El poder ubicar dónde se encuentra un objeto a través de un dispositivo digital, o la denominada geolocalización, ha sido cuna de un sin fin de programas que solventan los más variados problemas cotidianos. Sus usos más populares podrían ser las aplicaciones que desde un teléfono móvil permiten encontrar una dirección y manejar hacia un destino con instrucciones a lo largo del camino, o aquellas que ayudan a encontrar potenciales parejas en un radio cercano a tu propia ubicación. Sin embargo, es posible aplicar esta tecnología a conceptos mucho más ricos y complejos que conjugan un contenido cultural con el posicionamiento de información geográfica.

Tal es el caso de Audiomapa, un espacio donde gracias a una cartografía​ ​virtual colaborativa se puede acceder a sonidos de distintas localidades y topografías, resguardando así la sonoridad propia de cada lugar y compartiéndola gratuitamente con el resto del mundo. Esta iniciativa fue desarrollada por Fernando Godoy y el colectivo Tsonami, quienes a través de festivales y diversas actividades han dedicado su conocimiento y talento a una serie de proyectos sonoros que estimulan los sentidos y a su vez documentan cómo suenan ciudades, desiertos, árboles o ríos en distintas partes de América.

 

Fernando, tu trabajo explora una y otra vez el sonido y su espacio. ¿Qué motiva en ti esta búsqueda y su exposición en diversos medios y formatos?

Yo estudié ingeniería electrónica y luego licenciatura en música y siempre estuve muy vinculado a la música, pero con una curiosidad más experimental. Después, al estudiar de una manera más tradicional y conservadora, me dio más inquietud expandir más allá sus límites y me fui acercando a las prácticas contemporáneas con sonido. Empecé a trabajar con distintos tipos de formatos, instalaciones, performance, proyectos web e intervención con otra escala, a escala urbana, y por ahí ha ido mi investigación en los últimos años.

El 2007 empezamos, junto a un grupo de compañeros y profesores, el proyecto Tsonami, que apuntaba a salirse un poco de lo limitado de la academia y quisimos generar un espacio que intentara explorar más allá el sonido. Así partió Tsonami como un festival, y que con los años se ha conformado como un espacio que busca generar investigación y reflexión en torno a las prácticas artísticas con el sonido, y eso se expresa en distintos tipos de trabajos, con obras que pueden ocurrir en el espacio público, en lugares tradicionales, en casas, a nivel ciudad, etc. Desde el año 2012 comenzamos a generar actividades que generan continuidad durante el año, y aparecen nuevos proyectos como Audiomapa, la Revista de Arte Sonoro y Cultura Aural, la cual hace un nexo entre la investigación del sonido con otras disciplinas del conocimiento como la filosofía y la antropología, y también tenemos un sello que se llama Tsonami Records y la Radio Tsonami.

Todos estos proyectos tienen que ver con la sensibilización del entorno desde la audición, con el paisaje sonoro y sensibilizar y reflexionar sobre la escucha y cómo suena nuestro entorno. Hay algo consustancial del sonido con el espacio que tiene que ver con la experiencia ya que la escucha siempre ocurre en un lugar y esas locaciones y espacialidad van determinando cómo nos vinculamos con el fenómeno de la audición y me interesa mucho investigar esos cruces, cómo el sonido se vincula con un espacio, una arquitectura o con una geografía.

  Festival de Arte Sonoro Tsonami 2014.

Haz logrado registrar y exponer verdaderas librerías sonoras de distintas partes de Chile y América. ¿Cuál es la importancia de resguardar y compartir este archivo inmaterial?

Audiomapa nace porque no existía algo similar, no existía un archivo del paisaje sonoro chileno o latinoamericano, y también lo pensamos de inmediato como un archivo colaborativo, abierto para que cualquiera pudiera ser parte y colaborar. Su importancia va desde preservar la sonoridad de un territorio, saber cómo suena en un momento determinado y para después también comparar y saber cómo se ha ido modificando o mermando, como también documentar lugares que están en proceso de modificación o de posible cambio más brutal, como por ejemplo cuando fuimos a territorios donde habían riesgos de cambios ecológicos grandes, como​ ​Aysén, cuando no se sabía si iba a suceder HidroAysén o no. Estuvimos en el Baker haciendo registros,​ ​en Los Ñadis y en zonas de inundación, y fuimos a explorar esos lugares pensando que era probable que desaparecieran, y esos sonidos se pueden encontrar en Audiomapa.

Lo mismo hicimos en el norte, en el Valle de Lluta, porque estaban construyendo el proyecto minero Los Pumas y que también iba a modificar de manera importante el paisaje y la comunidad. Estos proyectos pueden preservar ecosistemas acústicos en desaparición o que tienen algún riesgo producto de la intervención humana. Además tiene un valor educativo, de hecho en los planes y programas del Ministerio de Educación en Música ya existe el concepto de Paisaje Sonoro, el cual los niños ven desde octavo básico, y estos proyectos perfectamente pueden aportar para esos fines.

Algunos registros son en lugares abandonados y olvidados. ¿Hay una suerte de rescate o reivindicación de su historia o patrimonio a través del sonido y la geolocalización?

Como posibilidad, totalmente, el sonido también es patrimonio y uno puede abordarlo desde esa perspectiva, pero también hay un interés de investigar el desierto como huella de la actividad que hubo en el pasado. Todos estos pueblos abandonados de la época del salitre, que son ruinas y ciudades fantasmas, quisimos experimentar e intentar acercarnos a estas ruinas pero desde la perspectiva del sonido. Nos encontramos con que estas ruinas de actividad humana están siendo activadas continuamente por fuerzas naturales, el viento y el sol, y producen un nuevo paisaje. Esta obra tenía un mapa real de la ruta que hicimos y habían 8 cajitas negras donde te podías enchufar y escuchar los registros que hicimos en cada uno de esos puntos.

¿Cuál crees que es el aporte social y/o artístico de la documentación sonora colaborativa?

Tiene múltiples dimensiones, tiene un aporte social porque es un archivo que preserva y permite conocer la sonoridad de otros lugares, pero también tiene una dimensión más artística. Cada persona elige grabar lo que le parece bueno preservar, asimismo puedes grabar algo pensando en hacer algo así como una fotografía de autor, o un paisaje de autor, y depende de la aproximación que hagas y tu objetivo, y eso es lo que se refleja en la pieza que decidas compartir. El Paisajismo Sonoro es como una disciplina en sí misma y hay artistas y sellos que se dedican a publicar sólo grabación de campo y paisaje sonoro. Al igual que en la fotografía, donde uno selecciona un encuadre o un color, uno hace una operación de composición, en lo sonoro funciona de manera muy similar, la gran diferencia es que la foto tiene instantaneidad y el sonido es tiempo.

Concierto de Ciudad 193hz

Otro ámbito colaborativo está presente en el Concierto de Ciudad. Cuéntanos un poco de la experiencia de hacer música con objetos propios e insertos en la ciudad acompañados de músicos creando al unísono y momentáneamente.

Lo que planteamos era intervenir el espacio urbano en una acción sonora de escala ciudad donde momentáneamente y por una hora se ejecuta una pieza diseñada previamente. Había una partitura que se interpretaba con la sirena de los buques, que en este caso es como el instrumento natural de la ciudad y que tiene una vinculación con la comunidad, como que los identifica porque dan un contexto territorial y por eso decidimos utilizar esta sonoridad de la ciudad como un instrumento. También se incorporaron algunos músicos en ciertas quebradas estratégicas y la idea era intervenir el paisaje sonoro de la ciudad con estas fuentes fijas pensadas como instrumentos. Esto tiene mucho que ver con el espacio y la geografía, porque Valparaíso es como un anfiteatro y por lo mismo los sonidos se meten en las quebradas, rebotan, hacen ecos y se produce un fenómeno que es muy particular y que tiene relación directa con su espacialidad urbana. El concierto en sí mismo iba todo el tiempo cambiando, en una quebrada podían desaparecer los buques y aparecer una campana y dependía mucho de la posición donde uno estuviera. Cada ciudadano escuchaba su fragmento.

El proceso de producción fue muy interesante, tuvimos que gestionar con ocho iglesias para contar con las campanas, por ejemplo, y habían músicos en las quebradas con instrumentos de viento, pero los que estaban a cargo de las campanas y los barcos no necesariamente eran músicos. Algunos participantes no tenían ningún tipo de formación musical. La idea era de alguna manera representar la complejidad de la ciudad en sus flujos, cómo la gente pasa, cruza, cómo la densidad va cambiando, los autos y todos esos comportamientos y buscamos generar una partitura que tuviera vinculación con eso. Por eso, a través de un modelo matemático y un algoritmo que simula estos comportamientos que ocurren en una ciudad creamos la partitura. Esos parámetros y temporalidades fueron acciones, como por ejemplo tocar la sirena de un barco, y aunque esto suena complejo en realidad cualquiera podía ejecutarlo.

Video Concierto de Ciudad. 

Phototropes

Este proyecto creaba una especie de microorganismo electrónico que habitó un árbol por más de un año. ¿Qué te inspiró para hacerlo y cuáles fueron los resultados?

Este proyecto tiene mucho que ver con lo ecológico, en cierta manera, porque básicamente lo que hice fue construir pequeños dispositivos que de algún modo te remiten a un insecto, por el sonido que emiten. Son similares a grillos, a ranas, y cuentan con un panel solar que les permite ser completamente autónomos. Se alimentan de la energía del sol y lo necesitan para poder activarse, son completamente ecológicos por así decirlo, y se sincronizan entonces con los ciclos del día y la noche y operan según la cantidad del sol que haya y van cambiando su comportamiento. Construí entonces una comunidad y se generó como una selva pero en un espacio muy reducido. Estar bajo el árbol era como estar en la selva, pero caminabas unos pasos y te salías. Y lo más interesante es que esta tecnología es ​open source​, la Robótica Beam, y el esquema básico lo saqué de internet y es una tecnología que pertenece a una comunidad que la comparte, es una tecnología libre y abierta.

En general estamos acostumbrados a que nuestra percepción se limite bastante a la vista, a lo que nos entra por los ojos, ¿crees que la posibilidad de viajar a lugares lejanos a través de la sonoridad o escuchar algo que en el cotidiano no escuchamos, puede agudizar nuestra percepción sensorial y dar nuevos matices a lo que nos rodea? Si es así, ¿en qué nos beneficia como individuos y sociedad?

Ese es uno de mis objetivos en todo lo que hago, siempre está la idea de que estamos en una cultura extremadamente visual y que la escucha siempre está como en un segundo plano, siendo que es muy relevante para nuestra manera de desenvolvernos en el espacio urbano y social. En todo esto siempre hay un esfuerzo de sensibilizar sobre la audición y sobre el sonido, y de alguna manera aportar en que exista algún tipo de conciencia auditiva. que la gente sea más perceptiva y receptiva al sentido de la escucha. Estoy seguro de que escuchar a los otros y a las manifestaciones naturales reporta un beneficio no sólo como individuo, ya que nos permite disfrutar cosas que antes no disfrutabamos, sino también como sociedad en el sentido de que te permite detenerte y hacer un ejercicio un poco más contemplativo que puede ser muy importante a la hora de relacionarse.

**Foto Portada: Proyecto Audiomapa.