Conectar los propios talentos con los sueños e inquietudes es una tarea que puede traer grandes frutos. A continuación, la historia de una artista que nos muestra esta lección. 

Paula Demarco, 36 años, diseñadora gráfica titulada en la Universidad de Valparaíso, conconina e ilustradora. Es además tecladista de Kafod, banda que lleva junto a su pareja, Carlos, y  en la que frecuentemente colabora su hijo, Juan, de 7 años.

Ella ilustra animales silvestres, un talento que cultivó desde niña, cuando vivía en Saladillo, Los Andes. “Allí estaba lleno de  aves, se veían cóndores, zorros, culebras, búhos y a mí eso me fascinaba. Yo alucinaba con los paisajes y los animales. La naturaleza fue mi maestra. Después, en mi adolescencia, dejé un poco ese lado naturalista y exploré otras tendencias, otras áreas del dibujo, como cómics, cosas más surreales, oníricas, después mucha figura humana en la universidad, y hace unos 3 ó 4 años me acordé que siempre me gustó dibujar animales y que lo dejé de hacer porque pensé que a nadie le iba a interesar”.

Fue entonces cuando retomó su afición por el retrato de animales silvestres y comenzó a promover sus trabajos en internet. Así empezaron a llegar encargos e invitaciones para participar en eventos como la Feria Internacional de Innovación Social (FIIS), feria Contextos, la fiesta de la Ciencia en el Jardín Botánico de Viña del Mar, y uno que otro encuentro en los humedales de La Isla (Concón) o de Mantagua.

Gracias a esta trayectoria, a inicios de junio montó su primera exposición “Fauna chilena a través de la ilustración” en  la Avanzada Cultural de Concón. Allí emplazó una serie de sus más queridas obras, entre las que se encuentran “un zorrito, una serie de ilustraciones de especies de RapaNui (encargada por la Universidad Católica del Norte, Ecology and Sustainable Management of Oceanic Islands (ESMOI) e Iniciativa Científica Milenio), un gato de Geoffroyi y Yunco que hice para la editorial Photosíntesis”.

Su participación en el tomo I y II de Photosíntesis es el precedente para considerar a Paula como una de las exponentes nacionales de la ilustración naturalista, disciplina que se ha encargado de difundir en espacios culturales de la Región de Valparaíso mediante talleres en el Museo Lukas (Febrero 2016), el Museo de Artes Decorativas Palacio Rioja (Octubre 2016) y el Museo Artequín (noviembre 2016).

“Es una suerte que se puedan juntar dos disciplinas, que son la ciencia con el arte. Por un lado, a los científicos les ayuda mucho para ver representadas las partes específicas de alguna especie que no se ven bien en fotografías y que uno puede precisar. Además, en el lado de educación tiene una labor importantísima para acercar a los niños a la ciencia y a la gente que no está relacionada, porque el arte es muy atrayente”, observa la ilustradora.

El camino del diseño a la ilustración

Hace unos diez años, Paula era una recién titulada diseñadora gráfica que buscaba su destino profesional. En ese momento de su vida, estuvo unos meses laborando en una imprenta y en sus tiempos libres trabajaba haciendo ilustraciones para una banda amiga. “Había hecho la práctica en diseño, no era la más brillante, pero me gustaba el diseño. Después me puse a trabajar en la música y eso me dio el impulso para practicar la ilustración. Al principio, no lo hice con la intención de que me fuera bien, lo hice por hacer no más y empecé a producir, a producir y, de a poco, me empezaron a encargar cosas”, cuenta.

Así fue como emprendió el camino para lograr su gran sueño de niñez: dibujar y tocar música, dos talentos que heredó desde sus antepasados. Sin embargo, ella comenzó a experimentar sus primeros acercamientos con el arte de manera muy autodidacta desde niña, observando libros de ciencias naturales de la editorial Salvat y otros de dibujos realistas, como el Larousse (diccionario) ilustrado, sin saber que su tatarabuelo fue un gran pintor hiperrealista de Talca. “Fue lindo descubrir que un antepasado tenía esa veta. Y, por otro lado, mi abuelita me enseñó piano, y a ella le enseñó su mamá que tocaba arpa”, cuenta la artista.

Y luego de pasar unos meses en la imprenta, decidió “¡Ya!, voy hacer lo que me gusta”. Así es como hoy en día se dedica cien por ciento a su banda, Kafod y la ilustración naturalista.

La música: un proyecto familiar

El desarrollo de Paula en la música estuvo muy ligado a su aproximación al amor. Partió trabajando con Carlos Cruz y su banda, primero como ilustradora y luego como tecladista. Con el pasar del tiempo, Cruz y Demarco se enamoraron y formaron una familia, núcleo con el que han concretado algunos sueños, como vivir del arte.

Hace unos años, compraron una combi que es el medio de transporte que actualmente utilizan para montar conciertos al aire libre y exposiciones de las ilustraciones naturalistas de Paula. “Un día estábamos en Quilpué y la combi se nos apareció afuera, en la calle, y quedamos enamorados. La íbamos a ver todos los días hasta que hicimos las gestiones y pasamos nuestro autito en parte de pago. Ahí empezamos a viajar”.

Hasta el día de hoy, han recorrido lugares como el Valle del Elqui, Huilo Huilo, Chillán, y ahora planean un gran viaje por Sudamérica. “Ojalá, llegar a distintos países y registrar la fauna y la flora de distintas partes, y mostrar nuestra música y todo esto que hacemos”, comenta la pareja. A todas sus aventuras, les acompaña su pequeño hijo Juan, quien además es un talentoso baterista, al cual educan en casa, en medio de un bosque en Concón.

“La música y el arte son como un juego, y ahí entre medio está la ciencia, porque nosotros en nuestras letras también hablamos de la naturaleza, de los humedales, y ahora estamos haciendo canciones sobre las aves migratorias, el hábitat, y todo eso se comunica de manera entretenida a la gente, especialmente a los niños”. Y es lo mismo que le están inculcando a su hijo cada día.

Paula señala que el secreto para concretar un estilo de vida amigable “es ir creyendo, no cuestionarse qué hacer o qué le pueda gustar a los demás, si no que hacer lo que a uno le gusta”. Aun así, enfatiza que puede ser demoroso tomar la decisión: “Quizás, por eso me demoré un poco, a veces, porque no me di cuenta que tenía que hacer lo que en realidad me gustaba, aunque lo hice siempre con mucho cariño, con mucha admiración por los seres que tanto amaba: las plantas y los animales”, concluye.

Y aunque le costó tomar la decisión,  es evidente que Demarco es una persona que ha cumplido sus sueños más profundos gracias a que siguió el camino de aplicar amor a todo lo que hace, ya sea en la ilustración, en la música y en su entorno familiar.