Hablar de la reconciliación entre chilenos y mapuches es la idea central de la cineasta Rocío Chávez, directora de “Pelokëlan”, su ópera prima. Para Chávez el pueblo mapuche está lleno de complejidades, y si bien son guerreros, son mucho más que eso. Revista Endémico conversó con la artista, quien cuenta la relación de su película con la naturaleza, sobre el difícil proceso de rodaje y más.

Reconciliación, dualidad y ética son algunos de los conceptos que se entrelazan en la película de Rocío Chávez, llamada “Pelokëlan”, un largometraje de ficción que actualmente está en etapa de post producción, luego de un proceso de filmación lleno de vicisitudes y encuentros con la naturaleza.

En palabras generales, se trata de la contratación de un campesino proveniente de Puerto Saavedra, Óscar Leiva, por parte de la Forestal Sierra Verde, para que cumpla con la labor de resguardar la Isla Huapi, donde la empresa comenzará con trabajos forestales. Sin embargo, la historia da un vuelco gracias a la aparición de entes mágicos que vinculan al campesino con un mapuche que vive escondido en esta isla. Es así como comienza una gran amistad, que se ve amenazada por la duda de Óscar, quién no quiere perder su trabajo ni tampoco a su amigo.

“Este es mi primer largometraje ficción, y tuve la suerte de haber trabajado con la asesora de Víctor Gaviria, Gloria Nancy Monsalve, en el Bolivia Lab (Cochabamba)”, nos explica Rocío sobre el proceso creativo de Pelokëlan. Y agrega que, aunque en cierta medida se escriben tres películas (el guión, el rodaje y otra generada en la sala de post producción) y que  desde el origen al final todo cambia mucho, la esencia de lo que se quiere trasmitir permanece.

“Eso pude lograrlo gracias a la ayuda de Ricardo Larraín, quién fue la primera persona que creyó en mi película. Por otro lado, mucha gente me ayudó desde distintas áreas, y ni contar la cantidad de amigos -que ya habían hecho largometrajes- que me dieron consejos, visiones, y advertencias. Creo que para hacer cine, el conocimiento y la colaboración deben estar siempre presente, para así crecer como cineastas y personas”, señala la directora.

Por lo mismo, el guión en sí es tan importante, ya que es finalmente, el que contiene el mensaje central, que Rocío tiene clarísimo. “Quiero hablar de la reconciliación entre chilenos y mapuches a través de esta historia particular, ya que la enemistad ha sido un problema histórico desde la colonización. El pueblo mapuche está lleno de complejidades y me parece que la televisión se ha encargado sólo de mostrar que son terroristas que queman camiones y hacen barricadas. Si bien son guerreros, son mucho más que eso: hay todo un trasfondo de lo que significa ser mapuche, ya que un mapuche no puede ser mapuche sin su tierra. Quise mostrar parte de su cosmovisión y hacer que Óscar (interpretado por Jaime Omeñaca) conociera -a través de esta amistad- otra versión de lo que es ser mapuche, que está lejos de lo que muestra la televisión chilena”.

Cabe destacar que el papel de coprotagónico es interpretado por Joel Maripil.

EL RODAJE: Tempestades e iluminación

De que fue un rodaje difícil, lo fue. Y así lo confirma Rocío. Cuenta que rodaron hace un año durante 19 días en Puerto Saavedra (región de la Araucanía) y con un equipo reducido. Como convivían las 24 horas, se produjeron roces de convivencia, aparte de vivir cortes de luz, tormentas y retrasos.

“Una de las cosas que más recuerdo fue que antes de comenzar el rodaje, el Uñumche me dijo que teníamos que pedirle permiso al Wallmapu (a la tierra) para empezar. Pero yo y el equipo estábamos tan excitados por comenzar, que lo olvidamos. Consecuencia: esos días iba todo mal, terminábamos tarde las jornadas, nos costaba mucho cohesionarnos como equipo y teníamos los típicos problemas de comunicación. Entendimos entonces las señales, e hicimos una pequeña ceremonia dirigida por el lamgen Manuel Cayupan, quién nos prestó su casa para grabar. Desde ahí todo cambió entre nosotros, y entre nosotros con la tierra”, recuerda.

De hecho, salió el sol, y eso para Rocío y el equipo fue el gran permiso. “Puerto Saavedra es un lugar que energéticamente es muy poderoso, confluyendo el río, el mar y el lago Budi. No es casual que allá de verdad uno se siente con una energía diferente, y la percepción se abre. Un día salí a caminar con el sonidista y comenzó a soplar un viento que casi nos voló, una tormenta, vimos un rayo y sentimos los truenos muy fuertes. En eso se corta la luz en todo Saavedra, y pensé “estamos aquí, muy dentro de la tierra”.

“Se escucha, se siente y se huele, siendo un canal para comprender por qué el pueblo mapuche la valora tanto”

El rol de la Naturaleza en Pelokelan

Una de las protagonistas fundamentales de la película es precisamente la Naturaleza. La cineasta cuenta que ésta cumple el rol de ser la que logra sensibilizar a Óscar, que es un campesino bastante ignorante sobre la cultura mapuche. “Pero al sumergirse en ella, la escucha, la siente, la huele, siendo su canal principal para comprender el por qué los mapuche la valoran tanto”.

Y también, relata, es la que los protege de “Los malos”, que es la empresa forestal Sierra Verde, que pretende talar toda la isla. “Esa parte es bien mágica, pero prefiero no contar más hasta que salga el tráiler”.

En efecto, ya existe un primer corte de 64 minutos, y cuentan con una posible fecha de estreno: el segundo semestre del 2018. “Estamos viendo hacer primero un estreno con la gente de allá; las comunidades de Puerto Saavedra e Isla Huapi, y luego ir por un recorrido festivales”, adelanta Rocío.

El Financiamiento: la gran meta

El financiamiento, para todo proyecto artístico y cultural, es un tema fundamental. Sobre todo por la gran cantidad de recursos que se requieren, especialmente para la producción de un largometraje en lugares remotos.

Para Pelokëlan, el proceso de financiamiento fue igual de dificultoso que el rodaje, aunque de todas maneras fluyó. “Lo hicimos a través de la plataforma Ideame, y fue bien especial lo que nos pasó, porque de antemano sabíamos que este tipo de proyectos siempre los termina financiando la familia y los más cercanos. Pero a nosotros nos llegaron colaboraciones de gente que ni conocíamos, y colaboraciones no menores. Entonces eso fue una gran alegría para nosotros, entendiendo que más gente creía en el proyecto y se sumaban”, cuenta Rocío.

De esta forma, pudieron lograr la meta, y “pudimos hacer una película independiente”.