Bernardo Oyarzún (1963) es un artista visual nacido en Santiago de Chile. Ingresó a estudiar en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile en 1982, de donde se graduó con mención en grabado en 1986, y pintura en 1988. Su actividad artística está vinculada al contexto popular y los espacios marginales. Su obra se basa en lo minúsculo, lo pintoresco, lo folklórico, lo artesanal, lo misterioso, lo mitológico y lo indígena, aquello que se relaciona localmente. Bernardo ha realizado dieciocho exposiciones individuales tanto en Chile como en el extranjero, treinta exposiciones internacionales en las que se incluyen doce bienales de arte. Ha participado en seis residencias en Alemania, Chile, Colombia, Estados Unidos, Francia y Paraguay. Sus trabajos están publicados en más de cuarenta catálogos y libros de arte y su obra se encuentra en tres colecciones: DAROS Latinoamérica, BLANTON MUSEUM y Consejo de la Cultura de Chile, CNCA.

Su trabajo más reciente es Werken, una instalación en la bienal de Venecia de 2017, aclamada en los medios internacionales y que ahora llega a Chile este 2018. Werken es un trabajo colaborativo,  organizado desde la comunidad mapuche donde Bernardo participa, Kiñe Pu liwen, en Santiago. En esta entrevista, realizada unos minutos antes de la exposición de Bernardo en CityLab 2017, el artista nos relata el trasfondo de Werken y sus trabajos anteriores.

¿Cómo nace la obra Werkén?

Werkén nace por la invitación que me hace Ticio Escobar a participar en el concurso internacional para el envío chileno a la bienal de Venecia. Desde el principio trabajamos con los apellidos mapuche como idea principal, por lo que buscamos una iconografía que se relacionara  con cada apellido, pensando en el imaginario épico del pueblo mapuche, toda su historia de valentía y resiliencia. Desde ahí llegué a la máscara o kollong. La idea inicial era un kollong por cada apellido, es decir, cerca de 7.000. Ese número se empezó a reducir por temas de presupuesto y llegamos a la cifra de 1.500 máscaras. Después vino la instalación de los apellidos, que armamos en una línea de luces que corren por el perímetro de toda la sala con la patronimia mapuche. Así, al recorrer la sala donde instalamos la obra, va apareciendo la historia genealógica del pueblo mapuche, lo que ha sobrevivido.

Vista general de Werken en bienal de Venecia 2017.

¿Qué son los kollong?

El kollong es un personaje muy importante en las ceremonias mapuche, es un protector. Tiene varias funciones en el ritual, como proteger y ordenar, sus capacidades histriónicas las proyecta de forma muy diversa; a veces es una especie de bufón misterioso, pero también puede plantearse enérgico con la disciplina y el orden en el ritual, por ejemplo, pueden sacar a una persona que está contaminando la ceremonia. El mejor kollong es aquel que la comunidad no conoce y que nunca revela quién es. Los kollong son escasos, porque no cualquiera es un kollong, así como no cualquiera baila el Choike Purrun, no todos son un werken,  lawentuchefe, machi o lonko, son capacidades innatas o dadas por naturaleza, reveladas en el pewma (sueño). Se nace kolllong… porque es un personaje bastante acrobático y con grandes capacidades teatrales.

Detalle de las máscaras de Werken, Bienal de Venecia 2017.

El kollong me recuerda al K’usillus, el gracioso personaje del Urqu Fiesta de Juli, una ceremonia aymara, son personajes que representan un bufón que salta y chilla muy agudo, mientras merodea dando latigazos al suelo, el aire y el público, mientras los incas del sol y la luna luchan, en un ritual donde las personas se vuelven personajes…

Sí, eso es lo que pasa con el kollong, el principio notable de la performance,  hace del ritual algo muy atractivo, le da otro color. A mí me interesó por varias razones, no solamente porque significaba tener una forma representacional muy amplia de la cultura mapuche. De muchas formas, el kollong es un contenedor estético y místico, un componente cultural que me parece muy potente. Pienso que en el kollong está el Chemamull,  el misterio del tótem y un rigor estético  que se puede ver en el arte mapuche… estos rasgos rápidos, de abstracciones gruesas, me refiero con esto al tallado de la máscara y las esculturas.

Apellidos mapuche que circundan el perímetro de Werken.

¿Cómo se articula el título de la obra con esta propuesta de máscaras y apellidos?

Werken quiere decir mensajero en mapudungun, importante en este caso, pensando que vamos a Venecia con un envío, ver la obra como una especie de emisario. Para mí, sin embargo, lo más importante era lo que iba a suceder en Chile con esta instalación, con el rebote del mensaje, porque el imaginario sobre la cultura mapuche que tiene el chileno común y corriente, es absolutamente restringido. No tiene idea en realidad, no sabe nada de la cultura mapuche, solo lo que entregan los diarios y la televisión. Y lo único que entregan son casos policiales, donde hablan de violencia y criminalizan al pueblo mapuche.

En Europa la lectura era rápida, el público que vio la obra, comentaba “Es como que estuvieran diciendo en silencio ‘aquí estamos, existimos’. En los diarios entendían inmediatamente que tenía que ver con los otros, con esos otros que están absolutamente ocultos… entonces cuando uno veía esa lectura, pucha, vaya que fue acertado todo el ejercicio que se hizo, desde el título hasta los elementos que estaban involucrados, porque contenían la imagen de un pueblo que lograba amplificarse y se transformaba en una obra latinoamericana también, porque el problema que tienen los pueblos originarios es transversal, no es un problema de Chile, es un problema de toda Latinoamérica.

¿Y en tu familia hay algún werken? Tú mismo, con esta obra, reconoces algo de mensajero (werken) en ti?

No, esa parte es bien triste en mi familia. Es la historia de muchas familias chilenas que olvidan su origen mapuche por los procesos de “normalización” que realizó el Estado chileno. Mi familia se perdió en el constructo de anamorfismo que llamamos Chile, perdimos la lengua y las costumbres. Mi familia, en la mezcla que comienza con mis abuelos, ya no es totalmente mapuche. Entonces ahora me encuentro en una especie de reconstrucción personal, y es lo que he estado haciendo hace más 20 años de trabajo donde me he enfocado mucho en este tema del origen, tratando de armar un poco este rompecabezas.

Territorio mapuche / Lección de Geografía: “AIWIN-Imágen de la Sombra”, Trienal de Chile, Museo Ferroviario, Temuco, Chile 2009.

Entiendo que cuando eras chico nunca se habló de tu abuela mapuche o que había esa ascendencia presente en tu familia. Además, tienes apellido y nombre español. ¿Aparece algo de tu ascendencia mapuche en Werken?

Sí, aparece el apellido de mi abuela materna, que es Nail. Ese es un tema complicado, porque la desconstrucción que se hace a nivel étnico y a nivel de apellidos, es muy fuerte, hay muchos mapuche que se cambiaron los apellidos, otros que los escribían de otra manera. Los sistemas de anulación fueron variados. Ahora estamos en un taller de metawe en Sótero del Río, en el hospital, y tenemos tres personas hablante mapuche en el taller y ellas cuentan que en su familia les prohibían que hablaran mapudungún, y muchos de sus familiares se cambiaron el apellido. Por lo tanto, cuando uno analiza el tema de la identidad mapuche respecto al apellido, no es algo tan real. La identidad no tiene tanta relación con el apellido mismo, sino con sentirse mapuche.

Con tu obra “Bajo sospecha” comienzas una serie de trabajos muy políticos…

“Bajo sospecha” se hizo hace 19 años, y es justamente el momento donde empiezo a trabajar este tema con fuerza. Ya había hecho otros ejercicios anteriores en los años 90, pero no tan relevantes como “Bajo sospecha”, donde retrataba el tema de la discriminación que hay por tu apariencia física, donde la policía proyecta la mirada de una sociedad completa, la chilena en este caso: racista, discriminatoria, clasista, etc.

Bajo Sospecha, retrato hablado en la exposición.

Yo iba caminando por una  calle en Santiago, me detiene la policía y me llevan a un recinto policial. La policía me detuvo por sospecha, porque pensaban que era un delincuente que había robado. Me interrogan frente a testigos, todo un proceso que fui sorteando pasivamente, que en el momento no me di cuenta del drama y sus consecuencias, hasta que después cayó sobre mí una crisis de miedo… de pánico, de impotencia, estuve con terapia psicológica y en paralelo hice “Bajo sospecha”, donde armo la ficción de un delincuente con su parentela, es decir yo y mis parientes.

Bajo Sospecha, por Bernardo Oyarzún.

Buscaba representar un espejo de la familia chilena; reflejé al chileno que trata de travestirse étnicamente. “Bajo sospecha” instala el problema de la sociedad chilena, tan alejada de sus orígenes y tan revestida con historias ajenas e ideologías controladoras. El año siguiente 1999 en “Photo album”, ironizo sobre como el chileno habla y busca con vehemencia el abuelo italiano, inglés, español y se olvida de sus ancestros mapuche. En la obra yo reconocí mi ascendencia huilliche, e inmediatamente se me calificó como un artista mapuche; una especie de camino corto y mediático para evitar entrar en temas de fondo y que básicamente no interesan, te definen como un artista mapuche y parece que el tema se cierra, “él es diferente y por eso habla estos temas”.

Proyección de Photo Album.

En tu obra mezclas elementos populares y autobiográficos, ¿por qué escoges estos temas?

A mí me interesa mucho el contexto popular y mis orígenes porque veo ahí el motor creativo del arte, sobre todo en Latinoamérica, y cuando uno analiza ese motor creativo, el componente indígena es muy relevante, estamos hablando de la periferia de Santiago, que hoy día está lleno de comunidades mapuche. Y además, la periferia tiene un componente de mixtura y sincretismo, gente que llega del norte y del sur, sin contar por ahora todo lo que suma la inmigración, se combina todo ahí, se mezcla y nace la cultura popular, que para mí  tal vez es lo más importante del arte.

Ekeko: exposición Space to Dream, Recent Art from South America 2016.

¿Esas comunidades mapuche urbanas se han instaurado recientemente?

Llevan como 20 años de desarrollo o más, hoy día ya están absolutamente instaladas, he contado una veintena, pero sé que hay más, y eso significa comunidades organizadas, que hacen rituales; ngillatunes, lakutung, lepun, wiñoltripantu, entre otras ceremonias.

¿Cuál sería la relación entre estas comunidades urbanas y “Photo álbum”?

En Photo album cuento la historia de gran parte de estas comunidades urbanas a través de mi familia: campesinos que llegan del sur, se instalan en Cerro Navia, donde vivimos una vida de población y una niñez enriquecida por el barrio popular, calles polvorientas en verano y con barro en el invierno, gente que tenía sus casitas de madera y autoconstrucción que se fue levantando en el tiempo, décadas, hasta que la gente llega a tener su casa un poquito más arreglada, en ese contexto me crié. Para mí era muy rico en varios sentidos, por ejemplo la forma como se jugaba y vivía. Todo esto es  Photo album, una historia marginal, absolutamente periférica, pero a su vez rica culturalmente, porque mis padres siguieron manteniendo sus costumbres campesinas, había un huerto en el patio de mi casa, gallinas, y otros vecinos también por otro lado hacían lo mismo, recuerdo hornos de barro que producían pan amasado increíble, era un mundo que se resistía aún un poco a la metrópolis.

Fotografía de la familia de Bernardo en Cerro Navia, para la exposición Photo Album. El niño más grande es Bernardo, junto a sus hermanos y primos.

¿Te identificas como artista mapuche?

En mi fuero íntimo me siento mapuche, pero un mapuche ignorante, que está aprendiendo. Cada vez que voy a una ceremonia o ritual, sigo aprendiendo cosas nuevas. Sé que la gran ignorancia y dejarnos embaucar es lo que nos ha hecho el daño profundo en nuestra identidad, es un problema grande. Chile tiene un problema de negación, mientras no supere eso…

¿Qué negación?

La negación a nuestra genealogía, nuestra ascendencia, es una negación a lo que somos y nuestra historia. Chile está sometido a la colonización etnocéntrica, tal vez es el lugar más negado y travestido con una inducción ideológica que nos hace creer que somos muy especiales y diferentes  al resto de América Latina. Falta darnos cuenta de nuestra propia belleza, todo lo que  estamos perdiendo al dejar desplazado el constructo cultural impresionante de la cosmogonía mapuche y de los otros pueblos que viven en este espacio. Podríamos ser un país mucho más rico culturalmente si asumiéramos valores que hay ahí, como una forma de organización más horizontal, sin grandes jerarquías y menos antropocentrista. Esta cosmogonía es similar a la muchos otros pueblos originarios de América, el amor por lo que nos rodea y nos acompaña, respeto a la diferencia, y sentir toda la naturaleza como un ser vivo, pero aún estamos lejos de eso.