino comenzaba a presentar avances, empezó a crecer el apoyo de voluntarios locales. Para proseguir con el  proceso de descontaminación, Marino junto a su equipo construyeron una plataforma de tubos de plástico sujetos con varas de acero, donde se inyectaron nanoburbujas. Estas son 10 mil veces más pequeñas que una burbuja de gaseosa, y en ellas los agentes infecciosos quedan pegados. Luego, la burbuja explota como una pequeña bomba, eliminando a los patógenos. Junto a este método se aplicó un sistema de biofiltros para erradicar definitivamente a los contaminantes orgánicos e inorgánicos. Todo esto se realizó con tecnología de bajo costo, construida por el propio Morikawa.

El proyecto fue rápido y efectivo, gestionado en gran parte con los ahorros del joven científico. Sin embargo, su éxito se debe también al apoyo de centenares de voluntarios locales quienes, una vez comprendieron el interés de Morikawa por recuperar la salud de su tierra, se unieron a la causa.

En unas semanas, Marino logró, con el apoyo de la comunidad, recuperar las aguas azules del humedal de El Cascajo. Su esfuerzo se vio recompensado cuando, poco tiempo después de la recuperación del ecosistema, llegaron más de setenta especies de aves migratorias que cubrieron de blanco el humedal. Actualmente El Cascajo es considerado una nueva zona de avistamiento de aves y cuenta con el cuidado de los residentes de la zona, quienes constantemente realizan campañas de limpieza del humedal.

Limpiando El Cascajo, por Carmen Contreras

Chile, país de humedales

Los humedales en Chile presentan múltiples formas: en la cordillera existen como bofedales y vegas. En la zona costera pueden ser estuarios, marismas y albuferas, mientras que en la zona austral abundan como turberas. Las amenazas a estos ecosistemas son variadas: en la zona central se ven en peligro por la expansión inmobiliaria, la cual prefiere estos terrenos para construir, pues son más baratos y no están protegidos por ninguna ley que valore su importancia socioambiental. Hacia el sur, en la cordillera de Nahuelbuta, se han denunciado plantaciones de eucaliptos, árboles de alto consumo hídrico, en medio de humedales. Por otra parte, en Chiloé abundan las turberas -un tipo de humedal compuesto por grandes extensiones del musgo Sphagnum sp.-, rico en materia orgánica y principal reservorio de agua en la isla, las cuales peligran por su extracción sin planificación.

Nuestro país tiene actualmente 13 sitios designados como humedales de Importancia Internacional (sitios Ramsar). Sin embargo, según el inventario nacional de humedales, realizado el año 2011 por el Ministerio de Medio Ambiente, sólo el 0.5% de los humedales del país se encuentran protegidos. ¿Qué haremos con el 99.5% restante? ¿Los taparemos con concreto y basura para, en unas décadas más, volver a restaurarlos? Sin duda, conservar es más barato que restaurar. Como constantemente se recita; “la mejor medicina es la prevención”. La ecología aplicada, como una forma de medicina de los ecosistemas, debe tener esto en mente.

Por otra parte, en Chile existen diversos proyectos de educación ambiental para la protección de estos ecosistemas, como el caso del Estuario del río Maipo, humedal cercano a Santo Domingo, donde Fundación Cosmos y Fundación Mar Adentro colaboran con la municipalidad local para concientizar a los habitantes de la zona sobre la importancia de este estuario.

Además, existen incipientes proyectos de restauración de humedales degradados, como el humedal del río Cruces, donde cientos de cisnes murieron por culpa de Celulosa Arauco, empresa que vertía ilegalmente sus desechos industriales en el humedal, lo cual culminó con multitudinarias marchas ciudadanas y acciones legales que lograron sancionar a la empresa y comenzar una iniciativa de recuperación del humedal.

A la luz de esto, es importante entender que una restauración ecológica realmente ecosistémica debe realizarse desde una aproximación integral, que contemple conocimientos ecológicos y criterios socioeconómicos. Hacer una restauración significativa, como la que realizó Marino Morikawa en El Cascajo, requiere un profundo apego por el territorio. Un proyecto de restauración debe nacer con la comunidad local y plantearse respetuoso con el contexto cultural en el que se realiza la intervención, e incluso la emoción y la sensibilidad de cada uno de los pobladores y usuarios de los ecosistemas o paisajes a restaurar. Solo mediante un trabajo colaborativo entre ciencia y ciudadanía será posible recuperar las intrincadas y antiguas relaciones de nuestros ecosistemas heridos.

Referencias:

MMA – Centro de Ecología Aplicada (2011). Diseño del inventario nacional de humedales y el seguimiento ambiental. Ministerio de Medio Ambiente. Santiago, Chile

Humedal en la desembocadura del río Maipo, por Rigoberto Yáñez