Flor de la Mar (2015) desentierra la conmovedora historia de los habitantes de la pequeña isla venezolana de Cubagua, y sus infructuosos esfuerzos por preservar los vestigios de Nueva Cádiz, la que fuese la primera ciudad europea en América. Trayendo a la memoria el último proyecto que pretendía recuperar el olvidado patrimonio histórico de la isla, durante el gobierno del fallecido presidente Hugo Chávez, cuyos fondos aún no han sido encontrados.

A casi 500 años de haber sido abandonada por los colonizadores, tras la sobreexplotación de sus perlas de nácar, la paradisíaca isla sigue enterrada en el completo olvido. Así lo atestiguan los propios descendientes de los esclavos que construyeron la ciudad: una cincuentena de pescadores que han resistidos estoicos los embates del tiempo y del desamparo.

©Flor de la Mar

“El presidente venía para acá, todo estaba preparado. A las tres de la tarde me llama el teniente y me dice: ‘Mario, el presidente no viene porque se enteró que aquí en Cubagua no había nada’”, es uno de los testimonios de este corto de 24 minutos de duración.

La cinta está marcada por la búsqueda identitaria del joven director venezolano Jorge Thielen –radicado en Toronto–, así como por la crisis político-social que atraviesa Venezuela, y cómo no, por la figura de su abuelo, el arqueólogo Jorge Armand, quien se encontraba trabajando en las ruinas de Nueva Cádiz cuando se produjo el cese definitivo del Proyecto Cubagua (2007), el que prometía la edificación de 17 viviendas, un rompeolas, una enfermería, una escuela,  y un parque arqueológico, con un presupuesto aprobado de tres mil millones de bolívares.

©Flor de la Mar

De acuerdo a Thielen, en conversación con Endémico, “la idea surge de una necesidad de regresar a mis orígenes en Venezuela y querer hablar sobre la crisis del país. Fue en el año 2012, cuando me gradué de la universidad y le propuse a dos compañeros en Montreal (Lorenzo Signoretti y Hauk Björgvinsson) que hiciéramos un documental en la isla de Cubagua, donde mi abuelo excavaba las ruinas de la primera ciudad europea en Suramérica. La figura de mi abuelo fue fundamental. A través de él logramos el acceso a la comunidad de pescadores, y gran parte de mi motivación fue la búsqueda de la conexión con mi abuelo, perdida al irme de Venezuela años atrás”.

A partir de su exilio (2005),  Thielen ha visto  cómo  su país se ha transformado  en algo que ya no puede reconocer como un hogar. “Aquí radica, precisamente, el hilo común de mi trabajo: el hogar puede significar diferentes cosas para diferentes personas, pero para la mayoría significa refugio, por lo menos. Flor de la Mar y La Soledad, exploran lo que significa perder el hogar, enfrentar la pérdida de algo tan fundamental. Para mis personajes, la destrucción de la propiedad significa no solo la pérdida de un lugar para vivir, sino también la desaparición de toda una historia intergeneracional e interfamiliar, así como también de una identidad”.

©Flor de la Mar

“Como expatriado venezolano, encuentro mi identidad en este limbo, en constante cambio– ni canadiense ni venezolano– quizás por eso mis películas son políticas y biográficas, y me llevan a lugares de mi infancia que ahora están en ruinas. A través de estas películas, estoy realizando una especie de excavación arqueológica familiar, tal vez para archivar esos recuerdos y finalmente poder olvidarlos”, asevera.

Flor de la Mar  ha sido exhibida en una veintena de festivales internacionales, siendo premiada como Mejor Cortometraje Documental por el jurado del 18º Cine Las Américas International Film Festival, Austin, Texas.

Flor de la Mar – Trailer de Jorge Thielen-Armand en Vimeo.

La cinta puede ser alquilada y/o comprada a través de los siguientes links:

https://www.reelhouse.org/lafaenafilms/flor-de-la-mar

https://www.amazon.com/Flor-Mar-Jorge-Thielen-Armand/dp/B07CMGZD7L