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Expansión urbana: Impactos para un próximo Santuario de la Naturaleza en Quilpué

El reconocido periodista estadounidense Jon Lee Anderson señaló alguna vez que “somos como las moscas encima del río, estamos apenas en la superficie. Hay mucho de nuestro propio mundo que hace falta que volvamos a mirar y físicamente incursionar”.

Y sí. Pasé mi infancia en Quilpué. En ese entonces una pequeña ciudad en la provincia de Marga-Marga, región de Valparaíso. Plena década de los ’90. Muchas cosas han cambiado en esa ciudad. Se ha expandido frenéticamente hacia los costados, como una marea de urbanismo sin control, tomándose los cerros de la Cordillera de la Costa que abrazan por norte y sur esta comuna, y que a su vez albergan una gran diversidad biológica. Otras cosas siguen sin cambiar, como la veloz inundación de su avenida principal en cuanto caen las primeras lluvias y en verano los rayos solares siguen pegando muy fuerte. No por nada se le llama Ciudad del Sol.

Sector Fundo El Rebaño, loma del Quillay, Valencia Norte, por donde pasaría la vía 98. Crédito: ONG Valencia Nativo. 

Quilpué es esa típica ciudad en Chile que tiene un patrimonio natural aledaño que se ha visto reducido progresivamente por construcciones y debilitado por actividades recreativas como el motocross. Dado su cercanía a otras grandes urbes como Viña del Mar y Valparaíso, muchas personas viven allí y trabajan en estas grandes ciudades, caracterizándose los últimos años por desarrollarse como ciudad-dormitorio.

En Quilpué, el “voy al cerro”, no despierta ninguna curiosidad. Es un territorio que se identifica con la ciudad, y el ciudadano se identifica con éste.

Toda esta rápida edificación en sectores que antes eran prístinos ha tenido consecuencias peyorativas sobre el paisaje nativo quilpueíno, que tampoco se ha protegido mediante una figura legal. De los pocos lugares que continúa resistiendo hasta hoy, quedan los cerros del sector norte, colindante con la ribera del estero Quilpué, que nace en la Cordillera de la Costa del sector de Quebrada Escobares y que va serpenteando por las comunas de Villa Alemana y Quilpué, hasta llegar a Viña del Mar. Allí se fusiona con el estero Margarita y nace el estero Marga-Marga que termina desembocando en el Océano Pacífico. Esta ruta hídrica se asocia a una rica biodiversidad que se repite en estos territorios, generándose un corredor biológico: se observan casi las mismas especies en Viña del Mar, Quilpué, Villa Alemana y Limache.

En el área verde norte de Quilpué, la vegetación común es matorral y bosque esclerófilo costero,  donde destacan especies de hoja perenne como peumo (Cryptocarya alba), boldo (Peumus Boldus), quillay (Quillaja saponaria), molle (Schinus latifolius), litre (Lithraea caustica) y belloto del norte (Beilschmiedia miersii). Este último fue declarado Monumento Natural en 1995, encontrándose actualmente en estado de vulnerabilidad, siendo especialmente sensible a la pérdida de hábitat y degradación por acción antrópica.

Gilliesia graminea Lindl., una planta endémica de Chile. Crédito: ONG Paso Hondo Nativo.

El sector “Quebrada Los Bellotos” es una microcuenca que nace en el cerro El Molle (437 msnm), en el sector de Paso Hondo en Quilpué, lo que permite la acumulación de agua que viene del cerro. Allí habitan en su refugio más de 100 individuos de este árbol que puede alcanzar una altura de 25 m. Cohabitan familias de pataguas (Crinodendron patagua) de más de 100 años de edad, además de otras especies en estado vulnerable como la herbácea Gilliesia (Gilliesia graminea Lindl), naranjillo (Citronella mucronata), arrayán macho (Rhaphithamnus spinosus), pitras (Myrceugenia exsucca) y canelos (Drimys Winteri), que en esta región son categorizados como en peligro de extinción. Esta asociación de especies conforma este lugar un bosque hidrófilo, más característico del sur, a diferencia de sus alrededores de bosque esclerófilo propio de la zona.

Desde el año pasado, este núcleo reconocido por su alto valor endémico se convertiría en el epicentro de un próximo Santuario de la Naturaleza. Pero hoy se encuentra en creciente peligro.

La Agrupación Vecinal Paso Hondo Nativo tiene como objetivo la defensa de los cerros del sector de Paso Hondo y de la zona norte de Quilpué. Para Paulina Collao Guzmán, vocera de la agrupación, la importancia en su preservación es crucial, puesto que a nivel regional “la comuna de Quilpué ocupa el tercer lugar en cuanto a mayor superficie de bosque nativo a nivel regional, alcanzando 15 mil hectáreas aproximadamente. En particular, la zona norte de Quilpué, de alrededor de 1.700 hectáreas, fue declarada por el Plan Regulador Metropolitano de Valparaíso el año 2014 como sitio de alto valor para la conservación, debido a su flora y fauna nativa, y también por la existencia de patrimonio arqueológico”.

El nuevo Plan Regulador Comunal levantado por la Municipalidad de Quilpué en junio 2019 tuvo muchas observaciones por parte de las comunidades y de las organizaciones ambientales. En particular a las nuevas vías proyectadas circundantes al estero Quilpué y cercano a la línea de base del Santuario de la Naturaleza. “Es un patrimonio natural que debe ser preservado por todos los componentes ambientales que contiene y además presta servicios ecosistémicos a la ciudad, de regulación del clima, irrigación de aguas, calidad de los suelos, diversidad de fauna nativa. Es una zona valorada por los vecinos de esta comuna, hay una vinculación entre el habitante de Quilpué y estos cerros, en el fondo, forma parte del paisaje de la ciudad, de la identidad del quilpueíno”, señala la vocera.

Y es que no hay ciudadano de Quilpué que no conozca en persona o -al menos- haya oído de los populares “cerros de Quilpué”. Donde en otras ciudades pudiera bordear lo excéntrico ir por unas horas del día al cerro, por la lejanía que conlleva, en ésta ciudad es un escenario cotidiano. El “voy al cerro”, no despierta ninguna curiosidad. Es un territorio que se identifica con la ciudad, y el ciudadano se identifica con éste.

Pozas de Valencia, sector por donde se modificaría el paisaje con la vía 15 Troncal Norte. Crédito: ONG Valencia Nativo.

Desde esas suaves colinas, y sólo cuando el follaje del bosque lo permite, se puede observar en las cimas la expansión de la ciudad: inmensa, atómica, con altos edificios en la periferia que parecen saludar desde el otro lado de esta olla urbana. Abajo, algunas casas rurales se ven muy cerca, así como los sonidos de vehículos haciendo carreras en la Villa Olímpica, que llegan también desde la cara sur de la urbe, atravesando todo el centro de Quilpué.

Emociona esta cercanía, el olor fresco y húmedo del bosque esclerófilo, donde predominan las aromáticas hojas del boldo. Estos cerros tienen huellas para caminar atento a una naturaleza que tiene su propio lenguaje que lo hablan aves como el rayadito, el peuco o el mirlo; uno mismo entra en una sintonía que permite decir en voz alta: buen día/buenas tardes Señor Litre, al pasar al lado de este árbol nativo. Así lo dice la cultura popular, para que no de alergia. Un indiscutible patrimonio natural cercano y necesario para la preservación de estas especies y para estos afortunados ciudadanos.

Esta misma proximidad y su libre tránsito desde distintas zonas de Quilpué, ha generado diversos impactos en este territorio: el deterioro de los suelos y del sotobosque de estos cerros; basurales en el estero y en otros puntos afectando a la flora y fauna que se alimenta en él; contaminación acústica y peligro en los senderos por actividades como el motocross, entre muchas otras amenazas diarias con las que lidia este bosque nativo que apremia proteger.

La municipalidad de Quilpué hace varios años que está tramitando el expediente para proclamar Santuario de la Naturaleza a la zona norte de la ciudad, donde se incluirían la Quebrada de los Bellotos y una parte del sector El Retiro.

Garza chica en Estero Quilpué. Crédito: Colectiva Pajaronas.

Para las organizaciones ambientales este expediente es insuficiente. “Para nosotros como organizaciones ambientales lo relevante es hacer campañas educativas para mostrar el valor de esta zona de Quilpué, para que la misma comunidad se encargue de su protección”, señala Paula. En relación a la posible construcción de los proyectos viales que amenazan actualmente con esta importante área para la conservación de la biodiversidad, en Paso Hondo Nativo aseguran que “estas vías fueron planificadas justamente para permitir el desarrollo urbano, porque Quilpué hace muchos años tiene un grave problema de falta de vías y eso ha traído como consecuencia una gran congestión en sus entradas principales: el troncal sur y el troncal urbano”, afirma la vocera, y concluye que este proyecto vial se presenta como una solución para hacer más eficientes los tiempos de tránsito, pero que al desembocar en el mismo troncal urbano con el límite de Viña del Mar, se formaría el efecto embudo en la intersección de estas vías con el troncal urbano, lo cual que aumentaría finalmente el flujo vehicular en esos puntos.

ONG Valencia Nativo es otra organización que reúne a vecinos de la población Valencia de Quilpué, continua a Paso Hondo. Su punto de acción es el Fundo El Rebaño, un sitio calificado como de alto valor para la conservación y muy importante por ser la “zona de amortiguación” para lo que es el futuro Santuario de la Naturaleza, donde a su núcleo de la Quebrada de Los Bellotos, se puede acceder a no más de 500 m a pie desde Valencia.

“Somos parte importante dentro de lo que es el futuro Santuario de la Naturaleza, el cual también está enmarcado por un paisaje muy hermoso el cual es diseñado por el estero Quilpué, que bordea desde Peñablanca a Viña del Mar. Conforma también el tipo de bosque que estamos trabajando, bosque ribereño y bosque de fondo de quebrada donde predominan peumos, boldos y litres”, explica su presidente, Rodrigo Orellana. Agrega que el lugar “es un sector con alto endemismo, muy importante para evitar la saturación propia de la zona núcleo de la Quebrada de Los Bellotos”.

“Si no tuviéramos este sagrado sector, este futuro santuario, Quilpué sería una mancha de concreto, sin nada que habitar, sin nada que mirar, sin lugares para disfrutar. Por lo tanto, es muy importante que se resguarde este patrimonio, que se atesore, que se cuide y preserve para las futuras generaciones”, explica el representante.

Otro de los puntos verdes que también se verían afectados con las vías son las “Pozas de Valencia”, donde se ubica la “Poza de la Garza”. Son lugares que hasta hoy se mantiene con muy poca contaminación y vulneración antrópica. Allí también podría haber riesgo de que se generen loteos en el sector de amortiguación del próximo santuario.

Misma preocupación hacia la transgresión del bosque esclerófilo costero en el norte de Quilpué tienen en la ONG Pulmón Verde Quilpué. Camila Sazo, geógrafa e integrante de la organización, indica que “especies amenazadas como el belloto del norte, la Gilliesia y el lingue (Persea Lingue) se concentran allí, además de poner en riesgo a fauna como torcaza, cururo, rana grande chilena, culebra de cola larga y coipo. Las infraestructuras viales de transporte lineal contribuyen a la fragmentación de estos hábitats, a la mortalidad de fauna, subdivisión de los ecosistemas, contaminación acústica, contaminación química de los suelos, aumento de islas de calor, degradación del paisaje y perturbación del entorno barrial”.

“Desde el reconocimiento de los efectos causados por el desarrollo de infraestructuras viales como eje de desarrollo urbano, reconocemos la fragmentación de ecosistemas, insularidad de barrios y la contaminación ambiental, por lo que es necesario replantearse las proyecciones de la ciudad y qué ciudad estamos construyendo”, señala Camila, y apunta al “reciclaje” de la ciudad. “Es necesario considerar el ‘reciclaje’ de la ciudad, es decir, recuperar infraestructuras, sanar el tejido social de la comunidad, regular el atochamiento, reducir el estrés ambiental y mejorar la calidad de vida de la comunidad”.

“Si no tuviéramos este sagrado sector, este futuro santuario, Quilpué sería una mancha de concreto, sin nada que habitar, sin nada que mirar, sin lugares para disfrutar.”

Otro sitio de alto valor patrimonial es el “Gonfoterio”, un sitio de importante valor paleontológico ubicado en el sector de Valencia, cerca de la ribera del estero Quilpué. El 2010 se encontró un molar correspondiente a la megafauna de paquidermos prehistóricos familiares de los actuales elefantes, que habitaron el lugar hace aproximadamente 15 mil años atrás. También se encontraron artefactos humanos como flechas.

Las “Piedras Tacita” son otra herencia de Quilpué que se remonta a la época prehispánica que dan cuenta de asentamientos humanos en esta zona. En otro sector, llamado Fundo San Jorge, existe un parque natural privado donde se pueden observar estas piedras, así como también en el sector de Los Pinos en la cara sur de la ciudad, y en otros puntos.

La conservación del medio ambiente en esta ciudad está tomando fuerza a partir de la voluntad de quienes quieren proteger estas escasas áreas verdes en Quilpué. Las ONG’s y organizaciones vecinales de esta zona realizan actividades de manera regular, como campañas informativas, catastros de la flora nativa y jornadas de limpieza. También, en el caso de la ONG Valencia Nativo, evalúan una propuesta para implementar un Parque Natural Valencia Nativo en el sector del Fundo El Rebaño, de manera de proteger el sector ante las amenazas que para este medio ambiente no parecen acabarse.

¿Cuáles serían las posibles soluciones entonces para un desarrollo sostenible en esta ciudad, donde se preservara el patrimonio natural-arqueológico? ¿Cómo se trabaja para la convivencia sustentable entre las partes en una ciudad que crece sin pausa e inorgánicamente?

Ese pareciera ser el verdadero desafío a largo plazo, que ciertamente necesita de todas las miradas para ser enfrentado.

Belloto del Norte (Beilschmiedia miersii), Monumento Natural de Chile desde 1995. Crédito: ONG Paso Hondo Nativo.

Link Mapeo Proyecto Resistencia Nativa: puntos de conflictos socioambientales en la región de Valparaíso: https://maphub.net/ResistenciaNativa/Bosque-Nativo

Imagen de portada: Vista a Quilpué desde sector El Retiro. Acuarela de Petra Harmat.

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