Tuvimos la oportunidad de conversar con Daniel Casado, director del documental “Patagonia Azul, la interconexión de la vida”, la cual fue producida por la Fundación MERI, y cuyo estreno en Chile se llevó a cabo en septiembre de este año en el Cuarto Congreso Internacional de Áreas Marinas Protegidas, el cual tuvo lugar en la región de Coquimbo. Esta cinta da cuenta del brusco cambio de paradigma que ha sufrido la historia ballenera nacional, pasando de ser un país que da muerte y lucra con este tipo de cetáceos, a una nación que hoy en día vela por su conservación.

​Trabajó con M​ERI hace muchos años, desde sus inicios, y fue algo natural el colaborar para una producción más grande. Quisimos contar la historia de lo que está pasando en el sur hace algún tiempo, y la tremenda posibilidad que tenemos como chilenos al coexistir con esa fauna tan rica en el sur de Chile.

¿Cuáles fueron los principales desafíos que tuviste que enfrentar durante el proceso de rodaje?

​Grabar en el sur ​es siempre un desafío, y más si es en el mar. A veces los planes no resultan como uno espera, entonces hay que saber adaptarse a lo que se presenta. De todas formas, a pesar de ser un reto, eso es algo que amo de navegar en Las Guaitecas y en Patagonia, el mar es el que manda y no uno, entonces se produce un acercamiento con mucha humildad. Cuando hay regalos, uno los recibe feliz.

En los últimos años, se han estrenado una serie de producciones chilenas que tienen como eje central la conservación. ¿A qué atribuyes este fenómeno, y qué ha significado para ti como realizador, sumarse a las filas de los que bregan por proteger nuestro patrimonio natural?

Hace algún tiempo están pasando hartas cosas en lo audiovisual, y en Chile en general. Creo que es propio de que afortunadamente los intereses están cambiando y estamos, muy lentamente, poniendo el foco donde más importa. Algunas personas ya no están tan preocupadas de tener el auto último modelo, o de ir al mall, si no que estamos viendo que el planeta va por mal camino y si no hacemos algo, no nos queda mucho.

La verdad es que me siento muy feliz de haber decidido salirme un poco del sistema más tradicional y seguir mis sueños,  tratar de ser un aporte, tratar de dar importancia a las cosas que de verdad valen, tratar de sumar.

Muchas veces el lenguaje científico es una de las brechas principales para acercar la ciencia a la gente. ¿De qué forma  consideras que las cintas audiovisuales pueden contribuir a reducir esta distancia?

Creo que es súper importante el poder acercar la ciencia a la gente, y las producciones audiovisuales son un muy buen camino. Como dices, a veces la ciencia y los “descubrimientos” son un poco lejanos a la gente, y es ahí donde vi una oportunidad de aportar desde lo que sé.

Lo bueno es que las ONGs y las instituciones medioambientales y científicas, se están dando cuenta de que el comunicar es una inversión más que un gasto, y tirando la raya para la suma, es un gran aporte para sus proyectos.

Uno de los puntos centrales de la cinta es la historia de aniquilación de estos cetáceos, para el cual se tuvo que llevar a cabo una profunda investigación ¿Qué valor le otorgas a este ejercicio de rescate de la memoria?

Creo que en todo orden de cosas la historia es demasiado valiosa, es cómo uno puede aprender del pasado.

A veces me parece increíble que tropecemos una y otra vez con la misma piedra y no aprendamos la lección. Por ejemplo en Estados Unidos hace rato están destruyendo represas, dado el alto impacto que tienen en el ecosistema. Entonces, ¿por qué en Chile vamos a querer HACER más represas, si está archi-comprobado que es un impacto tremendo?

Creo que con las ballenas, que son una especie tan carismática, se nos presenta una tremenda oportunidad como chilenos, para que hagamos las cosas bien y conservemos el tesoro natural que tenemos en el Sur.

¿Vamos a seguir contaminando, sin importar nada más que producir y ganar plata? ¿O vamos a tratar de cuidar lo que tenemos y buscar un desarrollo sustentable, que alcance para todos y para las nuevas generaciones?

¿De qué manera cambio tu percepción de la importancia de preservar la ballena azul, luego de haberte internado en su fascinante mundo?

​Las ballenas son animales alucinantes por donde se les mire, y creo que despiertan admiración y curiosidad en casi toda la gente. La suerte que tengo de trabajar con científicos tan capos, es que uno va aprendiendo más y más, y te das cuenta de que en la Naturaleza, todo está conectado. Esa sensación que uno tiene a veces de formar parte de un todo, es verdad, y los científicos son los que comprueban eso con sus estudios e investigaciones.

Si se extinguen las ballenas, al final, se extingue también una parte de nosotros.

¿Qué expectativas tienes con respecto a la recepción del público chileno?

​Espero que la gente pueda conectar con el documental. Tratamos de buscar esa conexión a través de la belleza.​ Ojalá alguien se sienta motivado a sumar y tratar de aportar desde su visión, para que todos rememos para el mismo lado.

Por último, ¿qué temáticas medioambientales te gustaría abordar en un futuro proyecto?

​A​hora estamos trabajando en un documental en Estados Unidos, sobre la creación de un parque nacional en los bosques del norte de Maine, cerquita de la frontera con Canadá. Ha sido una tremenda oportunidad ya que siempre es un regalo poder entrar a la vida de la gente y poder entender la visión que tienen de una historia o de un lugar. Es como poder echar un vistazo a la vida de otras personas, y eso es alucinante.

Luego, regresaremos a Chile en noviembre y nos trasladaremos a Aysén, para trabajar en un proyecto audiovisual sobre agricultura orgánica, que es un movimiento que está creciendo mucho, y paralelamente trabajaré en un par de foto reportajes sobre el Parque Patagonia y sobre los gauchos, que es un tema que me alucina.

El próximo año seguiré trabajando con la pesca, y las comunidades remotas de la Patagonia, tratando de sumar y buscarle el lado a las historias que pasan en lugares lejanos, y que no salen mucho en las noticias.