Desde los inicios de las primeras manifestaciones artísticas, el arte ha sido un medio de vinculación con nuestro entorno natural, social y cultural. Los vestigios encontrados de arte rupestre en cuevas como la de Chauvet (al sur de Francia, Ardéche) corresponden a una expresión comunicativa y registro real de cómo se vivía hace más de 30.000 años, y reflejan las interpretaciones de aquel momento, usando el recurso artístico, gráfico y visual como fuente de expresión. Los dibujos encontrados dan cuenta de la estrecha relación que tenían con el espacio natural los artistas que se aventuraron a plasmar en las paredes de sus cuevas -en el caso de Chauvet- pinturas de animales y actividades diarias que hoy han desaparecido.

Se podría decir que estas son unas de las primeras formas de arte ecológico que conocemos. La técnica evidencia un manejo notable de los colores confeccionados con pigmentos y minerales naturales; el naturalismo de sus trazos y la perspectiva utilizada en la difuminación de tonos en algunas zonas, logran efectos visuales que dan cuenta perfectamente el mensaje a comunicar, entregado de manera efectiva para su comunidad y a la actualidad como registro vivo de fauna y tribus extinguidas.

 

Esta estrecha relación de la naturaleza con el arte ha perdurado en el tiempo, en la búsqueda del ser humano por entender el mundo que le rodea, su vinculación con otros seres, su entorno, etc. Es precisamente el desarrollo de herramientas artísticas las que han transformado el cómo contemplamos el mundo, desde lo más profundo de nuestro ser, pues en el momento de la experiencia artística hay un desarrollo complejo de la persona en su vínculo con otros, una manifestación social que nos da oportunidades de igualdad y de registro contemporáneo a lo vivido en cada época de nuestra historia; un testimonio real, profundo y contundente a la hora de entender nuestra propia existencia y evolución a través de los años.

El potencial creativo entrega a quien lo ejecuta  (el artista) y a quien observa (el espectador) un momento de contemplación y entendimiento frente a situaciones adversas, mejorando nuestra  apreciación por la cultura, el medio ambiente (conciencia de nuestro propio entorno) y como referente a la sociedad. Es por este motivo que el arte se hace trascendental como herramienta educativa y explicativa a otros, ya que tenemos el valioso registro desde hace 30.000 años a la actualidad.

Landart de Andy Goldsworthy

Como ejemplo más reciente (a finales de 1960) es el movimiento artístico Land Art, que ha retomado y conservado la vinculación del artista con su medio natural y social en la representación artística, transformando el paisaje donde desarrolla su quehacer artístico en un discurso entregado a la colectividad que se hace parte de dicha obra. A diferencia de la literalidad del arte rupestre, el mensaje se hace más subjetivo y menos literal para quien observa, dándole un rol más activo al espectador respecto a como comprender y descifrar el mensaje que transforma y crea consciencia en nuestra sociedad sobre temas trascendentales que hoy nos hacen estar presentes y ser más reflexivos de nuestra realidad en todas sus dimensiones.

Lo interesante del Land Art, es que sale al encuentro con el espectador, haciéndolo incluso participe de la misma obra, esta forma de involucrar a quien en teoría es un observador, hace que él mismo se convierta de alguna forma en la extensión de ese discurso y mensaje a transmitir por el artista. El arte sale del refugio de las cuevas de Chauvet, del museo y/o la galería y se encuentra consigo mismo y su entorno, rescatando elementos claves de éste.

Otro ejemplo de transformación de consciencia y del paisaje a través del arte, es lo que hizo en su entonces el artista visual argentino Nicolás García Uriburu (1937-2016), llamado el pionero del arte ecológico, enfocado principalmente en cambiar nuestro contexto cotidiano en un nuevo paisaje, que hiciera dar cuenta de problemas medioambientales, que hoy siguen presentes. Su actuar emblemático fue la coloración de las aguas de los canales de Venecia, evidenciando en la Bienal de Arte de 1968, la exponencial contaminación desde aquel entonces a la que nos estábamos exponiendo.

En 1999 se atrevió nuevamente, haciendo un accionar-performático Basta de Contaminar en Riachuelo (Argentina) colorando uno de los ríos más contaminados del mundo. Apoyando su causa se sumó a esta instancia Greenpeace, quienes también llevaban un estudio frente a la contaminación de estas aguas, cabe destacar que la sustancia vertida en el río es inocua para el medio ambiente y efímera en el tiempo.

Sin dudas su legado y su revolucionario accionar marcaron estrechamente el vínculo del arte como una potente herramienta transformadora de nuestra sociedad de temas tan trascendentales que influyen y marcan notablemente nuestra educación ecológica, artística, cultural, política y social, y es una herramienta fundamental capaz de unir áreas que son parte de nuestra estructura social.

Foto:Greenpeace

Desde sus comienzos hace miles de años, plasmado y refugiado en cuevas para un pequeño grupo humano lúcido de su realidad, hasta hace unos años con el sello revolucionario de la coloración de  nuestro recurso natural vital en aguas contaminadas, el arte es capaz de crear y transformar el mundo que nos rodea. Al mismo tiempo tenemos la oportunidad de contemplarlo en sus diversas expresiones,  con un mensaje que lo hace único y especial en el tiempo en que se desarrolla, dejando una huella elemental de nuestra condición humana en generaciones pasadas, presentes y futuras.

Es claro que nos urge como sociedad establecer un entendimiento de problemáticas importantes de resolver, y el arte hace que este mundo que nos rodea pueda expresar de una manera simbólica y con un sinfín de técnicas, un mensaje necesario de manifestar que de alguna u otra forma nos entregan un momento de placer y felicidad frente representaciones visuales,  que desde una mirada particular desde el artista al espectador, se ven reflejados en nuestros ojos, una historia, un actuar y un modo de entender la vida.