dZ4MimS9POk

Una devastadora plaga de castores, introducidos a mediados de los años 50 -como una forma de desarrollar la industria de las pieles-, ha cambiado para siempre los ecosistemas de Tierra del Fuego; alterando el curso de ríos, provocando inundaciones con sus represas, derribando árboles, y poniendo en peligro la supervivencia de la fauna y flora local.

Justamente, es esta problemática la que aborda el documental Los Castores, aclamada cinta  nacional que fue estrenada en junio de 2016, y cuya trama gira en torno a las pesquisas de una pareja de biólogos, quienes se internan en la Patagonia chilena para constatar los desastres provocados por estos animales.

Conversamos con el joven cineasta Antonio Luco, codirector del film junto a Nicolás Molina, para conocer más acerca de esta obra, y de paso, conocer su visión acerca del desastre ambiental causado en Tierra del Fuego por la especie Castor canadensis.

¿Cómo se enteraron de esta problemática ambiental producida por los castores, y de qué manera se fue gestando el documental?

Llegamos al tema a través de nuestros personajes y Pablo Núñez, uno de los guionistas de la película. Básicamente Derek Corcoran y Giorgia Graells, los dos biólogos que aparecen en la película, estaban trabajando en un tema bastante desconocido y en un territorio remoto. Por períodos estuvieron bastante aislados en Tierra del Fuego, y se dieron cuenta de que valía la pena registrar el proceso. En la medida en que los fuimos conociendo y nos fuimos involucrando con ellos, fuimos complementando su necesidad de registrar su trabajo con nuestros intereses temáticos y artísticos, para así hacer una obra más “de autor”.

¿Cuánto tiempo estuvieron documentando y estudiando a los castores, y qué tan determinantes fueron en este ejercicio la pareja de científicos que aparece como protagonistas de la cinta? 

En términos concretos, viajamos en varias ocasiones a Tierra del Fuego, para investigar y rodar el documental. La fotografía principal, donde registramos la mayoría de lo que se ve en la película, ocurrió en uno de esos viajes, cuando pasamos unas cinco semanas en la zona.  Nuestro trabajo siempre estuvo orientado por el trabajo de Derek y Giorgia. A pesar de que hicimos mucha investigación bibliográfica sobre el tema, sobre la historia del Castor en Tierra del Fuego también, siempre supimos que el documental se centraba en el trabajo de ellos. En particular, la película aprovecha el esfuerzo de varios proyectos que ellos ejecutaron: la tesis doctoral de Derek, el magister de Giorgia, y algunos proyectos gestionados en conjunto a autoridades locales.

Hay poca información sobre el tema, y aún menos llega hasta los ojos y oídos de quienes no están en la región. Por lo mismo, queríamos darle visibilidad, pero sin perder a nuestros personajes como parte importante de la historia, y también explorar otros temas más universales… la película se puede ver como un documental de naturaleza, o ambiental, pero queríamos empujar ese concepto, llevarlo a algo más allá.

¿Qué impactos ambientales generados por los castores fueron los que les hicieron tomar conciencia acerca de la real magnitud del problema? 

Al ir profundizando en el tema nos fuimos dando cuenta de que era una crisis enorme, pero difícil de ver. La pérdida de bosques por inundaciones causadas por el castor supera los incendios en Torres del Paine. Hay comparaciones bien trágicas, que aparecen en la película. Hay bosque nativo propio de Tierra del Fuego que también se va perdiendo, y por lo mismo aves y animales locales van perdiendo su hábitat. Sin embargo, a estas alturas es una transformación que no tiene retorno, al menos en la isla grande de Tierra del Fuego. Creo que es justo decir que el castor ganó, y ese ecosistema ya es uno nuevo, que se transformó por la presencia del castor. Hubo esfuerzos por controlar su crecimiento, y eso todavía es importante, pero ya no se piensa en erradicar el castor de la Isla Grande. Incluso, la reflexión de si es algo que tiene sentido hacer es una de las preguntas que nos motivó a hacer la película.

¿Cuáles han sido las mayores repercusiones de la exhibición del documental? Considerando que se propone la muerte de los castores como una de las soluciones para evitar una mayor destrucción del ecosistema de Tierra del Fuego.

No sé si el documental propone exactamente la muerte del castor como solución. O sea, el control mediante la caza es un esfuerzo que varias veces se ha intentado a través de medidas de los servicios estatales, y es parte de la visión que tienen nuestros científicos: el humano es el único depredador posible para el castor en Magallanes. Pero el documental justamente se interesa por esa especie de paradoja: al parecer, en Tierra del Fuego habría que matar animales para proteger el ambiente, y eso es algo que no resulta tan lógico a algunas personas. Nos quedamos un poco con la pregunta más que con la respuesta, porque creemos que se conecta con preguntas aún más universales, sobre el rol de la muerte y el control en el equilibrio ecológico… también sobre la diferencia entre la vida de un individuo y la prosperidad de una especie… a veces la muerte individual beneficia al todo, y eso también se puede pensar respecto a la especia humana.

No creo que el documental haya tenido mayores repercusiones en términos de medidas que se puedan tomar, o de debate público a gran escala. Visibilizamos un poco el tema, pero rápidamente la atención pasa al siguiente asunto. Tierra del Fuego está muy lejos de la vista de los medios tradicionales. Cuando mostramos la película, sin duda el tema de la caza y la muerte de los animales es siempre importante y salen preguntas al respecto. Hay quienes piensan que es un acto de crueldad, otros que lo ven como una respuesta racional a intentar devolver el equilibrio a ese ecosistema.

¿Qué pasará con Tierra del Fuego si los castores siguen aumentando sus poblaciones, las que hoy en día se alzan por sobre los 200.000 ejemplares? 

Estrenamos la película hace un tiempo ya, y seguimos el tema por un rato, pero hoy en día ya no estoy tan informado de cómo van las estadísticas. Mi impresión, y es algo que se dice más bien “off de record“, es que no hay mucho que hacer respecto de la plaga de castor en la Isla Grande de Tierra del Fuego. Los esfuerzos de control se centran en el continente, donde el castor también está expandiendo su territorio. En la Isla creo que el ecosistema ya cambió, y se ha transformado por la acción del castor. Creo que parte de nuestro proceso haciendo la película fue entender que estos cambios son a veces sorpresivos, o preocupantes, pero inevitables. Es difícil decir si son “buenos o malos”. A mi juicio, simplemente son.

¿Consideran contradictorio el que los castores sean considerados plagas y los humanos no, considerando que hemos deforestado muchas hectáreas más de bosque que ellos?

Ese es otro de los temas que intentamos se vaya manifestando en la película. Intentamos reflejar a la especie humana en los castores. Ambos modificamos radicalmente el ambiente para adaptarlo a nuestras necesidades, y si nuestra población aumenta, las consecuencias son imprevisibles. Obviamente, hay una parte de rigor científico en qué llamamos “plaga” y qué no, y para que meternos en la discusión sobre si la palabra se aplica o no a los humanos. Yo personalmente, sí creo que la dimensión del cambio que los humanos estamos generando en el ecosistema global puede tener consecuencias nefastas en otras especies y, quién sabe, también potencialmente para la nuestra. No me parece absurdo pensarlo, y la preocupación de la comunidad científica respecto del cambio climático es solo un componente principal de eso. Por un largo tiempo los humanos se han pensado como “fuera de la naturaleza” adaptándola, dominándola. Pero lo que creamos no está separado de ese entorno natural, y creo que por fin, muy lentamente, estamos volviendo a tener una visión más ecosistémica de nuestra existencia.

Afiche del documental.