Los acantilados arenosos se alzan sobre el mar, el océano se extiende hacia el horizonte y la estepa arbustiva se mece con la interminable canción del viento.

Allí, en la Patagonia argentina, y en medio de lo que algunos llamarían la nada, vive Beto, quien trabaja de guardafauna en la Peninsula Valdés (provincia de Chubut). En esa soledad inmensa, ha cultivado una relación muy especial con las orcas que cazan en las costas; él toca su armónica, y ellas se acercan a escuchar. Beto conoce a cada una de las integrantes del grupo —por los patrones que marcan sus aletas dorsales—, llama a cada orca por su nombre, y ha llegado a pensar en ellas como su familia. La historia que cuenta El faro de las orcas no es una fantasía inventada, por el contrario, está basada en una historia real.

©El faro de las orcas

La trama comienza cuando Lola, una mujer española, llega con su hijo Tristán a tocar la puerta de Beto. Le cuenta que Tristán tiene autismo, y que han venido desde tan lejos a pedir su ayuda, porque un día le mostró a su hijo un reportaje de Beto nadando con las orcas, y lo vio emocionarse por primera vez. La situación descoloca a Beto en un principio, sin embargo, con el paso de los días, va convirtiendo la misión de enseñarle las orcas a Tristán en algo cada vez más personal. A la vez, tanto madre e hijo comienzan a comprender el encanto de aquél remoto paisaje, uno que a primera vista les había parecido tan hostil, “nunca imaginé que en este lugar perdido en el mundo iba a encontrar la felicidad” se sorprende Lola.

©El faro de las orcas

No obstante, la situación no es simple, Beto ha recibido una prohibición de volver a acercarse a las orcas, y se ve amenazado con perder su puesto y forzado a abandonar aquel lugar y aquellos seres que tanto ama, pues hay quienes dudan de que pueda existir una relación individualizada, de amistad o familiaridad con un animal salvaje, y condenan cualquier tipo de interacción que no sea meramente proteccionista.

©El faro de las orcas

Cine para reflexionar

Esta película es una producción hispano-argentina, protagonizada por Joaquín Furriel, Maribel Verdú y Joaquín Rapalini Olivella. Fue filmada el 2016 y lanzada en diciembre de ese mismo año. Es la tercera obra de la trilogía concebida por el director español Gerardo Olivares, cuyo hilo conductor es la relación entre humanos y otros animales.

El primero de estos largometrajes es Entrelobos del 2010, que cuenta otra historia basada en hechos reales: la historia de Marcos Rodríguez Pantoja, un niño quien, durante la postguerra civil española, y debido a abusos recurrentes dentro de su familia, acaba viviendo en los bosques de Sierra Morena como uno más entre los lobos. El segundo filme, estrenado el 2015, es Hermanos del viento, película de producción hispano-austriaca ambientada en medio de los Alpes, que retrata la historia de Lukas, un niño quien cría un polluelo de águila real que ha caído del nido.

©Hermanos del viento

Olivares logra producir una obra que resulta visual y temáticamente envolvente, con el foco puesto en la naturaleza, y en cómo es posible capturar en una cámara su belleza tan particular: salvaje, indómita y sin embargo empática y cercana —tanto de los entornos, como de los animales que protagonizan las cintas—.

A la vez, Olivares cuestiona los paradigmas existentes en torno a la relación humano-animal: nos lleva a preguntarnos cómo influyen nuestras expectativas en lo que acabamos vivenciando cuando nos enfrentamos a otro animal, mostrándonos que lo que creemos —lo que “sabemos”— es lo que finalmente limita o enriquece el vínculo que podamos llegar a tener con ellos, y determina hasta que punto podemos llegar a sentirlos cercanos.

Para conocer algo más sobre la historia de Roberto Bubas (el Beto real) recomendamos este reportaje realizado por Telenoche.

Además, pincha aquí para ver la sinopsis del Faro de las orcas.