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Paisajes olfativos del territorio austral

Por Gustavo Concha

Una exploración sensorial a Patagonia Aysén

Aunque extensa es la definición de paisaje, hoy entendemos este concepto por el valor cultural que cada grupo humano le ha otorgado a la relación con su contexto inmediato. De este vínculo al territorio natural se desprende el paisaje sensorial, algo así como desenvolvernos con nuestros sentidos en la naturaleza. Un ejemplo es “Shinrin Yoku” o “Baño de Bosque”, una práctica espiritual japonesa que consiste en pasar tiempo en el bosque con el objetivo de mejorar la salud, el bienestar y la felicidad.

El paisaje sensorial es una experiencia en la que nuestros sentidos perciben dimensiones de manera nueva o cotidiana, auténticas o desafiantes; y aunque el sentido del olfato es el primero que usamos al nacer, quizás ha quedado relegado a segundo plano en nuestras vivencias. Nuestra nariz es increíblemente poderosa, puede distinguir más de 10.000 distintos olores. Esto, porque nuestro olfato evolucionó antes que la mayoría de los otros sentidos, poseyendo un ruta directa a nuestro cerebro.

El paisaje olfativo es un extracto del paisaje sensorial que – al igual que Shinrin Yoku -abarca todas las sensaciones olfativas con el objetivo de reconocer y asimilar fragancias complejas, estímulos que pueden desencadenar respuestas de alerta, agradables o incluso emocionales, al conectar recuerdos con sensaciones pasadas donde los aromas cumplieron un rol protagonista.

Shinrin Yoku o Baño de Bosque, Reserva Nacional Coyhaique. Crédito: Gustavo Concha.

Los olores crean un sentido de lugar y una identidad para sus habitantes, afectando la memoria individual y colectiva.

Paisajes Olfativos en la Zona Austral de Chile

La Patagonia es una de las regiones más diversas respecto al territorio nacional. En ella se encuentran hitos y ecosistemas extremos en una misma latitud y a su vez, se caracteriza por ser un lugar joven en ocupación donde sus habitantes aún se encuentran en una búsqueda de una convivencia y aprendizaje con su medio.

Por su propia diversidad, los paisajes olfativos de Aysén también se revelan como un escenario complejo que posee relación con varios aspectos del territorio. Según Jan & Jacobsen, las personas usan el olfato para registrar su percepción de los lugares en su memoria a largo plazo, el olor crea reacciones y conexiones altamente emotivas con el espacio y lugar. Es por ello que una definición del paisaje olfativo es conocida en inglés como “Smellscapes” o el aroma de los lugares.

De esta forma, podríamos definir ecorregiones por aromas concretos, combinaciones variables de olores que hacen particular a una ubicación. Están, por ejemplo, los fiordos ayseninos y su bosque siempre verde en los que destacan especies arbóreas con notas acuáticas y amaderadas como la tepa o el canelo; o en su contraparte, la Patagonia fronteriza, donde el viento frío neutraliza y transporta la fragancia sutil del neneo y el aroma ovino tan característicos de las pampas ayseninas.

Paisaje natural Lago Atravesado, región de Aysén. Crédito: Gustavo Concha.

La sensibilidad para reconocer el olor de la escarcha o la atmósfera del suelo que se libera después de la lluvia, es reflejo del vínculo sensorial que refuerza el concepto paisaje.

Los aromas y el sentido del lugar

Las experiencias olfativas son un poderoso enlace con las actividades al aire libre, el paisaje olfativo es reflejo de ecosistemas complejos ricos en flora, fauna y elementos abióticos que en conjunto generan una eco fragancia singular.

El sentido de lugar y los aromas que pueden reconocerse se logra a través de prácticas como “smellwalking” o caminata olfativa, un método de registro de datos donde se escoge una ruta específica y se recolectan, interpretan y asocian distintos estímulos usando todos nuestros sentidos relacionados con el olfato. De esta manera, podríamos describir una ruta por un bosque a través de olores y palabras, olores y colores, impresiones agradables, estaciones del año o incluso animales o elementos abióticos.

El uso del olfato en el paisaje natural no debe descartar aromas que provengan de elementos que no sean plantas, las sensaciones sutiles que pueden evocar experiencias en la naturaleza hablan de la riqueza y biodiversidad de estos lugares. La sensibilidad para reconocer el olor de la escarcha o la atmósfera del suelo que se libera después de la lluvia, es reflejo del vínculo sensorial que refuerza el concepto paisaje.

Los olores crear un sentido de lugar y una identidad para sus habitantes, afectando la memoria individual y colectiva. Un ejemplo de lo anterior sería el Paisaje Olfativo del poblado de Caleta Tortel, inmerso en el bosque siempre verde austral con predominancia de cirprés, coigüe y canelo. Caleta Tortel ha conformado un pequeño hito cultural dado sus pasarelas de ciprés de las guaitecas, árbol aromático que emana notas amaderadas, acuáticas con toques dulces y frescos. Aplicar “smellwalking” por sus pasarelas puede abrir sensaciones que nuestro cerebro asociará a emociones y recuerdos en base a nuestro olfato.

Detalle de luz sotobosque (izq.) Pasarela Caleta Tortel, región de Aysén (der.) Créditos: Gustavo Concha.

Aike Botánica

El proyecto Aike Botánica nace como una propuesta para educar en torno a los ecosistemas a través de los aromas. La premisa y sustento de este proyecto es la biodiversidad y riqueza de los paisajes naturales de Patagonia. La colección “Bosque Siempre Verde” abarca una familia de 3 perfumes botánicos que utilizan aceites esenciales locales para definir el bosque.

  1. Árbol: Se destacan especies de árboles nativos que tienen potencial aromático, como el canelo, el ciprés de las Guaitecas, la tepa y otros como el pino o el eucalipto nativo. Si bien estas especies no son endémicas se han adaptado a estas latitudes.
  2. Sotobosque: Los aromas de estos perfumes están orientados a las hierbas que crecen al alero de los árboles, como la milenrama, salvia, hierbabuena y menta entre otras.
  3. Bosque: Entendiéndolo como un todo, integra todas notas aromáticas de las especies de árboles y hierbas que armonizan naturalmente el bosque.

La propuesta establece 3 niveles y va desde lo simple a lo complejo, definiendo de esta forma un aroma aislado y reconocible hacia una mixtura de aromas compuesta por varias notas que se compenetran profundamente. De esta manera, podemos entrenar nuestra nariz (cerebro) para reconocer, identificar y asimilar una fragancia.

Flora en bosque siempre verde: Hoja de Tepa (izq.), Cascada Velo de la Novia (centro), Menta nativa (der.) Créditos: Gustavo Concha.

El olfato como brújula y la Patagonia como norte

Siempre se ha sabido que explorar el bosque, sus colores, aromas y sonidos nos beneficia y regala un momento íntimo con la naturaleza. Asimismo, Baño de Bosque propone igualmente crear un vínculo con la territorio a través de los aromas, experiencia que puede abarcar caminatas olfativas por la costanera de un río – donde afloran notas herbales y verdes – el camino a casa por una alameda frutal o la cima de la montaña que combina el suave aroma del valle glaciar. Las experiencias sensoriales del paisaje olfativo se revelan como una riqueza cultural, un conocimiento y reflejo de la biodiversidad del territorio, cientos de aromas que nuestra nariz (cerebro) lo define como una gran fragancia natural.

Los paisajes olfativos o “smellscapes” como experiencia turística son una herramienta que une el conocimiento de ambientes culturales y naturales, experiencias de vivencias participativas, con una narrativa ecológica y científica, producto de nuevas propuesta de valor hacia nuestro territorio. La preservación de estos lugares pueden empezar ampliando nuestras experiencias sensoriales que le otorgamos a la naturaleza, valorando la riqueza aromática del territorio, iniciativa que genera un enlace emocional a futuros cambios e impactos positivos en la conservación de ambientes naturales intocados como la patagonia aysenina.

Ejercicio Smellwalking: reconocimiento (izq), clasificación (centro), Interpretación (der.). Créditos: Gustavo Concha.

Sobre el Autor

Gustavo Concha (@nothofagust) es Diseñador Industrial del Duoc UC (2013) y Licenciado en Negocios de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo, Buenos Aires (2015). Se ha dedicado a buscar experiencias en torno a materiales nobles, oficios y productos con identidad. Actualmente reside en Coyhaique, donde está enfocado en el paisaje cultural Aysenino, desarrollando proyectos en torno a educación ambiental y cosmovisión andina austral.

Imagen de portada: MiñeMiñe, un berries nativo de Aysén sobre una cama de hojas de lengas en otoño. Crédito: Gustavo Concha.

 

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