En un futuro no demasiado lejano, los humanos habrán vuelto tóxica la tierra. Derramando químicos sobre ella, hasta que ya no pueda seguir sosteniendo la vida como la conocemos, y se vuelva por consecuencia un planeta hostil y peligroso para sus habitantes.

En esta era, los bosques llenarán el aire de esporas venenosas, fatales en el caso de ser respiradas, y que invadirán fácilmente los árboles sanos cultivados por los humanos restantes, destruyendo así las aldeas de los últimos sobrevivientes. Asimismo, insectos mutantes patrullarán la selva tóxica, volviéndola impenetrable y aún más temida, y los pequeños asentamientos humanos serán como feudos medievales rodeados de desierto baldío.

Este es la realidad de Nausicaä, princesa del Valle del Viento, pero ella es joven, y esta es su única realidad conocida, por lo que este mundo aparentemente adverso, ella lo mira con amor y fascinación. Nos es presentada explorando la selva tóxica y recogiendo semillas fluorescentes; la vemos volar hábilmente en su planeador, y pronto nos damos cuenta que a los insectos gigantes tampoco les teme, más bien intenta protegerlos del los humanos quienes les muestran su miedo traducido en agresividad.

(Advertencia: a continuación se contarán partes clave de la trama de la película)

©Nausicaä del valle del viento

Valle del Viento 

El Valle del Viento es un pequeño y humilde reino, donde se vive de la agricultura campesina en una tierra protegida de las esporas venenosas, por un saludable bosque que rodea el valle. Sin embargo, sin buscarlo, quedan en medio de una disputa bélica entre dos de los reinos más grandes y poderosos, por lo que son invadidos por los Tormekia y privados de su libertad.

Los invasores prometen un futuro mejor, protegidos del avance de la selva tóxica, ya que planean destruirla, y con ella a todos los insectos que la habitan. El arma es un dios de la guerra, uno de los siete que fueron utilizados para devastar la tierra, en aquella batalla apocalíptica tras la cual todo se contaminó. Se creía que los dioses se habían vuelto piedra, mas uno sobrevivió en estado embrionario, enterrado metros bajo el suelo, y ahora Lady Kushana de los Tormekia planea revivirlo para acabar con la selva.

©Nausicaä del valle del viento

Por su parte Nausicaä, quien siempre supo en su corazón que la selva y los insectos eran importantes, descubre que en realidad la selva solamente es tóxica debido a la contaminación residual de la tierra, y que los mismos árboles cuyas esporas los humanos no pueden respirar, están a su vez filtrando la tierra, limpiándola de todos los químicos nocivos. Así, paradójicamente, el avance de la selva tóxica es necesario para todos.

A su vez los insectos, a quienes los humanos ven como enemigos terroríficos, están protegiendo la selva, para que esta pueda llevar a cabo su trabajo regenerador, como si solo ellos en su sabiduría visceral conocieran su importancia. Nausicaä, deberá entonces proteger el bosque, y llevarles a todos a entender el rol fundamental de la naturaleza.

©Nausicaä del valle del viento

Manifiesto ambientalista

Nausicaä del Valle del Viento, es una película de animación japonesa dirigida por Hayao Miyazaki el año 1984, e inspirada en el manga que escribía paralelamente el autor. Es considerada como la primera película del hoy reconosidísimo estudio Ghibli, porque gracias a su éxito fue capaz de consolidarse el estudio.

Las temáticas tratadas por la película son las que nos llevan a considerarla una pieza ecocrítica, y tremendamente contingente para el día de hoy. Muchos de los problemas ambientales a los cuales nos estamos enfrentando, se han originado porque no nos hemos dado el tiempo de conocer en profundidad el funcionamiento de la naturaleza, ni de considerar todas las aristas a la hora de tomar una decisión y replicarla a escala mundial. Podríamos reflexionar acerca de todas las veces que hemos decidido destruir la selva tóxica, y sobre aquellas Nausicaäs de nuestra historia, quienes nos incitan a transitar la vía más difícil, pero que está fundamentada en el amor a todos los que compartimos este planeta.

©Nausicaä del valle del viento

Por ejemplo, en los años 40 el químico suizo Paul Herman Müller desarrolla el compuesto DDT, una sustancia prácticamente sin sabor, ni color ni aroma, que funcionaba como un poderoso insecticida, y que fue utilizada para combatir la malaria y el tifus al final de la segunda guerra mundial. Fue tanto el éxito de esta sustancia, que Müller fue galardonado con el premio Nobel de medicina por este descubrimiento, y el DDT comenzó a distribuirse para agricultura industrial y doméstica por todos los Estados Unidos.

Sin embargo, los estudios que acompañaron el desarrollo de dicho producto no fueron exhaustivos, y en 1962 la bióloga Rachel Carson —la Nausicaä de esta historia— publica el libro Primavera Silenciosa (Silent Spring). En este libro, cataloga el DDT de “biocida” en vez de pesticida, ya que postula que al ser la ecología un continuo de relaciones, es imposible afectar a un solo elemento dentro del sistema; y que al afectar drásticamente la población de insectos, el resto de participantes de la cadena biótica se vería también afectada. Sumado a esto, está el componente tóxico de la sustancia, que se bioacumula con la posibilidad de producir cánceres, infertilidad, malformaciones congénitas, etc. Finalmente, el revuelo que causó esta publicación entre los primeros ambientalistas, consiguió la prohibición del producto en Estados Unidos (aunque no en otros países).

Por otro lado, podríamos pensar que el contenido de la película algo tiene que ver con la teoría de Gaia. Teoría creada por James Lovelock y Lynn Margulis, quienes plantean que el planeta está vivo, desde el concepto de la autopoiesis (capacidad de un sistema de mantener su estructura interna y regenerarse). Y que todos los elementos que lo componen: desde la tierra, el agua y el aire, hasta los árboles insectos y animales, funcionan como las partes de un gran super organismo que se regula y renueva a si mismo.

©Nausicaä del valle del viento

En Nausicaä del Valle del Viento, nos encontramos precisamente con una tierra que se está sanando a sí misma, desde su conexión con sus habitantes; los árboles han mutado para purificarla de los tóxicos que la cubren, y los insectos en pos de proteger ese trabajo depurativo, como si ambos estuviesen respondiendo a instrucciones que provienen de la tierra misma.

Y ¿el rol de los humanos? El largometraje nos muestra dos posturas dependiendo de que tanta relación (o conciencia) tienen los grupos humanos con su entorno. En el caso de los Pejite y los Tormekia, quienes solo piensan en sus objetivos, sin tener en cuenta a los otros seres vivos ni a las otras comunidades, ellos no serían capaces de entender los procesos de la tierra, y sus ideales se reducen a lo mismo, pese a que se perciben entre ellos como los enemigos últimos. Representan entonces una humanidad incapaz de cambiar y que peligra con cometer los mismos errores una y otra vez.

©Nausicaä del valle del viento

Por otra parte, los habitantes del Valle del Viento, inspirados por la sabiduría y el amor de Nausicaä, entienden que pueden satisfacer sus necesidades básicas, de alimento y protección, sin tener que oponerse tajantemente a la naturaleza. Utilizan el fuego (la metáfora de la destrucción humana) pero solo parcialmente, creando de esta manera un espacio donde su vida pueda proliferar sin poner en peligro la selva tóxica (o sanadora). Ellos representan una humanidad unida a la macro conciencia, que contribuye positivamente a la autorregulación de la tierra.

Nausicaä del valle del viento, es una película que inspira, y que invita a la reflexión tanto a nivel individual como comunitaria. Las temáticas que trata parecen haber sido adelantadas para su época, tocando problemas que recién ahora —algo más de treinta años después— comienzan a discutirse, y aún así queda mucho para que estén en boca de todos, y en el centro de las decisiones que tomamos a nivel país, continental y global. Dicen que el arte precede, que tiene esa capacidad de ir a mirar lo que se viene un poco más adelante. Ojalá no tengan que pasar otros treinta años para que comencemos a obrar desde una perspectiva integradora y minuciosa, que privilegie la empatía hacia todos los seres vivos.

Puedes ver la película pinchando aquí.