La diversidad de ecosistemas en Chile es única. Desde el desierto hasta los bosques templados del sur de Chile y las estepas patagónicas, estos paisajes nos permiten apreciar paisajes únicos en el mundo. Sin embargo, esto también genera un desafío, particularmente en lo concerniente a la disponibilidad de agua. Si bien su escasez siempre se asocia a las regiones del norte de nuestro país, irónicamente también está ocurriendo en el sur, donde imaginamos verdes campos visitados por lluvias intensas de manera cotidiana. Poco a poco comienza a acumularse evidencia de los cambios drásticos en los ecosistemas, algo que va más allá del cambio climático per se. Entender cómo esos cambios los desatamos nosotros como seres humanos y cómo responden los ecosistemas a esas perturbaciones es el gran desafío actual.

En la isla grande de Chiloé, por ejemplo, la precipitación anual alcanza los 2000 mm, dato que elimina cualquier sospecha de escasez de agua. No obstante, el territorio vive una prolongada sequía que se extiende por más de 10 años1. Actualmente en la isla, en especial las comunidades rurales que se alimentan de pozos subterraneos, las poblaciones deben abastecerse por camiones aljibes financiados por las municipalidades locales. Este vital servicio se presta hoy en día desde mediados de primavera (septiembre/octubre) hasta principios de otoño (abril/mayo).

Los argumentos esgrimidos para explicar esta sequía en la isla son dos. Primero, el argumento del cambio climático. Aquí, se habla de que este fenómeno está disminuyendo las precipitaciones en el tiempo, impidiendo que las napas subterraneas de los ecosistemas, de las cuales se alimentan los pozos , puedan recuperar su agua. Pero esta explicación pierde fuerza al ver las precipitaciones históricas, donde no existen cambios en las tendencias de precipitaciones para este lugar, al menos en los últimos 50 años2.

El segundo argumento es la transformación que nosotros, como seres humanos, hemos hecho a los ecosistemas locales, particularmente los bosques nativos. Esto, porque Chiloé no cuenta con reservas de nieve, como sí las tiene el resto del país (por ahora), abasteciéndose del agua almacenada en dos importantes ecosistemas: humedales de turberas y suelos de bosques nativos.

La mala gestión de los bosques nativos disminuye la capacidad de los ecosistemas de infiltrar más agua en el suelo, disminuyendo su potencial para proveernos de agua (c) Matías Guerrero

En el último tiempo son justamente estos dos ecosistemas los que más se han estado transformando por la actividad humana. Por un lado, las turberas están siendo extraídas para su comercialización. Representadas por el género de musgos Sphagnum, esta especie se extrae para exportarla a mercados principalmente asiáticos, para la mantención de plantas ornamentales. Debido a su gran capacidad de almacenar agua, se colocan en floreros u otros adornos para mantener con humedad a estas plantas. El efecto directo es la pérdida de la capacidad de almacenamiento de agua de muchos ecosistemas, incrementando así la escasez de agua. En cuanto a los bosques nativos, si nos centramos en aquellos mayores a 60 años, su superficie ha disminuido a más de la mitad desde 1976 hasta 20073, debido a la ganadería, extracción de madera para leña, plantaciones de eucaliptus, entre otras actividades humanas.

En un experimento de campo realizado en la comuna de Ancud, investigué cómo los suelos de bosques nativos se ven afectados por la actividad humana en su capacidad de almacenar agua. Para medirlo, utilicé una propiedad física de los suelos llamada infiltración, que no es más que la velocidad a la cual el agua es capaz de entrar al suelo.

El resultado fue sorpresivo. A pesar de investigar tres tipos de ecosistemas locales diferentes: praderas, bosques jóvenes y bosques maduros, no existió diferencia en la infiltración de agua entre las praderas y los bosques jóvenes. Sin embargo, estas dos coberturas, praderas y bosques jóvenes,  presentaron una infiltración equivalente a 1/3 de la infiltración que poseen los bosques maduros. Es decir, cuando se elimina bosques maduros por uso antrópico de los sitios de estudio, se pierden dos tercios de la capacidad del ecosistema para infiltrar y potencialmente almacenar agua.

Una de las principales conclusiones de este estudio es que efectivamente, como seres humanos, estamos afectando la capacidad de los ecosistemas de almacenar agua en suelos de bosque nativo, una contribución vital del ambiente del cual nos sostenemos y que nosotros mismos estamos degradando. Para superarla, es necesario entender y valorar el rol de los bosques como verdaderas “esponjas” de los ecosistemas. Sin embargo, no debemos olvidar que también nuestra legislación restringe en demasía la capacidad que tenemos para manejar los ecosistemas desde una perspectiva de la provisión de agua.

En praderas y bosques jóvenes, es necesario estudiar de qué forma es posible potenciar su capacidad para almacenar agua en los suelos (c) Matías Guerrero

En Chile, la normativa ambiental no obliga a las empresas encargadas de captar el agua a manejar los ecosistemas del cual obtienen el recurso, beneficiándose comercialmente así de un proceso ecosistémico complejo que ocurre justamente aguas arriba del punto de captación. Por tanto, perder la capacidad de almacenamiento y provisión de agua de un ecosistema implica que a partir de ese punto de captación, el flujo de agua posterior será menor. En definitiva, si existe un deterioro ambiental producto de la mala gestión del paisaje que provee de agua, la sanitaria simplemente puede cambiar de sitio, sin hacerse cargo de la pérdida de esa función de provisión de agua. De este grave impacto se libran las empresas en nuestra actual legislación.

De esta forma, la sanitaria ESSAL, empresa encargada de potabilizar el agua en Chiloé, se ha negado o simplemente ha mostrado un nulo interés para aportar en la solución de la escasez de agua a largo plazo sobre la isla4. La solución definitiva es más compleja que comprar camiones aljibes adicionales. La solución definitiva y a largo plazo pasa por conservar los bosques nativos y humedales de turberas, dado su rol para almacenar y posteriormente contribuirnos con el agua de la que subsistimos.

Para superar la crisis hídrica en Chiloé y otros lugares de Chile, hace falta cambiar el paradigma dominante en el manejo de agua, lo que se traduce en cambiar urgentemente el código de aguas. Así, se debiera obligar a los usuarios de los recursos hídricos a coordinarse, junto con realmente asegurar un caudal mínimo para el funcionamiento del ecosistema. Esta visión holística se pierde cuando lo que realmente domina en la realidad es la comercialización de derechos de agua, colocando al ecosistema en una baja o nula prioridad.

Coordinar a aquellos que obtienen agua en un paisaje local permitiría generar un manejo más integrado de los ecosistemas proveedores de agua, asegurando una cantidad y calidad de agua en el largo plazo, manteniendo las funciones ecosistemicas básicas y permitiendo de esta forma, hacer un uso sustentable. En caso contrario, no estaremos más que degradando aquello que los ecosistemas nos proveen de forma gratuita, estaremos realmente obteniendo agua para hoy, pero sed para mañana.

Las praderas degradadas, colocadas en lugares inadecuados (como laderas) y con un uso ganadero intensivo también degradan la capacidad de infiltración de agua (c) Matías Guerrero

Foto de portada (c) Matías Guerrero. En los bosques maduros, la complejidad del suelo, sotobosque y copa de árboles permite almacenar mayor cantidad de agua que ecosistemas más perturbados.

REFERENCIAS.

  1. Frene C, Ojeda G, Santibáñez J, et al. (2014). Agua en Chile. Diagnósticos territoriales y propuestas para enfrentar la crisis hídrica.
  2. Los datos de las precipitaciones fueron obtenidos desde la Dirección General de Aguas (DGA). 2018. link: http://snia.dga.cl/BNAConsultas/reportes
  3. Nahuelhual L, Carmona A, Aguayo M, et al. (2014). Land use change and ecosystem services provision: A case study of recreation and ecotourism opportunities in southern Chile. Landscape Ecology 29: 329–344. 
  4. Mensaje entregado por el gerente de operaciones de ESSAL Región de los Lagos en el cabildo por el agua en Chiloé, abril del 2014, donde asistieron cerca de 200 personas.
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