¿Te has puesto a pensar en cómo es posible que puedas comprar poleras en 4 lucas (5 doláres) o pantalones en 10 lucas (15 dólares) si pareciera que ese precio ni siquiera cubre los costos de manufactura y transporte del producto? Te invito a conocer la Moda Rápida por dentro, la segunda industria más contaminante del planeta.

¿Quién hizo mi ropa? Por Fashion Revolution.

Soy nacida en los ochenta y recuerdo que en mi niñez comprar ropa era una inversión importante. En mi familia sólo comprábamos ropa como máximo dos veces al año y eso debía cubrir las cuatro temporadas: otoño, invierno, primavera y verano. Era un consumo muy a conciencia ya que implicaba un gasto considerable del presupuesto total familiar, donde las prendas debían durar varios años antes de ser destinadas a los primos más pequeños, generándose la típica pirámide de herencia de ropa.

En esos tiempos, ese era el ciclo de las prendas tanto en Chile como en la mayoría de los países, es decir: la ropa era usada hasta que sencillamente ya no daba más. Esto hasta hace unos 20 años atrás. En los años noventa, la industria de la ropa comenzó a cambiar su modelo de funcionamiento, hasta llegar a ser hoy un negocio que mueve trillones de dólares anuales. Hasta aquí, esto puede parecer una historia de nostalgia por las practicas del pasado ante un nuevo y exitoso negocio que logró superar a todas las otras áreas del mercado internacional, pero lamentablemente este relato está repleto de irregularidades laborales, contaminación y muerte.

Es posible contar con los dedos de una sola mano quienes se benefician con este modelo de negocio, mientras la gran mayoría nos vemos perjudicados, ya que tanto los consumidores como los proveedores de materia prima, los trabajadores y un sin fin de comunidades pagamos un costo muy alto -en calidad de vida- por los precios bajos de la ropa.

La buena noticia es que somos nosotros, los compradores comunes y corrientes, los que tenemos el poder de detener los inmensos daños ecológicos y sociales de esta industria, esto a través de nuestras opciones de compra y una nueva forma de relacionarnos con lo que poseemos.

La Moda en números

La Moda Rápida –Fast Fashion en inglés- emplea a 1 de cada 6 habitantes en el mundo. Es el negocio que se encarga semanalmente de abastecer de nuevas prendas de vestir a todos los retails y supermercados del mundo, cambiando según cada estación del año e incentivando en los clientes un consumo de ropa que se ha cuadriplicado en tan sólo una generación. Esto significa que en nuestros hogares tenemos 4 veces más ropa que nuestros padres y por lo tanto hoy forzamos los ciclos naturales y energéticos del planeta como nunca antes en la historia. Poniendo las cifras en contexto, cada año se crean aproximadamente 150 billones de piezas de ropa en el mundo, en una industria donde más del 80% de la fuerza laboral es femenina y en el que el 98% no gana el sueldo mínimo.

Estos bienes de consumo están siendo manufacturados en las denominados sweatshops también conocidos como “talleres de trabajo esclavo”, donde el sueldo promedio es 4 dólares al día, o sea unos 50.000 pesos chilenos mensuales (sin ningún tipo de beneficio de salud). En contraste, las ganancias generadas por la industria de la Moda Rápida a nivel global bate récords anualmente rondando los 3 trillones de dólares al año.

Traducción del mensaje: “Necesitamos un sueldo mínimo de 160 dólares para cada trabajador”.

Devaluación a escala humana

Si las materias primas, el petróleo, el transporte y básicamente todos los elementos e infraestructura necesarios para hacer y distribuir ropa suben su valor con el tiempo, cabe preguntarse ¿cómo es que hoy podemos pagar menos que antes por la ropa? Las grandes compañías han logrado hacer de la globalización un feroz aliado, ya que gracias a tratados de libre comercio que favorecen la relocalización de sus plantas, pueden fácilmente externalizar la fabricación de sus productos a países donde la mano de obra es extremadamente barata.

La mano de obra es el principal eslabón en la cadena de producción en que se abaratan costos, ¿y cómo lo hacen? Llevando las fábricas a países pobres donde se permite trabajar en edificios inseguros y en mal estado, con bajos salarios, prácticas antisindicalistas, donde inclusive niños pueden trabajar y donde las empresas básicamente pueden hacer caso omiso de las leyes laborales.

En más de una oportunidad hemos leído en la prensa sobre tragedias en maquiladoras al otro lado del mundo, como por ejemplo el incendio en Ali Enterprises, en Pakistán, que dejó 289 muertos, o el sucedido en la fábrica Tazreen Fashion en el distrito Dhaka que dejó 124 muertos, o la más terrible de todas hasta el momento, el derrumbe de la fábrica en Rana Plaza que dejó 1.134 muertos y más de 2.500 heridos también en Bangladesh, pero jamás se nos pasa por la mente que estando tan lejos de allí podemos tener una conexión con lo sucedido. Y es que olvidamos que al comprar un producto estamos finalmente eligiendo un modelo de valores, si decidimos gastarnos la plata en una u otra tienda, queramos o no estamos avalando su sistema de producción.

Rana Plaza, fotografía por Jaber Nahian.

Geografía del desastre

Los costos que paga la naturaleza en la industria de la moda tienen un impacto incalculable a largo plazo. Cada año se manufacturan más de 1 billón de poleras de algodón tradicional y, aunque es una tela de origen natural, su siembra a gran escala tiene consecuencias devastadoras. El algodón es el cuarto cultivo que más pesticidas requiere, los cuales afectan los nutrientes propios del suelo y perjudican a insectos y animales a través de la contaminación del aire y el agua.

La intensificación de la agricultura genera la contaminación de grandes extensiones de tierra que están siendo consideradas como una industria, no como un ecosistema, con monocultivos que son mantenidos con pesticidas que afectan a las comunidades circundantes, las cuales ven un incremento preocupante en nacimientos con deformidades, enfermedades mentales y cáncer.

Por otra parte, y a la mano del acelerado ascenso de la Fast Fashion, se encuentra un material de origen sintético que es posiblemente de lo que está constituido lo que llevas puesto hoy. El poliéster es una fibra plástica derivada del petróleo y como todo combustible fósil es altamente contaminante. Al lavar prendas que contienen poliéster (más de la mitad de la ropa hoy lo contiene) pequeños plásticos de tamaño microscópico se desprenden y viajan a través del agua hacia los océanos. Estos microplásticos son consumidos por los peces y luego por los seres humanos al comer pescado. La industria de la ropa es el segundo contaminante de agua dulce en el mundo.

A esto debemos sumar los contaminantes que contienen los estampados, que por lo general son hechos con tintas tóxicas, las cuales entran directamente a los sistemas del agua con cada lavado que hacemos en casa. El poliéster no es biodegradable, o sea cada prenda hecha con poliéster sigue en el planeta hoy, y peor aún, actualmente casi todo lo que es textil no es biodegradable, cada prenda toma alrededor de 200 años en desaparecer y mientras se descompone en un basural por ahí, sigue colando químicos al agua y la tierra.

Trabajadores filtrando algodón, fotografía por CSIRO ScienceImage.

¿Qué puedo hacer?

Siendo concientes de que estamos en un círculo vicioso de injusticia y contaminación, donde la ropa barata conlleva graves consecuencias, es ya un tremendo paso en la dirección correcta. Las grandes compañías de la moda gastan un dineral en publicidad enfocada en hacernos creer que si no estamos al día con sus nuevos productos en el mercado, seremos infelices.

Sin embargo, no olvidemos que como seres humanos, la conexión con los otros y con la naturaleza es algo esencial para nuestro equilibrio emocional y fisiológico, el cual está compenetrado por un tejido de valores que podemos reflejar en cómo y dónde compramos nuestras vestimentas.

A través del sencillo ejercicio de leer la etiqueta de cada prenda y sabiendo dónde y de qué material está hecha, puedes evitar comprar ropa tóxica y que fue hecha a costa de una mujer que trabaja en condiciones paupérrimas al otro lado del planeta. También es aconsejable, antes de realizar una compra en una gran compañía de moda rápida, que des vuelta la prenda y revises si las costuras están firmes. Así podrás asegurarte de que compras una prenda que va a durar más tiempo. Es importante también que cuidemos lo que compramos, que cuando adquiramos algo lo hagamos a conciencia y que también retomemos el perdido arte de zurcir y reparar nosotros mismos nuestras prendas.

Y por sobre todo ¡haz preguntas! Pregúntale a las marcas de tu preferencia dónde están desarrollando sus productos, como consumidores somos quienes debemos exigir transparencia sobre los productos que compramos, su procedencia, la sustentabilidad de las materias primas y si se está velando por los derechos de los trabajadores detrás de los bienes que comercializan.

Es importante que a través de nuestro poder de adquisición apoyemos a las empresas que hacen las cosas bien y que provoquemos a las grandes compañías a replantearse sus modelos de producción. Infórmate sobre las nuevas iniciativas que están transformando la industria de la ropa, como la Fashion Revolution (Revolución de la Moda), la cual a través de material descargable en varios idiomas, campañas y aplicaciones para aparatos móviles están trabajando por una industria más sustentable y justa.

Links de interés

Miniserie Documental “Sweatshop” (con subtítulos en español)
“Libro Blanco” de la Revolución de la Moda

Campaña “Yo hice tu ropa”.

Fuentes

Reportaje BBC

The True Cost del documentalista Andrew Morgan

How to engage with Ethical Fashion de Clara Vuletich

The high cost of our cheap fashion de Maxine Bédat, diseñadora y fundadora de Zady

*Foto de portada: www.heyprettything.com