Rocas blancas. La imagen más común de ver en el mundo subacuático en los últimos años. Ya sea buceando, desde el cielo, en documentales o fotografías, el impacto visual es elevado. Los fluorescentes colores que hasta hace unos años caracterizaban los arrecifes de coral de las aguas tropicales y subtropicales del océano, hoy en día son eso… “rocas blancas”.

Vamos por el principio. El coral es un animal colonial compuesto por millones de estructuras más pequeñas, llamadas pólipos. Cada pólipo es una boca rodeada de tentáculos y en su interior habitan alrededor de un millón de micro algas por cm cúbico (medida de volumen).

Esta estrecha relación favorece a ambos: por un lado, los corales dan protección y un suministro constante de CO2 a las micro algas, y por otro lado, éstas a su vez, le proporcionan energía al coral a través de la fotosíntesis que hacen durante el día. Es esta relación la que permite que los corales de aguas poco profundas crezcan lo suficientemente rápido como para construir las enormes estructuras que llamamos arrecifes.

Dado que el coral tiene la capacidad de construir su propia casa (generando la estructura más grande jamás creada por un ser vivo en el planeta), puede favorecer la interacción y las relaciones de simbiosis y cooperación entre sus habitantes, tal es el caso de quienes usan las instalaciones del coral como zonas de alimentación o zonas de constante tránsito, guarderías y refugio para peces, invertebrados y algas.

Es así como los arrecifes de coral se convierten en el más diverso de los ecosistemas marinos, en donde la colaboración es la principal herramienta para la supervivencia de más del 25% de toda la vida marina que se relaciona en estos ambientes.

A su vez, los arrecifes de coral aportan estabilidad al turismo local en todo el mundo, en especial en las zonas tropicales. Además contienen materias primas para crear fármacos de uso humano, brindan protección a las costas, al actuar como una zona de amortiguación de las grandes olas, reciclan nutrientes (optimizando el sustento de la comunidad), y otro gran número de beneficios.

Sin embargo, el investigador Terry Hughes y su equipo constataron que en los últimos 30 años casi la mitad de todos los arrecifes de coral se han extinto y se espera una tasa aún más acelerada en las próximas décadas (Hughes et al. 2017).

¿Pero qué hace que los corales de todo el mundo estén muriendo tan rápidamente?

Según indica la Convención de la Diversidad Biológica (CBD por sus siglas en inglés), publicada el año 2014, se establece que en los últimos 200 años, el océano se ha vuelto un 26% más ácido ya que ha absorbido más de una cuarta parte del dióxido de carbono (CO2)  liberado por los seres humanos, aumentando aceleradamente la temperatura del océano. Lo que usualmente llamamos calentamiento global tiene alcances cada vez mayores, erosionando la base funcional de los arrecifes de coral  y provocando su extinción masiva comúnmente conocida como “blanqueamiento de los corales”.

El blanqueamiento es una respuesta al estrés que sufre el coral por la abrupta alza de temperatura en el agua, expulsando a las micro algas de las que dependen para alimentarse, provocando que sus esqueletos pierdan su color y aparezcan “blanqueados” (Imagen 1).

¿Los corales blancos están muertos? Aún no, pero no tienen lo necesario para alimentarse y protegerse de manera correcta, por lo que su aspecto es la crónica de una muerte anunciada… Un coral blanco es un ser vivo en estado agónico.

Imagen 1: El coral blanqueado es fotografiado en la Gran Barrera de Coral de Australia, cerca de Port Douglas, el 20 de febrero de 2017. Greenpeace.

Como explica el investigador Justin Marshall, de la Universidad de Queensland, no pasa mucho tiempo desde que adquieren el color blanco, hasta su muerte, en donde la estructura completa se llena de largas algas (Imagen 2), las que usan a los pólipos muertos como fertilizante.

El primer evento de blanqueamiento de coral masivo fue informado en el año 1911 en Bird Key Reef, Florida. Grandes cantidades de corales estaban siendo afectadas durante condiciones climáticas inusualmente calientes, dejando muchas poblaciones de animales marinos muertos (Mayer, 1914). Sin embargo, desde 1979, comenzaron a observarse con mayor frecuencia, escala, intensidad y distribución geográfica los eventos de decoloración o blanqueamiento de los corales (Jackson et al., 2014).

Un segundo blanqueamiento masivo ya se registraba en el año 1998 -el más grande registrado en la historia hasta ese momento-, seguido de un tercer gran blanqueamiento en el año 2002, decolorando la mayor parte de los 2000 km de longitud y 300 km de anchura de la Gran Barrera de Coral, la mayor colección de arrecifes de coral del mundo. Solo en el año 2016, el 29 por ciento del coral de esa misma área, murió como resultado del “blanqueamiento de los corales” y a comienzos del 2017, fue golpeada de nuevo, perdiendo aproximadamente otro 20% y dejando casi la mitad de la cobertura de coral muerta.

Imagen 2: Foto cortesía de XL Catlin Seaview Survey, The Ocean Agency.

¿Qué pasa entonces si el equivalente submarino de las selvas tropicales se está blanqueando?

No sólo la Gran Barrera de Coral se está viendo perjudicada. Corales de todo el mundo están siendo blanqueados a una tasa nunca antes registrada. Esto desencadena problemáticas ambientales serias, ya que con la reducción de hábitat, por una parte, todo tipo de animal que vive en cooperación con este entorno, está destinado a desaparecer o a buscar una estrategia y un rápido “cambio de casa”. Es por eso que quienes se alimentan, quienes usan los laberintos de los corales para proteger sus huevos, quienes que se camuflan con sus colores fluorescentes, quedan al descubierto e inevitablemente buscan otros sitios, incluso a veces a zonas en donde les es más difícil poder vivir.

Y por otra parte, las 400 millones de personas que viven a menos de 62 millas de los arrecifes de coral tropicales (CBD, 2014) se ven afectados de manera directa, desencadenando una disminución en el turismo y en la pesca local.

Esta es una de las consecuencias del ritmo en el que el océano se está calentando, lamentablemente más rápido del tiempo que tienen los corales para adaptarse a esa velocidad y poder recuperarse.

Restauración de arrecifes mediante “Guarderías de Corales”, Calipso Dive Center.

Manos en el agua

Uno de los proyectos que se está desarrollando en los últimos años para aumentar la cantidad de corales en aguas tropicales y subtropicales, es la restauración de arrecifes a través de crear “guarderías de corales”.

Esta idea, si bien es relativamente nueva y falta mucho por afinar, se ha instaurado como un método para restablecer en cierta medida el equilibrio en zonas donde la “avalancha de calor” ha causado estragos.

La metodología parece ser simple en comparación a los beneficios que entrega a largo plazo: En algo similar a un “vivero” de coral artificial, se espera que los corales crezcan lo suficiente y en un entorno que les favorezca, para luego ser trasladados al arrecife degradado. Si bien ambas fases implican un proceso largo, es una idea que contempla bajos costos y también bajos impactos negativos sobre el ecosistema natural.

En la actualidad muchas Agencias, Organismos, Fundaciones, Científicos, entre otros, están apostando por este tipo de iniciativas. Sin embargo, la problemática no está exenta de desafíos.

Uno de los principales desafíos para el manejo de los arrecifes, radica en decidir dónde enfocar las acciones para reducir el estrés y la presión provocada por el ser humano. Una herramienta que se ha estado usando últimamente, es el Ecosystem-Based Management (EBM), un software que trabaja en base a reconocer toda la gama de interacciones dentro de un ecosistema, considerando los impactos acumulativos en los ambientes marinos, lo que permite gestionar la sostenibilidad de los recursos, de las especies y de los servicios que brindan.

El uso de estas herramientas puede ayudar a gestionar la conservación y el desarrollo. Por ejemplo, en el caso de la planificación espacial marina en las áreas de arrecife, algunos puntos clave son proteger la biodiversidad, impulsar una pesca sostenible y mantener sus funciones ecosistémicas, sin embargo factores tan importantes como la vulnerabilidad, la exposición y la resiliencia de los arrecifes de coral al acelerado cambio climático (Imagen 3), hasta el año 2014 raramente se consideraban. ¿Habrá bastado el casi exterminio de los corales, reportado hasta estos días, para poder introducir esos factores y trazar soluciones?

Una foto del antes y después del blanqueamiento de los corales. A la izquierda se observa el coral moribundo y a la derecha ya está muerto (cubierto por largas algas que usan a los pólipos muertos como fertilizante), en Lizard Island, en la Gran Barrera de Coral (Foto cortesía de XL Catlin Seaview Survey, The Ocean Agency)

Si bien hoy en día se llevan a cabo actividades, convenios y compromisos por parte los Gobiernos y alrededor de 25 influyentes organismos locales e internacionales, como por ejemplo la UNEP, UNFCCC, IUCN, IMO, quienes abordan el cambio climático, las emisiones de CO2 y la acidificación del océano, las proyecciones no son alentadoras, ya que si los niveles de contaminación atmosférica se mantienen, los eventos de blanqueamiento sugieren convertirse en la norma más frecuente en las próximas cinco décadas.

Es por eso que se torna urgente dar vuelta este tipo de proyecciones alarmantes. Ser un consumidor informado logra impulsar cambios profundos, tales como preferir una economía circular por sobre una lineal, en donde se reduzca el uso de recursos y la huella de CO2 emitida anualmente.

Tal como nos cuenta Richard Vevers en el documental Chasing Coral. Es urgente inquietarse más por nuestro entorno y por las decisiones de las que somos responsables. Impulsar una microeconomía que tenga proyecciones reales hacia prácticas macroeconómicas sustentables. Es tiempo de invertir en sostener y restaurar los ecosistemas y nuestros hábitos. Es la única oportunidad para la supervivencia de los arrecifes de coral.

Foto de portada: imagen del documental Chasing Coral

Referencias:

Hughes, T. et al. (2017). Global warming and recurrent mass bleaching of corals. Nature 543: 373-377.

Jackson, C., Donovan, K., Cramer, L. & Lam, V. (2014). Status and trends of caribbean coral reefs: 1970-2012. Gland, Switzerland: Global Coral Reef Monitoring Network, IUCN.

Mayer, A. (1914). The effects of temperature on tropical marine animals. Carnegie Inst, Washington Publ. 183: 3-24.

Secretariat of the Convention on Biological Diversity (2014). An Updated Synthesis of the Impacts of Ocean Acidification on Marine Biodiversity (Eds: S. Hennige, J.M. Roberts & P. Williamson). Montreal, Technical Series 75: 99.