El asbesto es un mineral de fibras largas y delgadas, usado extensamente durante los siglos XIX y XX. Sus propiedades parecían ilimitadas: material fuerte, flexible, resistente al fuego y además barato; por lo que se utilizó con frecuencia para la construcción de viviendas sociales (entre muchos otros usos).

No obstante, no todo lo que brilla es oro, y durante el siglo XX comenzaron a documentarse cada vez más casos de enfermedades graves derivadas de la inhalación del asbesto, como la Asbestosis, la Mesotelioma y el cáncer de pulmón. Esto resultó en una sucesión de campañas a nivel mundial para prohibir el asbesto, y en el caso de Chile, la primera de Latinoamérica.

En nuestro país, este esfuerzo fue liderado por el Instituto de Ecología Política, y hoy, a 17 años del “decreto de sustitución del asbesto” conversamos con Bernardo Reyes, ecólogo de la universidad de Toronto y coordinador del IEP al momento de la campaña, para reflexionar acerca de este proceso histórico, de lo que podemos aprender de él y de lo que aún queda por hacer.

Campaña de Greenpeace para la prohibición del asbesto ©Kienyke

¿Cómo te involucraste en la campaña contra el asbesto?

En el año 1997, cómo Instituto de Ecología Política, decidimos comenzar una campaña contra el asbesto, ya que en ese entonces era el material que más se utilizaba para la construcción de viviendas sociales e infraestructura pública, exponiendo a las personas que menos pueden proteger su salud.

Conversamos con el ministro de vivienda, quien en un principio fue bastante resistente a la idea -porque encarecía mucho la vivienda social-, pero finalmente logramos convencerlo de que era posible que Chile entrara al nuevo milenio sin asbesto, y que en tres años podíamos generar el proceso para prohibir este material, al menos en las áreas donde más riesgo había para la salud: la construcción, los frenos y los discos de embrague (y ojalá que también las estufas, los secadores de pelo y la pintura de uñas).

Entonces, el ministro apela al Instituto de la Construcción para que convocaran a una comisión para iniciar las conversaciones. De esta comisión formamos parte nosotros como Instituto de Ecología Política, el Colegio Médico y la industria del asbesto en Chile (Grau, Pizarreño y Uralita). Los sindicatos de la construcción no fueron invitados.

¿Crees que incluir a las grandes empresas del asbesto en el la comisión fue una medida para dificultar la prohibición?

Es que no puedes hacer un diálogo con alguien que crea un problema a la salud pública sin tenerlo en la mesa. Si tú quieres que alguien cambie tienes que convencerlo, si no, no se va a generar el cambio.

De hecho esto ocurrió con la industria Pizarreño, quienes el año 99, antes que saliera el decreto, comenzaron a producir planchas sin asbesto, etiquetadas como tales. Ósea se convencieron, aunque era más una defensa corporativa que preocupación por la salud pública.

¿Y cómo sucedió todo, de la conversación al decreto?

Bueno, hubo muchísimas sesiones en las que se discutía el punto y coma para la prohibición del asbesto, para que apareciera la palabra “sustitución” y no “prohibición”, ya que si se prohibía quería decir que era malo. Finalmente, pese a que la OIT (Organización Internacional del Trabajo) lo prohíbe tajantemente, por los efectos tóxicos que tiene; el decreto ley ordena la “sustitución” del asbesto, porque una “prohibición” efectiva implicaría verse obligado a retirar todo el asbesto.

¿Parece que de todas formas no existe un protocolo para eliminar el asbesto?

Claro, sigue tirado por ahí eliminando partículas al ambiente, y esto pese a que no existe una cantidad saludable de exposición al asbesto. Siempre es dañino. El alveolo pulmonar dañado se endurece para siempre, y deja de generar el intercambio gaseoso que se requiere para la respiración. Luego el cuerpo lo reconoce como un una sustancia extraña, trata de eliminarlo, y como no puede, crea una cicatriz que es la que puede dar origen al cáncer.

30 activistas caracterizados como enfermos desplegaron un banner en el centro de Bogotá para alertar sobre los efectos a la salud del asbesto y pedirle a Eternit que deje de fabricar y comercializar productos contaminantes. ©Greenpeace

¿Cómo había sido posible que hasta entonces no hubiera alguna alerta respecto a la asbestosis?

Los médicos fueron contratados por la Asociación Chilena de Seguridad, que era financiada por las empresas, y ahí todos los datos quedaban escondidos en una caja oscura. Y cuando el estado y sus médicos no investigan y no denuncian ¿cómo quieres que los pacientes se organicen?

El Colegio de Arquitectos tampoco fue proactivo. Dentro de una presentación que yo hice en el colegio de arquitectos, vino un arquitecto a decirme que había trabajado toda la vida con el asbesto y que estaba perfectamente sano. Yo le respondo que son sus trabajadores los que trabajan con el asbesto, y que son ellos quienes se exponen mientras cortan los tubos y las planchas, no él.

Por eso es tan importante comprender la dimensión de lo que significa salud pública, no es la salud de ningún individuo o grupo de individuos, es un bien mayor para la sociedad, y esto es lo que tiene que primar, no el lucro ni los intereses de los privados.

“No aquí ni en ningún lugar” campaña contra el asbesto ©Apheda

¿La parte más difícil de la campaña?

Primero, no lográbamos que los medios de comunicación reflejaran la urgencia de la necesidad. Los medios no eran nuestros aliados porque para ellos “si no hay sangre no hay noticia”. Entonces hasta que logramos identificar el Callejón de las Viudas (las viudas de los trabajadores del asbesto a un costado de la planta Pizarreño) y las personas que se estaban muriendo, no teníamos noticia. Con el Callejón de las Viudas empezó a circular la noticia y se abrió el veto que existía desde el cuarto poder hacia la campaña contra el asbesto.

Primero aparece un reportaje que hizo Universidad Católica, y luego en TVN uno de Informe Especial, que pese a que fue realizado antes, había sido vetado porque Pizarreño y Uralita hacían publicidad en el canal. Primero están las “lucas” y luego la salud pública.

Segundo, cuando ya está casi listo el decreto, el primer ministro de Canadá, Jean Chrétien,  llama por teléfono a Lagos para presionarlo. Chile tenía un tratado de libre comercio con Canadá, y este veía con muy malos ojos que Chile fuera a dejar de comprarle asbesto. En respuesta a esto, como ciudadano chileno-canadiense, logré que me entrevistaran durante 6 horas seguidas en distintas radios, desde la costa atlántica hasta la costa pacífico, en un programa que se llama “Coast to coast” denunciando lo qué estaba pasando.

Además, hablamos con la entonces ministra de salud Michelle Bachelet, presionándola con todos los datos que habíamos recolectado hasta entonces que a esa altura eran considerables.

¿Cuáles son los hitos que subrayas como los que dieron el vuelco, desde estas cajas oscuras (donde todo se esconde en pos del lucro) a lograr el decreto de sustitución?

Identificar el Callejón de las Viudas, porque ahí ya pudimos mostrar evidencia concreta de lo que estaba sucediendo en Chile en la villa Pizareño. Demostrar además que la asbestosis no es solamente una enfermedad ocupacional, sino que se exponen las mujeres y los niños de los trabajadores, y todas las personas que viven en contacto con el material.

Por otro lado, el día que los reportajes lograron salir a la luz. Porque causaron una alarma pública. Ver las imágenes de niños y sus padres muriendo de asbestosis, porque en Chile el material está presente en jardines infantiles, escuelas, etc; mientras que en Europa, cierran durante tres años el famoso edificio de la unión europea, porque eso fue lo que demoraron en limpiarlo de asbesto.

Luego la inmolación de Eduardo Miño, quien en la desesperación de no recibir respuesta, se quema a lo bonzo frente a La Moneda. Él estaba enfermo por culpa del asbesto, le quedaban solo un par de años de vida, y en este acto representa a muchos que están en esta situación y que no reciben respuesta. Y ojo, que él se inmola después que sale el decreto de sustitución, al ver que, pese a que se ha reconocido lo nocivo de esta sustancia, el estado sigue sin responder. El acto de Miño causa shock en la conciencia pública.

Retiro de planchas de asbesto ©ZETA PRO

¿Y respecto a las respuestas del estado después del decreto?

Las respuestas institucionales del ministerio de salud, fueron y han sido extraordinariamente pobres e irresponsables.

No cumplieron tres cosas que eran claves y que sí funcionaron en Estados Unidos y Europa: primero, realizar un catastro (es decir, dónde está el asbesto). Segundo, decidir dónde es más urgente sacarlo, por ejemplo en los lugares donde se desarrollan los niños (jardines infantiles y escuelas públicas) y en los lugares donde se va a recuperar la salud (postas o casas del adulto mayor) para así proyectar un programa escalonado para erradicar el uso del asbesto. Y tercero encapsularlo (allí donde de momento no sea posible sacarlo), es decir pintarlo con algún material súper resistente, para evitar que libere partículas al aire a partir del deterioro cotidiano.

En ese sentido, también sería importante hoy crear conciencia de dónde está el asbesto para no pasarlo a llevar por ignorancia.

¿Y se reconoce el asbesto a simple vista?

No, pero todos los techos acanalados que hay en chile, que sean anteriores al año 2001, son hechos con asbesto.

Tejas de asbesto ©UCA (Unidos Contra el Asbesto)

En Chile hay muchas luchas. Ampliando tu experiencia a otras campañas contingentes ¿Qué recomendaciones puedes dar para la realización de una buena campaña?

Lo primero, es una buena concepción de una campaña. Hay distintos tipos de campaña, unas apelan a las finanzas, otras al mercado, otras a la conciencia pública, etc. En todas se tienen que definir muy bien los objetivos de corto, mediano y largo plazo. El objetivo final es muy importante, pero a la vez es fundamental plantearse objetivos a corto y mediano plazo para ir marcando los hitos de que vas avanzando.

Segundo punto, una buena campaña tiene que tener una base sólida de información y evidencia. Idealmente científica, aunque también cuentan otros saberes, como los de los pueblos originarios.

Tercero, hay que comprender el valor de la acción conjunta y ser capaz de construir alianzas con otras instituciones, ojalá de manera horizontal.

Cuarto, hay que tener los recursos para mantener el personal y sostener una campaña mínimo entre tres a cinco años. Para investigar, para desplazarse a conseguir la evidencia científica, para hacer publicidad, etc. Las campañas no se ganan en meses, se ganan en años. Pequeñas batallas, artículos esporádicos no hacen una campaña exitosa. No tener los recursos humanos y financieros para hacer campaña es una de las razones de porqué en Chile seguimos aceptando ampliamente plaguicidas como el glifosato (que terminan entrando en todos los alimentos y en las napas de agua dulce), la utilización de antibióticos de tercera generación (ósea los que se usan para el ser humano) en salmones, alimentos transgénicos, pintura con plomo en las calles, entre tantos otros.

Un ejemplo de una campaña bien pensada es “Patagonia Sin Represas”, tener a miles de chilenos en las calles de Santiago, defendiendo un lugar que con suerte el 1% de ellos conocía, implicó una creatividad enorme en el trabajo de crear alianzas, generar apoyo y de comunicar. Patagonia Sin Represas logró cambiar el modelo energético chileno, y la forma de hacer campañas ambientales en Chile y Latinoamérica.

Recomendación

Para más información acerca de la campaña contra el asbesto en Chile revisar estos links.

Bernardo Reyes ©MVMT

Foto de portada: Trabajador sosteniendo asbesto entre sus manos