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En busca de los dinosaurios del fin del mundo

Por Sebastián Rozadilla, Alexis M. Aranciaga-Rolando y Matías J. Motta

Ilustración de portada: El paisaje perdido de Formación Chorrillo; un grupo de Isasicursor deambulando entre las patas de un colosal Nullotitan. A lo lejos, una bandada de Kookne vuela por el cielo. Dibujo por Sebastián Rozadilla.

Siempre que se vuelve a un lugar donde uno trabajó inmerso en la naturaleza, es un reencuentro especial, como si se tratase de un pariente o un gran amigo que vive lejos. Pero volver a un lugar que te pone a prueba de formas tan extremas y que te hace dejarlo todo, tiene un sabor a aventura, a odisea. Estos son los sitios a donde hay que ir para encontrar maravillas que están ocultas desde hace 70 millones de años. Es el caso de las sierras de Formación Chorrillo.

La Formación Chorrillo se extiende por varios kilómetros a lo largo de una serranía al sur de la ciudad de el Calafate. Es en este paisaje rocoso que el equipo de LACEV busca fósiles. Foto: Matías Motta.

Desde nuestro laboratorio (LACEV) en Buenos Aires son tres días de viaje en camioneta por rutas patagónicas para llegar a lo alto de los cerros que rodean el margen sur de El Calafate, en la Provincia de Santa Cruz, Argentina. Estas montañas lindantes con Chile, están formadas entre otras cosas por la Formación Chorrillo. Se trata de un paquete rocoso que tiene unos 70 millones de años de antigüedad, representando la última época en que los dinosaurios y otros animales extintos vagaban por la tierra. Muchos de los dinosaurios más conocidos vivieron en este tiempo: el tremendo Tyrannosaurus, luchando contra un gran Triceratops, o las grandes manadas de dinosaurios pico de pato deambulando junto a poderosos Ankylosaurus… Pero estas faunas son características del hemisferio norte. ¿Qué sucedía acá en el sur?

La verdad es que no sabemos tanto de este sur, que fue sur también a finales del Mesozoico. Patagonia nos ha dado innumerables pistas sobre el mundo de los dinosaurios pero las respuestas a ciertas incógnitas aún se nos escapan. Por eso, cuando encontramos un lugar donde las rocas contienen fósiles de este momento, nos emocionamos y vamos a por ellos.

Para llegar al sitio, las camionetas deben atravesar muchos obstáculos: valles, rocas y los temidos mallines, donde el vehículo puede estancarse fácilmente. Foto: Nicolás Chimento

* * *

El día comienza frío. El primer reto es salir de la bolsa de dormir pues, aunque es verano, las temperaturas llegan a bajo cero. El campamento de montaña se despierta temprano y desayuna bien, porque el día laboral nos espera con mucha caminata y viento. La Formación Chorrillo se expone como una cinta colorada que corre de norte a sur a lo largo de un gran valle de altura. Los restos de dinosaurios aparecen en muchos sitios, algunos en los llanos y quebradas, otros, montaña arriba, por lo que el grupo de 30 personas se divide para abarcar terreno.

De pronto, los ojos ven un destello azulado en la roca roja y uno se quita un guante. La mano que tiembla de frío se aproxima y aferra aquello que no es una simple roca. ¡Ahí está! ¡Un nuevo hallazgo! Como un rastro de migajas de pan dejados por la acción de la lluvia o la nieve, los restos de hueso nos guían cuesta arriba hasta encontrar el lugar de donde proceden. Son los restos in situ de un dinosaurio. Cuidadosamente, con piquetas, puntas, cinceles, cepillos, el sedimento se retira exponiendo el nuevo resto, lo que nos permite entender de qué se trata.

El campamento del LACEV. El más grande que el equipo hizo hasta la fecha. Aquí, sobre las nubes, el equipo se prepara para trabajar todas las mañanas, y relaja y come bien por las noches. Foto: Alexis Sosa.

De esta forma, a lo largo de tres campañas hemos descubierto las criaturas de este lugar. Nadie había trabajado previamente aquí enfocándose en los vertebrados fósiles, por lo que muchas de estas criaturas representan nuevas especies para la ciencia, cada una de las cuales nos permite ver un poco más del mundo donde éstas vivían. Hasta el día de hoy, hemos bautizado dos nuevas especies de dinosaurios, cada una representando uno de los grandes grupos de dinosaurios herbívoros: Saurópodos y Ornitiquios.

Nullotitan glaciaris fue el primer dinosaurio descubierto en el lugar. En los años 80, el geólogo Francisco Nullo exploraba la zona describiendo su geología y divisó las grandes vértebras de la cola de este animal. Más de 30 años después, gracias al asesoramiento de Nullo, los miembros del LACEV pudimos reencontrar este gran dinosaurio. Nullotitan es un saurópodo, es decir, un dinosaurio de cuello largo. ¡Y sí que era grande! Con una longitud estimada de 28 metros, era uno de los mayores dinosaurios de su época. Este tremendo animal pertenecía al grupo denominado Colossosauria, dado su tamaño descomunal. Este grupo se conoce únicamente en el Cretácico Superior de Sudamérica, y estaba constituido por casi una decena de especies. Nullotitan era un titánico animal herbívoro que se alimentaba de las copas de los árboles. ¿Pero quién comía las plantas que crecían entre sus pies?

El Paleontólogo Matías Motta usa una cortadora de roca para extraer los restos de un dinosaurio megaraptórido, uno de los mayores predadores del lugar hace 70 millones de años. Foto: Matías Motta.

Más tarde, luego de redescubrir los restos del Nullotitan, nos disponíamos a volver al campamento, después de una agotadora jornada. Pero un nuevo dinosaurio nos impediría un regreso próximo. Bueno, mejor dicho, una manada de estos. Fue el Técnico Marcelo Isasi, el primero en ver los restos que cubrían la ladera de una montaña. Muchos individuos de diversas edades; adultos, jóvenes y crías estaban acumulados en el sedimento. Este fue el hallazgo del Isasicursor santacrucensis, un animal que pertenecía al gran grupo de los Ornitisquios, dinosaurios herbívoros que alcanzaron diversas formas y tamaños alrededor del mundo. Entre los Ornitisquios, Isasicursor era un ornitópodo, un ágil dinosaurio corredor que se valía de su gran velocidad para escapar de sus predadores. Isasicursor era un animal mediano para su grupo, alcanzando los 5 metros de largo, pero sus crías no eran más grandes que un gato. El hallazgo de este grupo familiar nos permite algo inusual en la paleontología. Conocer la biología de un animal que desapareció hace tanto tiempo. Gracias a Isasicursor, sabemos que estos dinosaurios vivían en grandes manadas y que seguramente confiaban en sus grandes números para protegerse a sí mismos y a sus crías, como lo hacen los antílopes en la sabana africana hoy en día. Más aun, Isasicursor pertenece a un grupo de Ornitópodos muy especial: los Elasmaria. Estos son nuestros ornitópodos, pues sus restos se conocen solo en los continentes gondwánicos (Sudamérica, Antártida, Australia y África), siendo Sudamérica el lugar donde estos muestran su mayor diversidad. Estos animales presentaban rasgos especiales que los diferenciaban de los ornitópodos del hemisferio norte: su cuello era notoriamente largo, su tórax estaba reforzado por placas internas, y sus pies eran esbeltos y fuertes, lo que le permitiría correr especialmente rápido.

Ahora bien, estos mansos ramoneadores no estaban solos en su mundo, y no todo les era color de rosa. En nuestra segunda excursión a las sierras de la Formación Chorrillo, aparecieron los restos de otros dinosaurios. Dinosaurios que le complicaban la vida a Nullotitan e Isasicursor: los temidos Terópodos.

El equipo protege los restos de un dinosaurio de cuello largo con una cubierta de arpillera y yeso, la cual permitirá su extracción y transporte sin lastimarlo. Foto: Alexis Sosa.

Dientes, garras, vertebras… restos humildes pero informativos que nos dan el indicio de los grupos de dinosaurios carnívoros que habitaron el lugar. Quizás uno de los más temibles cazadores, a los que se debieron enfrentan Nullotitan e Isasicursor, fueron los megaraptores. Estos cazadores que habitaban los continentes gondwánicos alcanzaban los 10 metros de largo y tenían enormes y poderosas garras en sus manos con las que derribaban a sus presas. Como si fuese poco con los megaraptores, Isasicursor habría sufrido temibles persecuciones con manadas de unenlágidos, veloces dinosaurios carnívoros (parientes sureños del Velociraptor), cuyos restos de afiladas garras también fueron halladas en el sitio.

Sin embargo, el paisaje representado en Formación Chorrillo no solo estaba habitado por dinosaurios. Pequeños animales pululaban más cerca del suelo. En los cuerpos de agua dulce moraban caracoles, peces y tortugas. Mientras que en el suelo pululaban serpientes y mamíferos.

La cola de un enorme dinosaurio de cuello largo es extraída por el trabajo en conjunto de los miembros del LACEV. Foto: Sebastián Rozadilla.

Mientras que todos esos animales vagaban por la tierra, sobre sus cabezas volaba Kookne yeutensis. Kookne es el nombre del cisne amigo y cabalgadura del héroe Tehuelche, Elal y en su honor nombramos a esta ave mesozoica que está relacionada a los patos. Los restos de este animal son pocos, pero nos cuentan que aves de los grupos actuales ya existían entre los últimos dinosaurios. Kookne tenía el tamaño de un pato mediano, por ejemplo, un pato silbón (Dendrocygna sp). El hallazgo de Kookne en el sur del continente nos permite fortalecer la idea de que las aves modernas habitaron cerca de los polos durante el Mesozoico, mientras que zonas más tropicales estaban dominadas por aves dentadas. Luego de la gran extinción de los dinosaurios incluidas las aves con dientes, las aves modernas conquistaron el mundo y explotaron en diversidad.

El hallazgo de todos estos animales, así como también los restos de polen que se encuentran en los sedimentos carbonosos que rodean los huesos, nos cuenta que la biota del sur del continente presentaba un ensamble típicamente gondwánico. Mundos similares podían encontrarse en Antártida, Australia, África e India.

Con las camionetas cargadas del equipo y los hallazgos, la despedida del lugar siempre es emocionante. Foto: Nicolás Chimento.

* * *

Estamos ahora en nuestra tercera exploración en la montaña. Volvemos al campamento después del primer día de exploración… y ya hay sonrisas en todas las caras. Los miembros del LACEV se van reuniendo en la vuelta y al oír las novedades de cada grupito de exploración, surgen festejos y abrazos. Un nuevo saurópodo, más restos de dinosaurios carnívoros, cáscaras de huevos, nuevos dinosaurios herbívoros… ¡y el viaje recién comienza!

El frío, la lluvia, la nieve, el cansancio, el trabajo pesado, de pronto todo vale la pena. Siempre supimos que lo valía. Mientras uno palea o martillea el cincel, extrae un dinosaurio entre el polvo y la tierra, cada tanto alza la vista y observa: el glaciar Perito Moreno a lo lejos, el Chaltén asomándose entre las montañas, los cóndores planeando sobre nuestras cabezas. Qué lindo que es hacer Paleontología…

Sobre los Autores

Sebastián Rozadilla

Nacido en La Plata, desde pequeño simepre tuvo fascinación por la naturaleza. Comenzó sus estudios en la Universidad Nacional de La Plata y pronto comenzó a trabajar en el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” estudiando dinosaurios hervíboros. Ahora se encuentra realizando su tesis doctoral en evolución de las Aves. Sus mayores intereses son investigar la evolución de los grupos menos estudiados de dinosaurios, así como explorar y viajar por el continente en busca de nuevos restos fósiles. Además disfruta de dibujar estos mundos perdidos y dar a conocer las criaturas extintas a través de sus dibujos.

Alexis M. Aranciaga-Rolando

Mauro Aranciaga Rolando es Biólogo orientado en Paleontología en la Universidad Nacional de La Plata. Actualmente esta haciendo su doctorado en un grupo en particular de dinosaurios carnívoros de Patagonia: Los Megaraptóres. Aún así, su interés va más hallá y también ha realizado investigaciones en anfibios y serpientes fósiles. Su mayor pasión es realizar expediciones a Patagonia para extraer nuevas especies fósiles pero también estar en contacto con la naturaleza, vivir nuevas experiencias y conocer historias. Su meta como científico es desentramar varios aspectos aún desconocidos sobre la vida de los dinosaurios e inspirar nuevas generaciones de científicos a lanzarse a la naturaleza a entender sus misterios.

Matias J. Motta

Matías Motta es Biólogo con orientación en Paleontología y actualmente es becario doctoral CONICET con lugar de trabajo en el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”. Su línea de investigación abarca el estudio de los unenlágidos, dinosaurios carnívoros que vivieron en Sudamérica durante el período Cretácico. Siendo integrante del LACEV, participó de numerosas exploraciones paleontológicas en distintas partes de Argentina y a su vez formó parte del estudio de varias especies nuevas de dinosaurios.

 

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