Cuestionario del cuarto mundo: Elisa Balmaceda

Exposición: Taypi. 10.000 soles.
Lugar: Posada del Corregidor (Esmeralda 749, Santiago)
Fechas: 28 sept. – 12 oct

Este año la Bienal de Artes Mediales de Santiago está dedicada a observar, pensar e imaginar El cuarto mundo, un lugar que nos permite reflexionar sobre el actual estado de relación entre humanos y ecosistema. En este marco, hemos preparado una serie de entrevistas a los artistas de este encuentro, con el propósito de conocer sus procesos de investigación, creación y exposición de las obras.  

Elisa Balmaceda (1985) es Licenciada en Artes Visuales y Magíster en Artes Mediales. Su obra explora las intersecciones entre naturaleza, tecnología, materialidad, el cuerpo humano y también lo oculto. Ha expuesto regularmente tanto en Chile como Alemania, y este mes llegó a Santiago con Taypi: 10.000 soles, muestra que contempla una video instalación que vincula la relación entre energía, paisaje y tecnología.
  1. ¿Qué entiendes por cuarto mundo? 

Entiendo que se refiere al estado actual de las cosas: el mundo degradado social y ambientalmente como consecuencia de la industrialización, el capitalismo y la globalización.

  1. ¿Qué hace el arte en un mundo en crisis?

Reflexiona, cuestiona, protesta, resiste, visibiliza e imagina esta y otras realidades posibles.

  1. ¿Qué formas de adaptación, balance o resistencia son evocadas en tu obra?

Diría que una forma de resistencia y balance es la visualización de lo invisible o invisibilizado, el dar cuenta de lo cíclico y lo relacional, el concebir la obra como un proceso, una experiencia y un diálogo con la materialidad en constante transformación (y no como un producto), el intentar generar vínculos entre lo humano y lo no-humano; el investigar en prácticas y espacios no-formales del conocimiento; y el trabajar en forma transdisciplinaria.

  1. Nombra tres materiales que uses a diario en tu producción artística: uno de proveniencia vegetal/animal, otro de origen mineral y otro tecnológico.

Que use a diario sólo podría mencionar el computador, el cual posee componentes minerales y tecnológicos. En cuanto a elementos vegetales, como trabajo mucho en torno al paisaje y suelo realizar salidas de campo, siempre estoy recolectando piedras, troncos y muestras de plantas, además de hallazgos en que estos materiales se fusionan (lo mineral, lo tecnológico y lo vegetal), que son para mí los más interesantes.

© Benjamín Matte.

  1. ¿Con qué práctica científica te encuentras más a menudo en tu trabajo artístico?

Me interesa mucho el estudio de la luz y el sol, por ende la práctica que más me he topado hasta ahora es la astronomía. Actualmente me encuentro estudiando nociones de la astronomía precolombina y el tiempo-espacio andino. En mis últimos proyectos también he dialogado con la biología y la arqueología. Me interesan también algunas prácticas consideradas “para-científicas” u “ocultas”, tales como la radiestesia y la geomancia.

  1. ¿Quiénes han sido tus principales interlocutores durante tu proceso de creación?

Si puedo mencionar un ente no-humano, diría que el paisaje, y el encuentro de lo humano y lo no-humano que se ve reflejado en este. También algunas personas inspiradoras que tuve la suerte de encontrar durante mis estudios en Chile y Alemania, así como en diversos proyectos en los que he participado. Últimamente esos interlocutores también han sido personas que trabajan en otras áreas con las cuales me interesa dialogar desde mi práctica artística. Entre ellos puedo mencionar a Salvador Donghi (biólogo y medioambientalista), Silvia Rivera Cusicanqui (socióloga, antropóloga y activista) y Patricio Bustamante (arqueoastrónomo).

  1. ¿Consideras naturaleza a la tecnología? ¿Por qué?

No hay forma de separar la tecnología (y lo humano) de la naturaleza, y viceversa. Los procedimientos e instrumentos técnicos que denominamos como “tecnología”, dependen en buena medida de elementos no humanos que provienen del entorno (como los minerales, la radiación solar, el magnetismo terrestre, la atmósfera, etc). Es por ello que ha surgido la necesidad de empezar a hablar de lo “post-natural”, de una comprensión del entorno en donde la “naturaleza” como ente separado de lo humano (y telón de fondo de la modernidad) no existe. Creo que lo esencial finalmente es comprender que lo humano y lo no humano están interconectados en todo ámbito, por sobre la cuestión de lo “natural” (que en mi opinión no existe).

© Benjamín Matte

 

  1. ¿Cuál es la contradicción entre naturaleza y cultura que se te presenta con mayor frecuencia?

Probablemente sea el hecho de que naturaleza y cultura están entrelazadas entre sí y se afectan mutuamente, algo de lo que no pareciera ser consciente todo el mundo. En especial pienso en la gran contradicción que hay en la forma lineal y aislada de percibir y habitar el mundo de la sociedad capitalista en que vivimos, versus lo cíclico y ecosistémico del entorno que nos rodea y en el que estamos sumergidos.

  1. ¿En qué situación has activado mecanismos de adaptación?

Estuve viviendo en Alemania más de 7 años, y allí tuve que adaptarme a la extrema falta de luz en invierno y al exceso de luz en verano (ambos con incidencias en el cuerpo muy notorias). No sé si logré adaptarme del todo a la oscuridad y a esa falta de energía que genera, pero sí creo que cambió mucho mi sensibilidad y percepción del ritmo circadiano (biológico) del día y la noche, y la relación del cuerpo con el sol y la luz artificial.

  1. ¿Qué entiendes por salvaje?

Entiendo que se refiere a lo no dominado o no domesticado… Pero no soy muy amiga del término ya que suele relacionarse con nociones coloniales de lo “primitivo” y lo “no-civilizado”. 

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